La historia no contada de Dilan Cruz

La historia no contada de Dilan Cruz

Dos meses después de la agresión que le causó la muerte, la familia del joven habla.

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La historia no contada de Dilan CruzLa historia no contada de Dilan Cruz
Dilan Cruz

Mariana White Londoño. EL TIEMPO

Por: Óscar Murillo Mojica | Realización de video: Mariana White Londoño
23 de enero 2020 , 06:40 p.m.

Dilan Cruz Medina era un joven de 18 años que soñaba con ser psicólogo, pero un fogonazo de una escopeta calibre 12, disparado por un miembro del Esmad, lo redujo a víctima la tarde del sábado 23 de noviembre del 2019.

En la carrera 4.ª con calle 19 de Bogotá, el 23 de diciembre pasado, un mes después del hecho en el que cayó gravemente herido Dilan, un nutrido grupo de personas le rinden un homenaje. Hay música en vivo, un telar grande con su rostro dibujado en escala de grises, carteles que lo recuerdan y un reverendo que lee unas sentidas palabras.

“Cuánto nos hace falta a los colombianos conmovernos frente al dolor del otro, pero para eso debemos ver la realidad del país, así como vimos impotentes caer a Dilan al suelo, ese joven que hoy se vuelve símbolo de las marchas, del paro nacional, y símbolo de todos los ciudadanos olvidados por el Estado colombiano”.

Decenas de personas escuchan y responden conmovidas con gritos y arengas. A un costado, Denis y Mayerli Cruz permanecen de pie, con los ojos clavados en el suelo. Hablan poco mientras un grupo reducido de amigos las rodea y sus manos cansadas aplauden pasito.

Homanaje Dilan

Un niño ayuda con pintura de Dilan Cruz, en medio del homenaje realizado el 23 de diciembre del 2019.

Foto:

Óscar Murillo. EL TIEMPO

Denis, de 21 años, se convirtió sin quererlo en vocera de su familia y a través de Twitter envió mensajes de calma y reconciliación en medio del dolor. Cuando se enteró de la muerte de su hermano, ocurrida el 23 de noviembre, dijo: “El mejor homenaje que le podemos hacer a Dilan es que no haya más disturbios ni violencia”. Una frase cargada de prudencia y amor que les quitó fuerza a quienes querían desatar el caos en su nombre.

(Le puede interesar: 'El mejor homenaje es que cesen disturbios': hermana de Dilan Cruz)

Pero detrás de la mirada fija y segura, y el tono de voz feroz y convincente, hay una joven sensible con un peso que todavía no se acostumbra a cargar.

Denis está sentada en una banca de cemento y mira fijamente la cancha de voleibol del parque Ciudad Montes donde Dilan iba a jugar. Es una tarde con sol picante de enero del 2020. La acompaña su hermana menor Mayerli, de 16 años, y su abuelo, José Arturo Medina. Es la primera vez que hablarán públicamente sobre la vida del joven.

“Mi relación con él (Dilan) fue como cualquiera con un hermano, a veces discutíamos un poco por su rebeldía. Yo soy muy ordenada, y él es un poco desordenado, yo lo molestaba mucho por eso", recuerda Denis, y cuando habla de su hermano parece que él estuviera vivo.

Como todo niño, era muy rebelde, pero tenía su corazoncito y, en medio de todo, era un niño muy noble

Y es así porque aún cree que es mentira que Dilan —joven, hiperactivo, deportista, noble, con sueños por cumplir, solidario con los demás— ya no esté con ella. Juntos pasaron una infancia con dificultades. Cuando Dilan tenía 3 años, su papá murió de hepatitis, y su mamá, Jenny, se hizo cargo de sus tres hijas (Geraldine, Denis y Mayerli) y Dilan. Jenny también tenía otro hijo, con el que vivió por un tiempo (Deivy).

Ella trabajaba desde muy temprano en la mañana hasta muy tarde en la noche, y en ocasiones dejaba a sus hijas mayores al cuidado de sus hermanos menores.

