El viacrucis que se vive en la ciclovía de la 7.ª de Bogotá

El viacrucis que se vive en la ciclovía de la 7.ª de Bogotá

Su revitalización está empañada por invasión del espacio público, delincuencia y obras sin terminar.

Ciclovía carrera séptima
Foto:

César Melgarejo

22 de septiembre 2018 , 10:15 p.m.

Los domingos, cuando Clara Silva, de 79 años, sale a dar su paseo matutino por la carrera 7.ª rumbo a la iglesia de Las Nieves, ubicada sobre la calle 20, en el centro, se las tiene que ver con una barrera de males acumulados a lo largo y ancho de la vía, sin que se vea una solución al menos a corto plazo.

A los líos que tiene la construcción de la fase II de la peatonalización –de la avenida Jiménez a la calle 26–, prácticamente paralizada con solo dos cuadrillas trabajando, retrasos superiores al 27 por ciento y un avance que no llega al 40 por ciento, se suman la invasión del espacio público, el expendio de drogas al menudeo, el consumo de licor, las bandas de atracadores y ‘cosquilleros’ que se pelean los territorios a puñal, la falta de iluminación, la indisciplina con las basuras y una sensación de que hace tiempo el sector está en el abandono.

El calvario de Clara y su queja son los mismos de más de 100.000 almas que en un fin de semana pasan por allí. El día de ciclovía transitan 60.000 más en bicicleta, trotando o caminando con sus mascotas.

Para comenzar, la firma responsable, el consorcio Peatones Go, se hundió en problemas financieros, incumplió el contrato y no pudo seguir adelante. Las consecuencias saltan a la vista.

La directora del Instituto de Desarrollo Urbano (IDU), Yaneth Mantilla, informó que se adelantan dos procesos sancionatorios y se analizan las ofertas de tres empresas interesadas en recibir la cesión de ese contrato.

Clara sigue su recorrido religiosamente, y mientras avanza comienza a recordar que antes la 7.ª era la Calle Real, por donde entraba y salía la crema y nata de la sociedad, en medio de edificaciones patrimoniales, muchas de las cuales aún se esconden tras la intermitente polisombra que se utiliza para señalizar la peatonalización.

La serie de problemas también afecta a comerciantes, residentes, estudiantes y transeúntes, y hasta a los vendedores informales, que ya protestan por la llegada de cachivacheros, que ahora les cobran entre 15.000 y 20.000 pesos por puesto. Y si no pagan, amenazan, advierten.

El edil de la localidad de Santa Fe Orlando Hernández conoce la 7.ª como la palma de su mano. Es uno de sus defensores, pero también uno de los mayores críticos: “Esto es un despelote. El peligro es inminente entre la 24 y la Jiménez. La ciclovía (domingo) y la ciclorruta (entre semana) no se respetan, los cachivacheros y las ventas informales se apoderaron del espacio público, hay quejas todos los días y, como si fuera poco, hay robo de bicicletas”, señala el político local.

Cifras oficiales indican que en un fin de semana, desde la plaza de Bolívar hasta la calle 26, hay en promedio 30 policías encargados del espacio público que tratan de contener la invasión y persuadir a los delincuentes. No dan abasto.

Ciclovía carrera séptima

Vista de la 7.ª hacia el norte sobre la calle 24. Hay tramos que parecen abandonados a su suerte.

Foto:

César Melgarejo

Ciclovía carrera séptima

Vista de la 7.ª hacia el norte sobre la calle 24. Hay tramos que parecen abandonados a su suerte.

Foto:

César Melgarejo

A las 10:33 de la mañana del domingo pasado, un patrullero identificado con la chaqueta 17908 les solicitó a varios vendedores ambulantes que retiraran sus carretas de la vía porque estaban obstruyendo el paso. Más adelante, otro uniformado, el 213323, hacía lo mismo. Y sobre la calle 22 con carrera 7.ª, el camión de la Policía con placas OBE 670 esperaba estratégicamente en ese punto. Al cabo de tres horas, no estaba ni el camión ni había autoridades. Todo estaba invadido.

Juan Esteban Orrego, director ejecutivo de Fenalco Bogotá-Cundinamarca, advierte que hay una inmensa preocupación y que las ventas en estos puntos se han desplomado en un 45 por ciento, “fruto no solo de la obra, sino de la presencia de habitantes de calle, la sensación de inseguridad; y mientras no se termine la peatonalización, los males van a continuar. El 88 por ciento de los comerciantes están preocupados”, advierte el líder gremial.

Cerca de la emblemática Empresa de Telecomunicaciones (ETB) hay un contenedor gigante del campamento de los trabajadores, una minirretroexcavadora, piedra para piso acumulada por montones, adoquín, señales de tránsito, la caseta de un vigilante que hace todos los esfuerzos para que no se roben los materiales, dos baños portátiles, una bicicleta amarrada con una supercadena (en la que se moviliza el guarda), mallas y mallas de alambre y, al lado, vendedores informales.

A la 1 de la tarde, frente a Terraza Pasteur, una mujer amenaza con lanzarle una sopa caliente en la cara al administrador de un restaurante. Se forma la trifulca. Un ciudadano que reconoce al equipo de EL TIEMPO se acerca y dice: “Vivo a la vuelta y aquí lo que hay es un gran expendio de drogas”.

Es un gigantesco mercado persa, se está perdiendo el sentido de revitalizarla, y la parte que está en construcción va muy lenta, se ha convertido en un auténtico calvario para los que la caminamos

La concejala del partido liberal María Victoria Vargas expresa que además de la falta de autoridad, a ella le parece que está quedando fea. “No me gusta, no es estética”. Y su colega, el independiente Juan Carlos Flórez, añade que la parte que fue reconstruida en la anterior administración –de la calle 10.ª a la Jiménez– “es un gigantesco mercado persa, se está perdiendo el sentido de revitalizarla, y la parte que está en construcción va muy lenta, se ha convertido en un auténtico calvario para los que la caminamos y para el comercio”.

En un reporte solicitado por EL TIEMPO, el alcalde local, Gustavo Niño Furnieles, informó que cada semana se realiza al menos un operativo de recuperación de espacio público y control de establecimientos con el apoyo de la Policía, de las autoridades distritales y la Personería Distrital.

Entre el 1.° de enero y el 20 de septiembre, se han impuesto 7.000 comparendos y realizado 712 aprehensiones de mercancía “por ocupación de espacio público, consumo, porte de armas blancas, invasión de ciclorruta de la carrera 7.ª, entre otras”.
La labor para retomar y mantener el control es una tarea titánica, pero “se requiere de esfuerzos interinstitucionales y constancia para seguir haciendo controles efectivos que contribuyan con el mejor uso del espacio público”, señala la comunicación oficial.

En otras palabras, se requiere el esfuerzo tanto del Distrito como del Gobierno Nacional para recuperar la Calle Real.

HUGO PARRA 
Redacción BOGOTÁ

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