Las cámaras de comercio, ¿máquinas de hacer dinero?

Las cámaras de comercio, ¿máquinas de hacer dinero?

Maria Isabel Rueda conversa con Mónica de Greiff, presidenta de la Cámara de Comercio de Bogotá,

Mónica de Greiff, presidenta de la Cámara de Comercio de Bogotá

De Greiff dice que la Cámara está abierta a considerar las observaciones que hizo en este diario la escritora Yolanda Reyes sobre la Feria del Libro, para mejorar.

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Abel Cárdenas / Archivo EL TIEMPO

Por: María Isabel Rueda
12 de mayo 2019 , 09:14 p.m.

Mónica de Greiff, presidenta de la Cámara de Comercio de Bogotá, sale en defensa de la entidad explicando cómo se invierten los dineros que recauda de los empresarios y cuáles son los servicios que presta a la ciudadanía. 

En los últimos días se viene señalando a las cámaras de comercio de que “están muy ricas”. Y particularmente se ha criticado la obligación de renovar la matrícula mercantil de las sociedades cada año, que algunos consideran un negocio. ¿Esto no es innecesario?

No. El registro como tal existe en muchas partes del mundo, no siempre lo hacen las cámaras de comercio, y tenerlo actualizado da seguridad jurídica a todos, empezando por los mismos empresarios. Esta renovación se debe hacer antes del 31 de marzo, cuando efectivamente se recolectan unos recursos, que por ley debemos invertir en los mismos empresarios. La Cámara no se queda con nada. En el caso de la Cámara de Bogotá brindamos más de 985 servicios a los empresarios, desde la empresa más pequeña a la más grande, y van desde asesoría en la creación de la empresa, la formalización en caso de que haya venido trabajando sin todos sus requisitos, hasta que pueda llegar a exportar.


¿Cómo medir esa influencia de la Cámara de Comercio en la ciudad?

El desarrollo económico de una ciudad está en sus empresarios; las cámaras somos agencias de desarrollo en la región, ayudamos a que el entorno sea el adecuado y proponemos políticas públicas para volver más amigable el entorno para hacer negocios.

Todo esto crea un tejido muy importante; en el caso de Bogotá, el 91 % de las empresas son microempresas, o sea, son muy pequeñas empresas, pero formalizadas. ¿Qué les permite estar formalizadas? Entre otras, tener acceso a la banca, evitar el gota a gota, acceso a muchísimos programas públicos y privados. La cultura de la legalidad permite crecer los negocios.

¿Podemos decir entonces que las cámaras de comercio sí son entidades ricas, pero que su riqueza se invierte en el propio bienestar del empresariado?

Sí. Y además, con algo que quiero dejar claro: tenemos vigilancia de la Contraloría General de la Nación y de la Superintendencia de Industria y Comercio. No es que un día alguien se levante y diga ‘vamos a hacer algo’ y es una locura, no. Todo tiene que estar enmarcado en el campo de los servicios empresariales, del fortalecimiento empresarial y del mejoramiento del entorno propicio para hacer mejores negocios. Por eso nos metemos en temas puntuales como la seguridad de Bogotá. Manejamos también encuestas para saber dónde hay que mejorar. Acabamos de lanzar Hacer Empresas en Cuatro Horas, y esto impacta en la competitividad del país, no solo de Bogotá.

A propósito, ¿cómo está viendo a la Alcaldía de Bogotá, cuyo alcalde está sitiado por todo tipo de medidas judiciales que tienden a paralizarle sus principales obras?

A ver. La Cámara de Comercio de Bogotá ha apoyado todo lo que está haciendo el alcalde porque es cierto que en la medida en que tratemos de solucionar temas de impacto como la movilidad, se le aporta mucho a la productividad, pero también hay que comunicar cómo y cuándo se ejecutan todas estas obras.

Pero estamos hablando concretamente de decisiones judiciales que paran el TransMilenio por la séptima y que amenazan con parar el metro...