En su adolescencia, Dilan se fue a vivir con José Arturo, su abuelo, quien siempre le brindó su amor y apoyo. No obstante su buen desempeño académico, los inconvenientes de indisciplina surgieron en el colegio, y la solución que encontró su familia, con el acompañamiento de sus profesores, fue llevar a Dilan y hacerlo parte de Claret, un centro donde atienden a adolescentes y jóvenes con problemas de comportamiento.

“Es un sitio para jóvenes, digamos, con problemas de pronto de temperamento, que son muy rebeldes en ciertos aspectos; entonces él de allá salió muy renovado. Eso fue muy bueno para él porque aprendió muchas cosas, muchos valores. Empezó también a valorar cosas que anteriormente no valoraba, porque, como todo niño, era muy rebelde, pero tenía su corazoncito y, en medio de todo, era un niño muy noble”, relata conmovida la joven.

Después de esa experiencia, Denis interpretó que su hermano se interesó más por las personas, y el deseo de estudiar psicología se transformó en sueño. Compañeros del colegio Ricaurte, del que Dilan debía graduarse como bachiller el día que murió, recuerdan al joven como “la alegría de todos”.

“Dilan tenía muchos amigos, todos lo sentíamos como muy cercano porque siempre ayudaba, se ofrecía en lo que pudiera y siempre daba de lo que tenía, por eso tal vez era tan especial para la mayoría de nosotros”, cuenta una amiga del salón.

La madre de Dilan

Otro de los desafíos que la vida les puso por delante a Dilan y a sus hermanas fue que su madre, Jenny Medina, perdió la libertad un poco antes de lo sucedido.

“He escuchado por ahí cosas que no son ciertas; simplemente es un delito menor, un error que cometió, que posiblemente mucha gente comete en momentos de desesperación, en momentos de necesidad, entonces yo no la juzgo a ella por nada, absolutamente nada, porque sé que todo lo que hace lo hace (silencio) o lo hizo por nosotros, siempre, todo. Ella siempre nos lleva en su mente, en su corazoncito”, aclara Denis.

En noviembre del año pasado, cuando empezaron las movilizaciones, desde donde estaba, Jenny hablaba con sus hijos, les pedía que se cuidaran, que no fueran a salir a las protestas.

Antes de que pasara lo que pasó, mi mami nos llamó y nos dijo que (se le quiebra la voz) teníamos que tener mucho cuidado con las marchas, que pilas con Mayerli, con Dilan, que no saliéramos, que eso era peligroso, pero, pues, uno no sabe cuándo le va a tocar”, dice con voz resignada Denis.

Pero las sugerencias no solo fueron de su mamá. Uno de sus amigos más cercanos, días antes de la agresión, también le pidió que no fuera a marchar, pero Dilan tenía motivos para protestar.

“En ese momento no salí con él, no me gusta salir a eso, pero obviamente hablé con él, le decía que tuviera cuidado, que lo quería mucho, que no saliera a eso; pero él siempre nos dijo no, ‘pero yo voy en plan pacífico, solo quiero salir a marchar’ ”, narra un compañero de clase y amigo.

mama y hermanas

Yenny Alejandra, madre de Dilan, junto a él y sus hijas. Día de la graduación de bachiller de Denis Cruz.

Foto:

Archivo particular

(Lea también: La carta que la mamá de Dilan Cruz le escribió a Duque desde la cárcel)

La agresión

El 23 de noviembre del 2019, en circunstancias que las autoridades deben terminar de aclarar, Dilan Mauricio Cruz Medina fue impactado por un proyectil disparado con un arma del Esmad. Pese a la gravedad de la herida, y a que tuvo que ser ingresado a la UCI del hospital San Ignacio, amigos y familiares estaban confiados en la recuperación del joven.

También lo estaba la ciudadanía, que se solidarizó con plantones frente al centro médico, rogando por su salud y enviando mensajes de apoyo, y personalidades políticas.

