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Los libros que han guardado a los muertos de Bogotá
Cementerio británico

El Cementerio británico está anexo al Cementerio Central de Bogotá.

Foto:

Rafael Espinosa. EL TIEMPO

Los libros que han guardado a los muertos de Bogotá

El Archivo de Bogotá conserva documentos de las inhumaciones en tres cementerios de la ciudad.

Ángela, una mujer de 58 años, llevaba desde octubre del año pasado buscando el acta de defunción de su abuelo, Nicolás González, fallecido en Bogotá en 1974. Necesitaba probar que su tía de 80 años, hija del difunto, es heredera, por lo que se puso en la tarea de consultar en la Registraduría porque consideraba que allí le darían algún dato del fallecimiento de su abuelo. Tras una serie de procesos engorrosos, a Ángela le dijeron que la Registraduría no manejaba esos datos, pero al saber que a Nicolás lo habían enterrado en el cementerio de Chapinero, en el norte de la ciudad, le dieron una alternativa que podía solucionar el inconveniente: visitar el Archivo de Bogotá.

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Ya en febrero del presente año, y con la información precisa de defunción y lugar de entierro de su familiar, Ángela hizo esta consulta en el Archivo. Allí encontró lo que buscaba, gracias a que la entidad colecciona unos libros de registros manuscritos que guardan datos de las inhumaciones de los enterrados entre 1890 y el 2000 en los tres cementerios públicos de la capital: el del Sur, el de Chapinero y el más emblemático de la capital, el Central.

Aunque parezca curioso que estas consultas se hagan en el Archivo de Bogotá, es la razón más común por la cual visitan las instalaciones del imponente edificio ubicado en la carrera 6.ª con calle 6B, en el centro histórico de la capital.

Alrededor de cinco usuarios diarios, en promedio, en su mayoría adultos mayores, consultan estos libros para buscar el registro de algún ser querido que fue enterrado en estos camposantos y que, por alguna razón, necesitan la información.

Los motivos varían: adelantar un juicio de sucesión, identificar el número de la notaría donde se registró, certificar parentesco con el difunto, hacer una exhumación del cuerpo para enterrar a un fallecido más reciente, entre otros. Cada consulta significa una historia que condujo a la persona al Archivo de Bogotá.

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Cerca de 5 personas al día, en su mayoría adultos mayores, van al Archivo de Bogotá (foto) a consultar estos registros.

Foto:

Santiago Buenaventura / EL TIEMPO

Sandra Santamaría fue a consultar al acervo documental los datos de defunción de sus abuelos, Heraquio Hernández, quien fue inhumado en el cementerio del Sur a los 62 años, y su esposa, Oliveira Castro, enterrada en el cementerio Central, a los 67 años. El motivo de su consulta fue la necesidad de hacer un juicio de sucesión de un terreno que está a nombre de sus abuelos, asunto que le ha dado dolores de cabeza a su familia por trámites legales.

“Necesitamos hacer la venta de una finca que era propiedad de mis abuelos. Entonces, los familiares de ellos están peleando porque, como no hay nadie en el lugar, quieren venderlo y quedarse con las ganancias”, contó la mujer el día que consultó la información.

Gracias a que tenía la fecha exacta del deceso de su abuela, el 19 de diciembre de 1991, Sandra encontró fácil el registro. Sin embargo, no corrió la misma suerte con la consulta de su abuelo. No sabía en qué año había fallecido, si en 1987 o 1988. Aunque no tenía con exactitud la fecha de inhumación de su familiar, la mujer sí estaba segura de que lo habían enterrado en el cementerio del Sur, ya que allí reposaban los cuerpos de los trabajadores fallecidos de la extinta Empresa Distrital de Servicios Públicos (Edis), donde trabajó por varios años don Heraquio. Eso facilitó la búsqueda.

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Carmen Alicia Florián, encargada de estos libros en el Archivo de Bogotá, contó que mientras menos precisos sean los datos de alguna inhumación, más larga será la búsqueda. Agrega que los funcionarios en el acervo documental pueden ayudar a los usuarios a encontrar a su familiar si tienen los datos puntuales. Pero de no ser así, son los mismos visitantes quienes deben buscar los datos en los registros del Archivo que están digitalizados en los computadores de las instalaciones.

