La nueva seguridad, según la alcaldesa / Voy y vuelvo

La nueva seguridad, según la alcaldesa / Voy y vuelvo

Si de verdad se quiere convertir el 123 en un 911, el reto está en su eficacia.

SEGURIDAD

Ante el aumento de los atracos, la Policía de Bogotá aumentó la presencia de motorizados patrullando la ciudad.

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Milton Díaz. EL TIEMPO

Por: Ernesto Cortés 
27 de junio 2020 , 09:04 p.m.

Entre los varios anuncios que el jueves en la noche se hicieron en materia de seguridad, hubo una alusión del viceministro de Defensa, Jairo García, que me dejó atónito. Según el funcionario, las organizaciones criminales llevan dos meses de receso y están ansiosas de regresar a sus fechorías para ‘cuadrar caja’, por lo que –imagino– se vuelven más osadas y desafiantes. Fue lo que vimos en el asalto al edificio residencial de Usaquén o a la joyería de un centro comercial. Verdaderos comandos armados sin temor a nada ni a nadie.

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Suena irónico lo del viceministro, pero adquiere sentido en el contexto en el que han hablado varios expertos que analizan los escenarios que les esperan a las ciudades en una etapa de pospandemia, una especie de ‘rebrote’ de la delincuencia.

Según esos mismos analistas, si bien no se puede inferir de ninguna manera que la pobreza o los que han sufrido con rigor la crisis por el covid-19 son los causantes de una mayor ola de inseguridad, sí son los más vulnerables y presa fácil de las bandas delincuenciales, especialmente los jóvenes.

Y si bien debe reconocerse que varios delitos han bajado en los últimos meses, el hurto incluido, que al 18 de marzo tuvo una reducción de 5 %, este sigue siendo la pesadilla diaria. El robo de bicicletas, por ejemplo, pasó de 3.780 entre enero y junio del año pasado a 4.485 este año, en el mismo lapso. Un incremento de 705 casos.

Es claro que los delincuentes andan alborotados y que a medida que ciertas actividades se normalizan y la gente vuelve a la calle, ellos también, aunque, valga decirlo, las mafias del narcotráfico no han parado. Cómo hacerles frente, cómo garantizar la tranquilidad de los ciudadanos y cómo hacer más efectiva la acción de la justicia son los retos que se imponen para la Alcaldía.

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En ese sentido, vale la pena analizar los anuncios de la alcaldesa Claudia López ese mismo jueves. Uno que en particular me pareció relevante es el de la apuesta por los jóvenes. Todo lo que se haga por ellos en términos de oportunidades de estudio y empleo será decisivo para alejarlos de quienes andan a su acecho con el fin de involucrarlos en actividades delictivas. Pero también debe haber garantías para su seguridad y evitar que se repita la historia de Juan Carlos, asesinado en su primer día como domiciliario para robarle el celular. ONU Hábitat lo ha repetido en varias ocasiones: los jóvenes, junto con los migrantes, serán tema clave para la humanidad en el presente siglo.

López también habló de la estrategia acordada con Mindefensa y Policía para desvertebrar las estructuras criminales, algo que ya los ciudadanos hemos oído. Lo que queremos ahora es ver resultados fruto de eso que denominaron “una mejor inteligencia” y una eficaz investigación criminal a partir del trabajo común entre distintas agencias (Sijín, Dijín, Sipol...).

Por otro lado, me asalta la duda de cómo será la concentración de denuncias en el servicio de emergencias 123. Dice la alcaldesa que el número de operadores pasó de 35 a 95 y que la pandemia ha permitido una mejor eficacia y coordinación de esa entidad. Si hoy –lo digo por experiencia– pretender que la policía del CAI más cercano atienda una denuncia ciudadana de forma oportuna es difícil, no imagino cómo será con el 123, el cerebro de todo, depositario de todo y el gran distribuidor de quejas, reclamos y alertas.

Si de verdad se quiere convertir el 123 en un 911 y que la gente confíe en él, el reto está en su eficacia y capacidad de respuesta, porque si atender un caso de policía va a tardar media hora o más, pues apague y vámonos. Eso sí, le abono a esta estrategia que la información que recaude el 123 será clave para georreferenciar delitos y adoptar acciones que ayuden a su eliminación. Será una mina de oro en información de este tipo.

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Y, finalmente, la Administración confía en algo que veo imposible: torcerle el pescuezo a la percepción de inseguridad. Lo han intentado todos. Hasta el expresidente Santos insinuó que los medios eran los grandes responsables de esa percepción porque solo registramos los crímenes. Y le cayeron a palo. Si la estrategia expuesta esta semana funciona tan bien como se plantea en el papel, es posible que se consiga. La gente lo dirá.

¿Es mi impresión o... el polvo del Sahara de esta semana no era solo polvo ni solo del Sahara?

ERNESTO CORTÉS
EDITOR JEFE DE EL TIEMPO
​En Twitter: @ernestocortes28

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