“Al hospital fue cantidad de gente, que el uno que el otro, me llamó el presidente Duque a brindarme su apoyo, que sí, que estamos con ustedes, que Dilan se va a recuperar, le dije a él que lo que queríamos era que nos apoyara y que oráramos mucho”, confesó Denis. Sin embargo, tras su muerte, no volvió a recibir personalmente un llamado de aliento.

Al enterarse del fallecimiento del estudiante, el presidente de la República, desde su cuenta de Twitter, escribió un mensaje de condolencias. “Lamentamos profundamente la muerte del joven Dilan Cruz. Expresamos nuestras sinceras condolencias a su mamá, su abuelo y sus dos hermanas. Reitero mi solidaridad con esta familia”, dijo el mandatario.

En realidad Dilan tenía tres hermanas, no dos, como escribió el Presidente. La mayor, Geraldine,
vive desde hace menos de dos años fuera del país, y no ha podido estar acompañando físicamente a sus hermanas, a su madre ni a su abuelo en Bogotá.

Desde Canadá recuerda entre lágrimas a su hermano, el único hombre de la casa, el que trabajaba con su abuelo los fines de semana en obras de construcción, el que escuchaba a Canserbero y salsa, el que quería saltar más alto para mejorar su golpe ganador en voleibol, el que siempre tenía una sonrisa en el rostro.

“A Dilan siempre lo caracterizó su alegría, que era un niño muy empático, que siempre estaba sonriendo, lo caracterizaba que era de pequeño muy hiperactivo, no se quedaba quieto, siempre quería estar jugando; en su juventud ya fue más sociable y extrovertido, más genuino, porque tenía una forma muy propia para comportarse en diferentes situaciones”, dijo a través de un video Geraldine.

(Le sugerimos: Caso de capitán del Esmad por Dilan Cruz va a justicia penal militar)

En medio del luto, su madre, Denis, Mayerli, Geraldine y su abuelo saben que deben seguir adelante y luchar hasta conocer toda la verdad en el caso de Dilan, y que quienes sean responsables sean sancionados.

Es por eso que, siendo tímida, Denis ha tenido que salir a enfrentar públicamente, a través de sus redes sociales, decisiones que consideran inapropiadas, como la más reciente del Consejo Superior de la Judicatura, que puso en manos de la Justicia Penal Militar la investigación del caso.

Dilan Cruz

El lugar donde sucedieron los hechos ha sido intervenido de diferentes maneras los últimos meses.

Foto:

Mauricio Moreno. EL TIEMPO

“Tomamos esta decisión como un revés, consideramos que no se ha escuchado el clamor de quienes hemos sido víctimas y de miles de personas que se han solidarizado con lo sufrido con mi hermano”, expresó en un comunicado de prensa en su momento la familia.

Las hermanas Cruz, que están solas en esto mientras su madre cumple su condena, también han tenido que luchar para limpiar el nombre de Dilan, del que, lamentan, se han dicho muchas cosas falsas.

“Dicen que era un vándalo, un terrorista, que robaba, que atracaba, que vendía yo no sé qué, no, era un chico como cualquier otro, estudiaba, salía con sus amigos a fiestas y luchaba por su sueños. Él quería sacar rápido el bachillerato y ponerse a estudiar, me decía —porque yo salí de estudiar y me puse a trabajar— ‘yo no voy a hacer eso Denis, yo voy salir de estudiar y voy a seguir estudiando, no ve que es perder tiempo’".

Desde su sitio de reclusión, Jenny recuerda anécdotas con su hijo: cuando iba por sus notas al colegio, cuando sus amigos iban a buscarlo para ir a jugar, y revela cómo desea que lo recuerden. "Quiero que lo recuerden como un símbolo de la lucha por la educación, porque eso fue mi hijo, un gran símbolo de la lucha por la educación, porque él siempre se quiso superar, siempre, fue muy inteligente y quiso ser un gran profesional”.

ÓSCAR MURILLO MOJICA
BOGOTÁ EL TIEMPO
​@oscarmurillom

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