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Bogotá

La magistrada que se volvió hada madrina del río Bogotá

Los ciudadanos pudieron navegar por el río Bogotá en el cierre del Festival.

Los ciudadanos pudieron navegar por el río Bogotá en el cierre del Festival.

Foto:Néstor Gómez/ EL TIEMPO

Hace 19 años, Nelly Yolanda Villamizar recibió una demanda que se convertiría en salvavidas del río.

Hugo Parra
Sentada frente a su escritorio en el tercer piso del Tribunal Administrativo de Cundinamarca, luego de una jornada académica con expertos en temas ambientales, funcionarios, periodistas y líderes de la comunidad, la magistrada Nelly Yolanda Villamizar, quien a simple vista parece estar de mal genio, nos recibe en su despacho.
Hay una biblia. También varios libros de poesía que lee en el poco tiempo que le queda libre. De frente siempre tiene la imagen de María Auxiliadora y atrás, en la biblioteca, al lado de los textos de derecho, la Virgen de Guadalupe y otras imágenes religiosas.
Su fe en Dios es inquebrantable, nos dice. Y de entrada nos recuerda que fue gracias a él que hace 19 años le llegó a sus manos la acción popular que cambiaría su vida y la de muchos ciudadanos de la región, sostiene.
Comienza a contar que luego de tres años de largas jornadas de trabajo, de estudio, de recorrer, visitar, cuestionar, investigar y documentar ese proceso, en el año 2004 emitió la sentencia que llegó a ser calificada por sus críticos como monstruosa.
Y también por la que fue señalada, amedrentada y denunciada por abuso de autoridad, prevaricato por acción y por omisión: ella ordenó, nada más y nada menos, la descontaminación del río Bogotá.
Su fama de ser una mujer recia, de carácter y templada no es gratuita. Cada vez que puede, habla sin rodeos y regaña a los funcionarios, a los ciudadanos, a los empresarios, a los constructores y a los políticos, como lo hizo la semana pasada, cuando les pidió a todos que trabajen unidos para defender el río Bogotá.

Lo que yo espero de todas las personas que se nos están uniendo –al tema del río Bogotá– es la sinceridad. Que no vengan detrás de unos intereses personales

En otras palabras, les tiró las orejas para que se enfoquen en el interés general y no en el particular.
Ella sostiene que no todo es represión, que primero hay que enseñar y dar ejemplo, pero, a renglón seguido, advierte que el que no cumpla con la sentencia o el que se le atraviese a la recuperación del río puede verse inmerso “en un desacato, en un arresto, en un proceso disciplinario y una destitución, porque yo estoy ahí, y detrás mío o en paralelo conmigo, van la Contraloría, la Procuraduría y la Fiscalía”, dice esta cucuteña.
De su vida personal habla sin rodeos. Se levanta antes de las 4 de la mañana, se toma dos cafés endulzados con agave y luego su esposo le prepara un generoso plato de frutas con papaya, naranja, uchuva y banano.
Si le queda algo de tiempo, sube a la trotadora y se ejercita, pero si tiene que ir a una audiencia, se encamina a su oficina. Antes de partir, se despide de Scooby y Bamboo, sus perros labradores. La voz se le quiebra al referirse a sus mascotas.
Hace 19 años, cuando comenzaba en el Tribunal de Cundinamarca, Nelly Yolanda Villamizar recibió una demanda que se convertiría en salvavidas del río.

Hace 19 años, cuando comenzaba en el Tribunal de Cundinamarca, Nelly Yolanda Villamizar recibió una demanda que se convertiría en salvavidas del río.

Foto:César Melgarejo

Ella es defensora del medioambiente, de los animales, de la vida. Recuerda que una vez que salía de viaje vio a Bamboo tirado en la entrada de su casa. Estaba como muerto.
Se devolvió hasta el altar de la Virgen de Guadalupe que tiene en el jardín de casa y pidió con todas sus fuerzas por la salud del animal. Es una mujer sensible, humilde, que le duele lo que les pasa a los demás, que sabe perdonar, pese a sus férreas posiciones.
“Bamboo duró un mes en la clínica”, cuenta la magistrada mientras se enternece recordando que cuando se va o cuando llega, los dos perros se levantan en las patas traseras para despedirse.
Pero ella es una mujer inquieta. Siempre está activa. No para.
Mientras la contactábamos para esta entrevista, vimos cómo se subió en la moto de un vigilante de una empresa privada y comenzó a recorrer el borde oriental, por el río Bogotá, como si tuviera los mismos 13 años cuando se encaramaba en los árboles, cuando jugaba a escondidas con sus hermanos y quedaba suspendida de las paredes de la casa de sus abuelos en Cucutilla, Norte de Santander, para que no la encontraran.
O como cuando comparte con sus nietos en los rodaderos del parque o en la piscina de pelotas. O como cuando pone a los funcionarios a caminar y a recorrer la ronda del río. Es incansable.
“Mi esposo, que es un abogado de baranda, que me cuida la espalda, me dice que soy extraterrestre”, señala la magistrada, madre de cuatro hijos y abuela de ocho nietos.
Los que conocen el proceso que se viene desarrollando en el río Bogotá saben que ella puede ordenar una diligencia y aparecer en cualquier momento para verificar que también se cumpla la orden que profirió el magistrado del Consejo de Estado Marco Antonio Velilla, quien no solo ratificó la decisión de la magistrada Villamizar de primera instancia, sino que además la fortaleció al punto de obligar el ordenamiento del territorio.
Ella dice que es amiga de todo el mundo, que un juez debe ser humilde y que confía en la gente. “Lo que yo espero de todas las personas que se nos están uniendo –al tema del río Bogotá– es la sinceridad. Que no vengan detrás de unos intereses personales, sino que les den a Bogotá y a los 47 municipios que están en la subcuenca lo mejor. Lo que yo quiero y pido es transparencia. No quiero pelear con nadie, quiero un trabajo conjunto”, señala Villamizar.
A lo largo de la entrevista vamos descubriendo a una magistrada que siente que el mejor camino para seguir avanzando en la recuperación integral del río Bogotá es con la concertación, y no con la represión.
“Tenemos que ir de la mano, todos. Cambiar de mentalidad. Cuando la gente ve que estamos trabajando bien, la gente en conciencia crea conciencia. En los funcionarios públicos, en los ciudadanos, en los constructores, en los floricultores, todos. Podemos hacer de Bogotá y de toda la región un mejor lugar para vivir”, indicó.
Lo que continúa es la renovación urbana, un asunto que desde ya le quita el sueño. Y, por eso, hace el llamado a los propietarios de los terrenos y a los constructores. “Si ellos no cumplen, en cualquier momento les puedo parar las obras como lo he hecho en Madrid, en Cajicá, en Anapoima”.
–Si usted pudiera hablar con el río Bogotá, ¿qué le diría?
–Que lo amo, que es mi hijo.
REDACCIÓN BOGOTÁ
Hugo Parra
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