¡Llegaron las canecas al barrio! / Voy y Vuelvo

¡Llegaron las canecas al barrio! / Voy y Vuelvo

A quienes critican, pues que critiquen. Yo al menos veo algo de mis impuestos ahí.

Basuras

Así lucen las nuevas canecas que se están instalando en Bogotá.

Foto:

Óscar Murillo Mojica

Por: Ernesto Cortés Fierro / Editor jefe EL TIEMPO 
07 de septiembre 2019 , 10:09 p.m.

Hace pocos días salí con la mascota a un parque cerca de la casa. De pronto empecé a ver que las viejas canecas oxidadas habían sido reemplazadas por las modernas de aluminio inoxidable y con dos cubos para separar el material reciclado del ordinario. El parque lucía distinto, sin duda, y el barrio también.

Por supuesto, la primera pregunta que me hice fue si en las calles aledañas a mi casa íbamos a contar con la misma suerte, pues allí eran más que necesarias. Sobre todo por ciertos vecinos o vecinas que decidieron coger el andén de tiradero de bolsas con los excrementos de sus perros. Les cuesta trabajo caminar un par de cuadras para arrojar los desperdicios.

Pereza, meimportaunculismo, cinismo, malos ciudadanos. De eso, imagino, están plagados muchos de nuestros barrios: de indolentes que después se quejan por todo.

Tres días después, por fortuna, vi a un operario de la empresa de aseo marcando las ‘x’ en el lugar donde horas más tarde empezaron a colocar las nuevas canecas. Confieso que alcancé a emocionarme. Por fin sentía que algo de los impuestos se nos devolvía a los ciudadanos, así fuera a través de una caneca de basura. Allí están, relucientes, recién pegadas al piso, esperando a que todos les demos buen uso.

Por estos días volví al parque. Un hombre, y presumo que su señora madre, caminaban por el lugar y, por supuesto, también repararon en las canecas nuevas. “Mira, están nuevas... muy bueno”, dijo la señora. “Quién sabe cuánto habrá costado el negocito”, agregó él en tono casi de indignación. La ciudad reflejada en un corto diálogo: los que quieren ver el vaso medio lleno y los que prefieren verlo medio vacío.

A la fecha se han instalado alrededor de 10.000 de estos mobiliarios de un total de 80.000 que se espera colocar en todas las localidades, y 10.746 contenedores. He leído en redes a muchos que se quejan porque en algunas zonas hay canecas en cada esquina. Los mismos que seguramente ya se habían quejado porque la ciudad estaba sucia. Quién los entiende. Yo prefiero canecas en cada calle y contenedores en cada esquina, y barrenderos en cada cuadra si esa es la única forma de tener la ciudad limpia. Cada estructura de estas cuesta 1’800.000 pesos. No sé si eso es mucho o poco, lo cierto es que una de las cosas que hacen a cualquier ciudad más atractiva y segura es su limpieza. Estas canecas son estéticas, modernas y al menos invitan a tener conciencia ambiental.

Hoy le han dado una nueva cara al barrio. O al menos eso quiero creer. Solo espero que los fulanos y fulanas que solían dejar las cagadas de sus perros al aire o en bolsitas tiradas por ahí tengan en cuenta que la ciudad ya hizo su parte, ahora nos corresponde a los ciudadanos saber si nuestro nivel cultural da para lo mismo.

Ya hay señales de que será un proceso difícil. Las imágenes de hampones robándose estas estructuras o los que queman los contenedores o se roban las tapas de los mismos, son los que no nos permiten ser optimistas. Porque nada gusta, nada se apoya, nada se respeta, nada se valora. Como si el sentimiento de apreciar las cosas buenas que le pasan a nuestra ciudad estuviera negado para los bogotanos; como si tuviéramos que quedar condenados a ser una sociedad de amargados y pesimistas que solo tienen palabras amables para decir “es que Medellín es mejor”, “es que Cartagena es divina”, “es que en Barranquilla sí se pudo”. Por estos días me visitó una joven del TEC de Monterrey –una de las mejores universidades de ese país–. Venía de pasar unos días en Medellín. Cuando le pregunté si le había gustado la capital antioqueña me respondió: “A mí me encanta Bogotá”. Respiré.

Yo estoy feliz con las canecas que llegaron a mi barrio. Y con las que se instalan por toda la ciudad. A quienes critican, pues que critiquen. Yo al menos veo algo de mis impuestos ahí, los demás siguen viendo problemas.

¿Es mi impresión o... las autoridades del aeropuerto El Dorado van a tener que hacer algo para combatir la terrible contaminación de buses y vans que llegan al terminal aéreo?

ERNESTO CORTÉS FIERRO
EDITOR JEFE DE EL TIEMPO

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