La promoción 2020 / Voy y vuelvo

La promoción 2020 / Voy y vuelvo

Serán la promoción sin la parafernalia que hace especial el fin de la era escolar.

Prueba Saber 11

La historia dejará registrado que fue la promoción que enfrentó el desafío más grande que haya padecido la humanidad en centurias.

Foto:

Hernando Herrera. Archivo EL TIEMPO

Por: Ernesto Cortés Fierro
17 de noviembre 2020 , 01:51 p. m.

Desde el primer día de colegio de mi hijo siempre me llamó la atención el énfasis que profesores y directivas ponían cuando hablaban de la “promoción 2020”. Entonces se veía tan lejano que ningún papá reparaba en ese número redondo, casi mágico, que revelaba el inicio de una nueva década, llena de expectativas y sueños.

Uno cree torpemente que los hijos jamás saldrán del colegio. Los ve tan pequeños y frágiles, tan alegres y altivos en esos primeros años, que no advertimos el paso del calendario ni los cambios que van teniendo. De un momento a otro se han convertido en hombres y mujeres, ellos con sus voces gruesas y barbas incipientes; ellas con sus cambios físicos, sus nuevas causas, su empoderamiento y su identidad. Llegan las primeras parejas, las primeras fiestas y el celular como refugio inexpugnable de su nueva etapa.

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Y henos aquí, en pleno 2020, con una promoción de bachilleres que termina esa etapa maravillosa de amigos y aprendizajes; henos aquí, sorprendidos y aterrados, y con la incertidumbre a flor de piel; henos aquí, con cientos de preparativos que se quedaron listos y a punto de ver a nuestros hijos graduarse sin ceremonia oficial, sin excursión, sin reunión familiar, sin la fiesta de fin de colegio, sin el parche de amigos para celebrar, sin abrazos ni besos, sin ribetes al cielo ni palabras en medio de la plazoleta o del teatro o del club o de la cancha de baloncesto.

Jamás estuvo entre mis cuentas esto. Además de todo lo anterior, nos quedó pendiente el torneo de fútbol con el eterno rival, el bazar, la última ida a la piscina, el último sonido de la banda de guerra, la última visita al colegio aliado, el último estrechón de manos entre padres y profesores.

Pero así fue. Seguramente a estas alturas la frustración y la tristeza se dibujan en muchos rostros de jóvenes y jovencitas de la promoción 2020. Serán la promoción sin la parafernalia que hace especial el fin de la era escolar. Tanto para los de calendario A como para los de B; para los colegios públicos y privados. Sí, será una promoción distinta, diferente, acaso triste y, qué sé yo, frustrante.

Esa es una manera de ver las cosas. La otra es que no habrá otra promoción igual, si es que se cumple aquello de que una pandemia como esta se repite cada 100 años. Y eso hace desde ya especial a esta promoción de bachilleres 2020. La historia dejará registrado que fue la promoción que enfrentó el desafío más grande que haya padecido la humanidad en centurias.

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Dirá que fue la generación de la solidaridad, de los amigos virtuales, de las clases desde casa, de las llamadas hasta la madrugada, de la innovación a la hora de hacer tareas, de compartir emprendimientos, la de la hiperinformación, ávida de conocimiento, y, sobre todo, la promoción que más atenta estuvo al desenlace de la enfermedad y la que más apostó por un nuevo cambio de la sociedad.

Eso no es poca cosa. Basta oírlos a ustedes, jóvenes listos para el grado, para saber que palabras como ‘igualdad’, ‘generosidad’, ‘amistad’, ‘conciencia’, ‘invención’ y ‘derechos’ han adquirido una nueva dimensión. Muchachos, pueda que no haya mucho para celebrar hoy, o por lo menos no como estaba en el libreto, pero sí hay mucho por qué sentirse orgulloso. Ustedes son una promoción única, una generación singular, unos jóvenes especiales.

Quienes les sigan en el devenir de la historia sabrán de las vicisitudes de estos tiempos porque ustedes serán los encargados de contárselo; sabrán de los héroes y las heroínas, de los emprendedores y de lo que significó volver a la esencia de la vida simple y sencilla, porque ustedes se los describirán; sabrán del valor de apreciar lo que se tiene y se cosecha porque ustedes se los harán notar. Y sabrán que la humanidad entera estuvo dependiendo de campesinos, mensajeros, médicos, conductores, enfermeras, vigilantes, barrenderos, policías y dependientes de supermercados porque ustedes aprendieron a estimarlos mucho más.

Este mensaje no es para que se sientan mejor ante la falta de excursión o de fiesta o de almuerzo familiar. Es para que se sientan orgullosos de haber transitado por un pedazo de nuestra historia que valió la pena haberse vivido, por bien o mal que nos haya ido, sin duda, pero sobre todo para que ayuden a entender a los futuros pobladores del universo que nunca jamás debe ser tarde para celebrar la vida, no importan las circunstancias.

¿Es mi impresión o... el espacio público es otro de los grandes perdedores de la pandemia?

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ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe
EL TIEMPO
Twitter: @ernestocortes28

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