Los jueces tienen que entender que no es conveniente dictar medidas de suspensión de los procesos, sino darle la oportunidad a la Administración de explicarse. Muchas de esas suspensiones parecen sin respaldo. Pero, igualmente, a la Administración le hace falta oír más a la comunidad. Ya hemos hablado en alguna oportunidad de la tala de árboles o de la calidad de aire de la ciudad, las objeciones que tienen algunos sobre la séptima, como el impacto que va a tener esta vía sobre el parque Nacional, o también de la 94 hacia adelante, pero, para concluir, en una ciudad como Bogotá, donde definitivamente se requieren obras, los ciudadanos no pueden acudir para todo a la vía judicial. Hay que buscar mecanismos de concertación. Y, también en eso, la Cámara es un agente importante.

¿Cómo puede ayudar la Cámara a desvarar a la ciudad?

No defendemos un sector en particular, esa es la diferencia que tenemos con un gremio como tal, los industriales o los comerciantes o los ganaderos; nosotros defendemos a todos los empresarios por igual. Siempre hemos brindado espacios de concertación en donde exponemos y se exponen los diferentes puntos de vista. Para el nuevo POT hemos hecho muchísimas audiencias públicas para entender qué quieren la comunidad y los diferentes actores sobre el uso del suelo en la ciudad y en la región; esto se vuelve trascendental para los próximos alcaldes.

Hay muchos eventos muy costosos que patrocina la Cámara de Comercio, ArtBo, Bogotá Fashion Week, la Feria el Libro. ¿Los bogotanos sí reciben el beneficio de lo que esas inversiones implican?

Indudablemente, sí. Primero, la apuesta sobre las artes. Una de las mediciones de una ciudad atractiva para invertir es que tenga varias cosas: facilidades de vivienda, transporte, salud, educación y cultura. Esos son elementos prioritarios para que una empresa se instale en una ciudad. Hoy se tienen miles de posibilidades, una ciudad competitiva tiene que buscar ventajas competitivas allí. Y aquí las tenemos, tanto el talento humano y la creatividad para que miles de empresarios los desarrollen en la ciudad.

¿Tiene todo esto que ver con la economía naranja, que el Presidente viene promocionando mucho?

Desde luego que sí. Cumplimos 15 años de ArtBo, apoyamos los negocios del arte a través de las galerías, apoyamos artistas jóvenes, tenemos en nuestros edificios artistas jóvenes durante todo el año. Esta semana comienza ArtBo fin de semana, donde habrá rutas culturales en toda la ciudad.

¿Y en cuanto a la moda?

En Bogotá hay más de 35 mil empresas dedicadas a toda la cadena textil, desde confecciones, diseño, bisutería, joyería hasta marroquinería. Generan más de 150.000 empleos. Dígame, ¿cómo no apoyarlas? Es uno de los sectores más dinámicos, pero muchos no tienen sino un nicho muy pequeño de mercado. En el último Fashion Week, como nunca antes, los diseñadores jóvenes vendieron, y están exportando. En esta oportunidad trajimos compradores de Japón, Francia, México, entre otros.

En cuanto a la Feria del Libro, batió récord de asistencia este año. Pero una persona a la que respeto mucho, la escritora y columnista de este periódico Yolanda Reyes, escribió recientemente que la Feria del Libro no permite que la gente pueda discernir qué es lo que le interesa, sino que se hace una entrada más o menos en tropel con los niños en los hombros, buscando por aquí y por allá, en una cosa que está más planteada como un negocio que como algo didáctico y útil. ¿Cómo corregir esta válida crítica?

