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Estos son los rostros detrás de la mercatón campesina
Rostros campesinos

En Bogotá, 18.000 personas compraron las canastas de la Mercatón.

Foto:

Archivo particular.

Estos son los rostros detrás de la mercatón campesina

Más de 1.500 familias del campo de la región central se beneficiaron con la iniciativa. 

Con camiones, tractomulas; en cajas, bultos y canastos llegaron los productos desde Boyacá, Tolima, Meta, Bogotá rural y Cundinamarca al centro de acopio que dispuso la Secretaría de Desarrollo Económico para armar las canastas de la Mercatón.

Las ventas fueron masivas. En total, 18.000 familias bogotanas recibieron mercados que compraron con un 10 % menos de lo que les costaría en supermercados o en otras plataformas, y los campesinos obtuvieron entre tres y cuatro veces más en el porcentaje de sus ganancias por cada producto.

Bogotá

Fanny Tequia Carrasco, productora de hortalizas y frutales

En el kilómetro once de la vía al corregimiento San Juan de Sumapaz se encuentra la finca de Fanny Tequia. Ella es una campesina bogotana que cultiva hortalizas y frutales.

“Tengo 37 de años y toda mi vida la he pasado entre las matas y la tierra, amo lo que hago”, cuenta entre risas.

Fanny creció viendo a su mamá sembrar y trabajar la tierra. Y desde hace más de quince años se dedica a cultivar productos limpios de pesticidas y químicos.
Esos mismos productos fueron los que los compradores de la Mercatón Campesina recibieron en sus canastas. Lechugas, espinaca, cebolla, apio, perejil, uchuvas, lulo, tomate de árbol, entre otros, son cultivados y producidos cuidadosamente para que los bogotanos los consuman.

Les quisiera poder dar las gracias a cada uno de los que apoyó la iniciativa; gracias por aportarle al campo y al campesino, quiero que sepan que todo lo que sembramos lo producimos con amor, pensando en que quien lo consuma reciba un beneficio de esos alimentos”, resalta.

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Hace más de 10 años, Fanny Tequia decidió dejar a un lado los químicos y los pesticidas para sus cultivos. Ahora produce frutales y hortalizas orgánicos.

Foto:

Cortesía Secretaría de Desarrollo Económico.

(Además: ‘La pandemia nos obligó a revivir la economía campesina’).

Boyacá

Omar Neiza, cacaotero

En los años 90, el occidente de Boyacá vivió su peor tragedia. La ‘guerra verde’ dejó miles de muertos en medio de una disputa por la esmeraldas y el narcotráfico.

Hoy, 30 años después, esa misma tierra se convirtió en una zona de esperanza en la que más de 1.000 familias campesinas decidieron, voluntariamente, erradicar 10.000 hectáreas de coca y convertirlas en plantaciones de cacao.

Omar es quien lidera este proyecto y fue el encargado de que las canastas de Boyacá en la Mercatón tuvieran “sabor a cacao, esperanza y amor campesino”, dice.

Neiza es una de las personas al frente de Funredagro, la red de asociaciones campesinas detrás de la iniciativa de reemplazar coca por cacao.

Para él lo más importante fue la oportunidad de eliminar a los intermediarios, “para la economía del campo es un apoyo muy importante que nos compren directamente”, puntualiza, y resalta que “es importante que sepan que con su compra también le están apostando a la paz”.

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Omar Neiza produce cacao en el occidente de Boyacá. Representa a Funredagro, una asociación que busca erradicar el cultivo de coca por cacao.

Foto:

Cortesía Gobernación de Boyacá.

(Lea también: Rubén Orobajo, el mayor muisca que vive de su huerta).

Cundinamarca 

Fabián Leonardo Gómez, productor de papa criolla

“En la ciudad tienen que entender la importancia de darle una mano al campo; de aquí es de donde salen todos los alimentos”. Esta es la reflexión de Fabián, un papicultor de Zipaquirá que madruga todos los días a trabajar en sus cultivos de papa criolla y papa pastusa.

Con él trabajan 40 campesinos más: unos se encargan de fumigar; otros, de cosechar y de sembrar, y unos más preparan la tierra con tractor y azadón.

Fabián empezó a sembrar papa hace más de quince años; desde entonces, además de producirla, se encarga de transportarla a Bogotá y venderla. Diariamente trae 12.000 kilos del tubérculo a Corabastos.

“La Mercatón estuvo muy buena, pero no debería ser una cosa de un día o de una sola vez al mes, sino algo que se vuelva diario, que en Bogotá sepan que le estamos metiendo el hombro y que nos apoyen”, resalta Fabián.

Asegura que llegó el momento de voltear a mirar al campesinado y de crear estrategias que garanticen que puedan seguir cultivando los alimentos.

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En el cultivo de papa criolla de Fabián trabajan 40 campesinos.

Foto:

Cortesía Gobernación de Cundinamarca

(Le puede interesar: Las Bien Tesas, el emprendimiento bogotano para inspirar a las mujeres).

Meta

Rolando Alexis Aguilar, productor de frutas

“Les quisiera agradecer a todos los que compraron y decirles que si les gustó, por favor, nos apoyen con más mercatones”, este es el mensaje que Rolando les quiere dejar a los 18.000 bogotanos que adquirieron canastas.

Él y su esposa, Érika Viviana Castañeda, dedican sus días a cuidar los cultivos de guayaba, naranja Valencia, plátano, banano, aguacate y cacao, luego recolectan la cosecha, la empacan y salen a vender en Villavicencio.

Su finca está ubicada en el municipio de Lejanías, en la vereda La Cristalina. Allí, desde que era pequeño, Rolando ha estado trabajando en el mundo de la agricultura, siguiendo los consejos de su padre.

Dice, como otros, que “ojalá no se quede en algo de un solo día; ustedes no saben lo que significa que nos compren sin intermediarios: es valorar todo el esfuerzo que hacemos los campesinos”.

Durante la pandemia, él vende sus productos a domicilio en Villavicencio, pero cuenta que sería un orgullo poder seguirlos trayendo a Bogotá.

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Desde un municipio a 458 kilómetros de Bogotá, Rolando empacó sus frutas para las canastas de la Mercatón.

Foto:

Cortesía Gobernación del Meta.

(Para seguir leyendo: El negocio bogotano que le da la vuelta a la ropa de segunda).

Tolima

Élver Guzmán López, productor de panela

Desde que era un niño, Élver ha estado entre trapiches y cañaduzales. Lo que sabe de la producción de panela lo aprendió de su papá, quien le heredó una finca en Alvarado,Tolima, un municipio de clima cálido devoto de la Virgen del Rosario.
Su rutina diaria es producir dulces bloques de panela y su vida se cuenta cada 18 meses, el tiempo que se demora la cosecha de la caña.

Él es el representante legal de Aproalvarado, una asociación de paneleros del municipio que se organizaron para tener mejor producción y mejores ingresos. Y fue precisamente con esta asociación que lograrón participar en la Mercatón Campesina.
Para este panelero, todos deberían apoyar que estas iniciativas se realizaran todos los meses. “Si quitamos los intermediarios, ganamos todos”, afirma.

Por último, resalta: “El mensaje que les quiero dejar a los que compraron es que nos sigan apoyando directamente; darle una mano al campesino es apoyar a quien trabaja y labra la tierra con amor”.

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En Alvarado, un municipio a 20 minutos de Ibagué, Élver aprendió de la mano de su padre cómo producir panela.

Foto:

Archivo particular.

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