Las lecciones que deja la semana de protestas violentas en Bogotá

Las lecciones que deja la semana de protestas violentas en Bogotá

271 buses vandalizados y seis heridos con explosivos, los efectos de desmanes en manifestaciones.

Protestas estudiantiles

Escenas del ataque de encapuchados contra el mobiliario urbano al final de las protestas estudiantiles del viernes.

Foto:

César Melgarejo / EL TIEMPO

Por: Bogotá
29 de septiembre 2019 , 02:52 a.m.

La protesta social es un derecho que el Estado en todo su conjunto está obligado a garantizar, pero entraña deberes para quienes la ejercen: no afectar el interés de las mayorías y manifestarse sin violencia.

Así resume Hugo Acero, experto en seguridad y convivencia, el principal límite que tiene la protesta social, tras una semana violenta en Bogotá a causa de un paro de conductores infractores y de las batallas campales que protagonizaron durante cuatro días estudiantes de las universidades Distrital, Javeriana, Pedagógica y Nacional con el Escuadrón Móvil Antidisturbios de la Policía (Esmad).

EL TIEMPO analizó con expertos las lecciones que dejan las protestas violentas y las acciones que deben emprender los protagonistas para no seguir repitiendo el discurso de que los desmanes provienen de unos pocos, pero no se hace nada para identificarlos, expulsarlos de las marchas y castigarlos por los delitos que cometen.

Las principales lecciones provienen de las protestas universitarias, que comenzaron el martes cuando estudiantes de la Distrital se manifestaron contra la corrupción en esa institución, pero terminaron en enfrentamiento con el Esmad cuando bloquearon la carrera 7.ª.

Como respaldo al movimiento de la Distrital y rechazo a la fuerza de la Policía, el miércoles, estudiantes de la Pedagógica bloquearon la calle 72 y la carrera 11, usaron papas explosivas, que dejaron una mujer de 49 años herida, vandalizaron buses del transporte público y atacaron con explosivos y piedra a la Fuerza Pública, que respondió con gases lacrimógenos.

Un enfrentamiento similar se presentó en la Nacional el jueves. Ese día en la Distrital se repitieron las protestas a las que se sumaron estudiantes del colegio Mayor de Cundinamarca y 10 estudiantes de otro colegio resultaron afectados por los gases del Esmad. El viernes, la semana violenta terminó con una marcha en la que se unieron todos los estudiantes y terminó en desmanes y vandalismo.

Los encapuchados fueron los protagonistas, y el balance dejó 271 buses del transporte público vandalizados y negocios y mobiliario urbano dañados.
“Hay que enfatizar que los tropeles no representan a la comunidad estudiantil, son un grupo de encapuchados que decidieron salir a protestar”, advirtió un alumno que decidió permanecer en el anonimato.

El problema de fondo

Una primera lección es para la Alcaldía. “El Distrito debería reunirse con cada una de las directivas de las universidades y, junto con ellos y la participación de la Policía, la Fiscalía y el Ministerio de Educación, buscar soluciones de los problemas de violencia y delincuencia que se presentan dentro y en los entornos de estas universidades, incluida la protesta violenta”, dice Acero.

Advierte que las autoridades –Alcaldía, Policía y Fiscalía– “tienen instrumentos para identificarlos y ponerlos a disposición de la justicia”, como el uso de cámaras en sitios que se sabe son claves para los disturbios.

Encapuchados y explosivos

Una segunda lección es para los estudiantes. Óscar Sánchez, exsecretario de Educación de Bogotá, advierte que “hay dos cosas que el movimiento estudiantil debe rechazar de tajo: uno se llama capucha y la otra, explosivo”.

En su concepto, hay que defender la legitimidad de la protesta, pero hay problemas cuando se permite que el encapuchado cargue el explosivo, lo meta en la protesta; y, además, “hay gente que no se encapucha, pero igual está dispuesta a tirar piedra”.

La tercera lección es para las directivas de las universidades: está bien reclamar autonomía, y todos coinciden en que hay que defenderla, pero ellas deben garantizar la seguridad y la certeza de que su territorio no se utilice para fabricar explosivos que después se accionan contra la comunidad y contra la autoridad.

“Si una universidad no es capaz de garantizar que no haya explosiones, que no haya tráfico de estupefacientes, que no haya violaciones de la ley y atentados contra la seguridad dentro de la institución, reclamar autonomía no tiene mucho sentido”, analiza Sánchez.

El papel de la fuerza pública

La cuarta lección está dirigida a la Fuerza Pública, que debe preguntarse si está haciendo prevención o simplemente actúa reactivamente frente a la protesta social, generando choque con los estudiantes y deslegitimando su papel. “Creo que las autoridades están reaccionando a destiempo y no de manera preventiva y disuasiva”, dice Acero.

La Fuerza Pública debería mantenerse a prudente distancia y priorizar su trabajo en identificar a los que realmente ejercen violencia para someterlos y aplicarles el Código Penal

“La Fuerza Pública debería mantenerse a prudente distancia y priorizar su trabajo en identificar a los que realmente ejercen violencia para someterlos y aplicarles el Código Penal”, afirma Sánchez.

“Quiero dejar claro que la policía actúa porque se están presentando unos desmanes; hemos actuado dentro de la norma, en presencia de los organismos de control, y estamos prestos a que se verifiquen los hechos”, dijo el comandante de la Policía de Bogotá, general Hoover Penilla.

Nada justifica la violencia”, aseguró el alcalde Enrique Peñalosa, al entregar el balance de daños.

La violación de la ley

La última lección viene del paro de conductores: no se puede paralizar un servicio clave como el transporte público para presionar medidas a favor de una causa particular, como ocurrió en este caso.

Hay que recordar que el domingo en la noche se difundieron videos, imágenes, audios y mensajes que alertaban sobre un paro nacional inexistente. La frase “carro que transite que se atenga a las consecuencias”, pronunciada por Hernando Chávez, desató el pánico.

Conductores y empresas amedrentados por las amenazas guardaron sus vehículos en el sur de Bogotá, y en los municipios de Soacha, Chía, Zipaquirá y La Calera, las empresas no prestaron servicio normal hasta finalizar el martes. Hubo terminales cerradas, manifestaciones, vías bloqueadas, carros vandalizados y miles de personas que no pudieron llegar a sus trabajos o estudios.

Y detrás de la protesta estaba el interés particular de unos conductores de transporte inconformes porque les están suspendiendo las licencias de conducción por reincidir en infracciones de tránsito, que tampoco pagan. Aunque se quejan de multas injustas, o que no fueron notificadas a tiempo, lo cierto es que la ley ordena suspender la licencia por seis meses cuando se comete más de una falta en un semestre, y duplica la sanción si hay reincidencia.

Darío Hidalgo, experto en movilidad, dice que este es un ejemplo de la cultura de ver como normal no cumplir las normas: no pagar el pasaje, no pagar las multas, no pagar los impuestos, evadir los límites de velocidad. “Mientras sigamos mirando para otro lado al ver un colado, al mal parqueado, y no nos importe como sociedad, esas conductas se seguirán repitiendo”, afirma Hidalgo, que extraña la sanción moral y social que proponía el exalcalde Antanas Mockus frente al incumplimiento de las normas.

YOLANDA GÓMEZ TORRES
EDITORA EL TIEMPO
Twitter: @BogotaET

Descarga la app El Tiempo

Con ella puedes escoger los temas de tu interés y recibir notificaciones de las últimas noticias.

Conócela acá
Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.