El jueves le expuse a la junta de Corferias esta columna. Me parece que plantea unas reflexiones muy válidas. ¿Qué queremos? ¿Cuál es la misión de la feria? Corferias, que es la que hace estas ferias, debe definir estos interrogantes. Advirtiendo que su componente comercial es muy grande. La del Libro es tal vez la más importante para Corferias y la más querida por la ciudadanía. Creo que las reflexiones que Yolanda Reyes plantea son del todo válidas. Me encantaría sentarme con ella y oírle qué se imagina ella que deberíamos hacer, cuál es el papel que nos corresponde, porque evidentemente no somos educadores, pero tenemos espacio para mejorar.

¿Comparte con Yolanda que la Feria del Libro debería ser más pequeña, más acotada?

Es lo único que no comparto. Lo que, de golpe, yo plantearía es que sea por más tiempo, que puede ser una alternativa, que no todo el mundo tenga que llegar un fin de semana con 90.000 personas dando vueltas, y, como ella cuenta, que no se pueda caminar. Podemos plantear unas rutas distintas, más tiempo. Pero sí hay que hacer una reflexión.

El Centro de Arbitraje de la Cámara de Comercio ha cogido mucho vuelo también. ¿Qué servicio le está brindando a la ciudad?

El arbitraje y la conciliación son mecanismos alternativos de justicia, y, muchas veces, la gente cree que solamente se usan para casos muy costosos. No, el arbitramento cobija desde una disputa pequeña hasta los más grandes y los contratos estatales. Creería que hay que promocionarlo mucho más; la justicia ordinaria está copada, y existen estos mecanismos que ofrecen las garantías y seguridades para solucionar diferencias.

La conciliación puede ser un mecanismo muy útil de justicia en este país...

Así es. Atendemos muchísimos procesos pequeños, que se resuelven mediante este mecanismo con una efectividad de más del 85 %; es un mecanismo que invito a utilizar y evitar judicializar asuntos que se pueden resolver de esta manera. También tenemos un programa muy importante, Hermes, un mecanismo de solución de conflicto en los colegios.

¿Cómo puede Hermes ayudar a los conflictos en los colegios, algo realmente preocupante?

Hemos tenido más de 450 mil casos de ‘bullying’ en los colegios públicos de Bogotá y la región. Dándoles herramientas a los niños para que ellos resuelvan estos conflictos. Son más de 153 colegios públicos, y ese mismo método lo hemos entregado a la Policía en un programa piloto en Chapinero y en Soacha, para que también puedan entrar, con herramientas distintas a simplemente la autoridad o una multa, a solucionar problemas de convivencia en la comunidad. Mediante el diálogo y estas herramientas se logran solucionar muchos conflictos sin violencia.

Finalmente, se ha convertido en un estandarte de la ciudad el edificio Ágora. ¿Usted lo mandó a construir, o lo heredó?

Su concepción la creó la junta directiva desde hace más de ocho años; ya se había realizado un concurso arquitectónico internacional. Heredé los diseños y el gran reto de su construcción. Tenemos de socio a Corferias y a la Nación a través de Fontur. Hoy está funcionando y hay eventos contratados al 2024. La Cámara tiene detectados más de diez sectores de la economía que se activan cuando hay un congreso internacional, como la hotelería, la gastronomía, el transporte, las traducciones, la logística, etc. Por cada participante internacional que viene a la ciudad para un congreso de tres días, por lo menos dejan 452 dólares a la ciudad.

¿Usted cree que la Cámara de Comercio, como está planteada, puede ser el campo de aterrizaje de la economía naranja que el Presidente está persiguiendo tan afanosamente?

Definitivamente, sí; de hecho, estamos trabajando con el Gobierno en este sentido, con nuestras plataformas creativas y con el lanzamiento de un centro de innovación. Reitero que las cámaras de comercio no somos oficinas de registro simplemente, somos agencias de desarrollo regional donde debe confluir todo lo referente al ambiente para hacer negocios en que los sectores público, privado y la academia están representados, donde los servicios que ofrezcamos les permitan ser mejores y más competitivos y tener una larga vida como exitosos empresarios.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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