Las imprecisiones en los años, como le pasó a Sandra, o no saber con exactitud en cuál de los tres cementerios públicos de Bogotá fue enterrada la persona por consultar hacen más engorrosa la búsqueda, explicó Florián. Ante esto, lo sugerido por el Archivo es tener un rango de años tentativo de la fecha de inhumación y consultar en dicho periodo de tiempo las personas registradas en los cementerios según la inicial del apellido del difunto cuyos datos se van a averiguar.

En la entidad aseguran que esto le suele suceder al grupo poblacional que más hace este tipo de consultas.

Muchas veces, a los adultos mayores se les olvidan esos datos porque tienen algunas condiciones de discapacidad debido a su edad. Pero con esfuerzo, y a pesar de las limitaciones, hacen lo posible por consultar el dato, aunque los resultados de esa consulta pueden ser desalentadores. Además, hay casos en los que los adultos mayores no tienen formación académica (no saben leer o escribir), según cuentan en el Archivo, pues en estos cementerios están enterradas personas de escasos recursos al ser más asequibles en costos para sus familias.

Sin embargo, una de las búsquedas que resultan ser de las más infructuosas es consultar el dato de un familiar del que ni siquiera se sabe si murió, pues un día desapareció sin dejar rastro. En este caso parten desde el año de la desaparición, lo cual mucho más amplia la búsqueda en los registros de los tres cementerios, y no se obtiene información porque, posiblemente, la persona no murió en Bogotá, o ni siquiera ha muerto.

Así fue el caso de la propia Ángela, quien volvió al Archivo de Bogotá, a petición de su madre, para consultar algún dato de su prima Nelly Clavijo, desaparecida hace más de 30 años. Ángela cuando su prima tenía un poco más de 20 años, quien trabajaba limpiando casas. Un día, Nelly Salió a trabajar y nunca volvieron a saber de ella.

No tenía mucho optimismo en encontrar algún rastro, era como buscar una aguja en un pajar, pero aun así, Ángela hizo la consulta para hacerle el favor a su madre. Desafortunadamente no encontró nada, como sucede en la mayoría de este tipo de consultas, aunque la encargada de estos documentos asegura que, en contadas ocasiones, algunos usuarios han encontrado el registro de su familiar en algún cementerio, con búsquedas que pueden durar meses.

A pesar de todo esto, ¿cómo fue que estos libros terminaron en poder del Archivo de Bogotá?

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Estos documentos que registran las inhumaciones tienen su origen en la Edis (actual Uaesp), que administraba en el siglo pasado los tres cementerios públicos de Bogotá y, por supuesto, archivaba los datos de los enterrados allí. Con la liquidación de la empresa, los libros pasaron a manos de la Secretaría de Hacienda, que los tuvo hasta 2003 con la fundación del Archivo de Bogotá. Allí se guardaron no solo los registros de las inhumaciones, sino documentos de todo tipo para contribuir a la misión de ser el acervo cuya misión es “reconstruir la historia y memoria de Bogotá a partir de su colección de documentos”.

En la Edis solo tenían registro hasta el 1995, pero tras unas negociaciones entre el Archivo y la Secretaría de Salud de la administración pasada, el acervo consiguió una serie de libros necrológicos, que complementaron y ampliaron los registros de inhumaciones hasta el 2000.

“Esto facilita la tarea de los usuarios porque, por una parte, tenemos los libros de inhumaciones de los cementerios y, por otro lado, tenemos la información de la Secretaría de Salud. Son series diferentes, pero que se complementan”, explicó Carmen Alicia Florián sobre la importancia de este logro.

Florián resalta que poseer más documentos ayuda a que la ciudadanía tenga más posibilidades de encontrar datos de sus allegados fallecidos por el aumento de los libros, y motiva a que consulten las series de inhumaciones que hacen parte de la historia fúnebre de la capital.

SANTIAGO BUENAVENTURA SALAZAR
ESPECIAL PARA EL TIEMPO
Twitter: @santiagobuena98
REDACCIÓN BOGOTÁ

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