Así es la labor de los ‘reconocedores’ de Catastro en Bogotá

Así es la labor de los ‘reconocedores’ de Catastro en Bogotá

Actualizan información de 42.070 predios en el Censo Inmobiliario: una auténtica aventura de ciudad.

Ángela Rentería

Ángela Rentería es ingeniera geógrafa ambiental. Nació en Bogotá, pero su familia es de la costa Pacífica. Es reconocedora.

Foto:

Camilo Castillo

Por: Bogotá
06 de julio 2019 , 06:45 p.m.

Ángela Rentería trabaja recolectando información para el Censo Inmobiliario de Bogotá y le tiene miedo a los perros.

Por eso, al llegar al predio que va a visitar, su primera pregunta es siempre la misma: ¿tiene perro?, ¿ya lo amarró?

Luego, comienza a trabajar. Revisa si la vivienda tiene nuevos pisos o si hay ampliaciones. Para eso, hace fotos, toma medidas, levanta datos, revisa cartografías y habla con propietarios.

“Con nuestro trabajo de campo, levantamos información cuyo uso depende de otras instituciones. Yo no podría decir que mi visita aumenta el valor del impuesto predial. Puede que sea o no”, explica Ángela, mientras se alista para el recorrido del día.

Viajará desde el Portal de la 80 (Engativá) hasta el barrio Guacamayas (San Cristóbal), luego irá a la Pradera (Puente Aranda) y finalmente terminará su jornada en el edificio de Catastro Distrital: un recorrido de más de 40 kilómetros.

“Así conocí la ciudad”, comenta Ángela, riendo. Antes de ser contratista de Catastro, poco sabía de las calles de Bogotá, a pesar de haber nacido aquí. Ahora sabe del centro y la periferia de una ciudad de casi 7’200.000 habitantes. “He conocido barrios en Bosa que Colindan con Mosquera, otros que quedan al margen del río. He visto ocupaciones ilegales, donde el acceso a servicios públicos es distinto y no hay buena infraestructura”, agrega. 

Como Ángela, hay otros 20 ‘reconocedores’ encargados de actualizar la información de 42.070 predios en 19 localidades. Una labor titánica que requiere recorrer la ciudad de punta a punta y conocer a miles de ciudadanos.

Así trabajan

Ángela recibe una carga semanal que le indica qué barrios debe visitar. Con mapa en mano, organiza su ruta y su tiempo: es libre de trabajar como mejor le parezca.

“Hay días que solo puedo hacer dos visitas porque los predios están lejos uno del otro o hay ocasiones en que hago hasta 20 por jornada porque todo está concentrado en un solo barrio”, detalla, y se sube al carro de la entidad.

Su conductor es su guía y cuidador. En los barrios, vigila el entorno. Aquí, puede pasar cualquier cosa. Desde una mala mirada del dueño del predio o un portazo en la cara hasta una mordedura de perro, un robo o, en el mejor de los casos, un buen tinto y un vecino conversador. Ángela ha estado, incluso, en medio de peleas familiares.

“Este trabajo implica entrar en la intimidad de las personas. Yo fotografío por ejemplo baños y cocinas, eso requiere ser amable, tener tacto con la gente. Para que nos permita hacer nuestro trabajo”, dice e indica que a ella, en particular, no le ha ocurrido nada grave. Pero a sus compañeros sí: los han gritado, los han insultado, no los han dejado entrar.

Una gaseosita, sumercé

El predio de ese día queda en las montañas de San Cristóbal, donde las casas se agarran a calles empinadas con nomenclaturas infinitas: calle a, b, c, d, e, f sur. Ángela da las indicaciones con el dedo sobre las cartografías. Llega, se baja y busca la casa entre un laberinto peatonal. Guarda la cámara de Catastro en el bolsillo y piensa en su hijo de tres años, que la espera en casa.

Solo una vez se negó a hacer una visita, porque el dueño le pareció sospechoso: “Sentí que me decía mentiras, que algo pretendía. Mi mamá fue policía y me enseñó a detectar el peligro”, dice.

En algunos barrios difíciles, los ‘reconocedores’ han tenido que recurrir a las juntas administradoras locales (JAL) para entrar a trabajar. Pero hay zonas que, por su alto riesgo, no pueden ser visitadas.

Este no es el caso, Ángela se aventura por las calles de Guacamayas. Pero ve un perro, y busca la entrada por otra cuadra hasta que llega, después de un rato, a su primera casa. “Una vez un conductor me tuvo que espantar los perros del sector. Lo mío es fobia”, ríe, nerviosa. Lo perros ladran en el barrio.

Este trabajo implica entrar en la intimidad de las personas. Yo fotografío por ejemplo baños y cocinas, eso requiere ser amable, tener tacto con la gente

El dueño, un hombre mayor, la recibe con amabilidad. Le abre las puertas de su casa, de su baño, de su cocina, de su terraza y de su vida. Le cuenta un par de anécdotas, le ofrece una gaseosa y la despide con una sonrisa. Las novedades: una mejora en los baños y en la cocina; quizá el avalúo suba, quizá no.

Vuelve al carro. Piensa en su hijo, en su esposo que viaja por el país y sonríe. Todo va bien. Va camino a La Pradera. Allí las cosas marchan aún mejor.

Ángela toca el timbre, ‘¿hay perros?’, pregunta. No escucha ladridos. Sigue.
Esa casa tiene un piso más desde la última visita. Lo registra. Tiene un local. Lo registra. En 15 minutos acaba todo. “¿Esto me sube el impuesto?”, pregunta la propietaria.“El próximo año lo sabrá, sumercé”, responde Ángela y acaba la visita.

“La gente se previene, porque se siente vulnerable. Están a la expectativa, temen lo que implique la visita”, explica Ángela mientras regresa al carro. Ahora le queda subir la información al aplicativo de Catastro para validar la información y cargarla al robusto sistema. “Fue un buen día. Hoy no hubo perros”, bromea. Y se sume, de nuevo, entre cartografías, documentos y encuestas.

¿Cómo facilitar el día a día de estas personas?

Si a usted le llega la notificación de visita del Censo Inmobiliario de Bogotá (CIB), prográmese y facilite la labor del reconocedor. La información que salga de esta visita es insumo para la toma de decisiones en la ciudad. Es decir, ser censado no significa necesariamente que su impuesto predial vaya a subir el año siguiente. Es solo una actualización de información predial.

Por eso, Catastro Distrital hace las siguientes aclaraciones:

- La visita se anuncia días antes, mediante una carta dirigida a los propietarios.

- Los funcionarios se identificarán el día de la cita con su carné con foto y cédula de ciudadanía en mano.

- Las visitas no tienen ningún costo.

- El censo debe ser atendido por una persona adulta. El reconocedor no ingresará si solo hay menores de edad en el lugar.

- En la actualización se revisa si no ha habido alteraciones en el predio (nuevos pisos, ampliaciones), se toman fotografías de baños, cocinas y terrazas y se hacen algunas mediciones.

BOGOTÁ

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