La historia de Martín, el gato más famoso del centro de Bogotá

La historia de Martín, el gato más famoso del centro de Bogotá

Con su corbata se roba las miradas de quienes se acercan al almacén de sus amos.

Gato Martín

Diego Campaña y su gato Martín comparten este céntrico local de corbatas.

Foto:

César Melgarejo / EL TIEMPO

Por: Carol Malaver
02 de marzo 2018 , 04:46 p.m.

Su pelaje negro con blanco, sus patas definidas, su porte de mayordomo, el cuello y la corbata que luce Martín lo han convertido en el gato más famoso del centro de Bogotá.

No se sabe quién le tomó la foto al portentoso, lo cierto es que rodó tanto por las redes que su prestigio ha rebotado por lugares inimaginables.  Lo que nadie sabe es que detrás de la imagen viral hay dos historias de vida que se encontraron en un pequeño almacén de la calle 18 n.° 7-81: La Corbata de Madera.

Comencemos por la de su padre adoptivo: Diego Campaña. Él y su hermana Olivia Trujillo, como muchos comerciantes de la zona, comenzaron vendiendo corbatas en la calle, sufrieron el frío y el sol, también los operativos policiales de los que salían sin una sola corbata. “Era duro. Colgábamos las prendas en una especie de ganchos pero eran también buenas épocas porque todos los ejecutivos nos compraban. Eso es lo bueno del centro. Imagínese una corbata en 5.000, eso era una ganga”.

Martin el gato

Su innata curiosidad le permite detectar ladrones robacorbatas. “Si uno lo ve cabeceando, algo está pasando”. El premio: una punta de arequipe, una pluma o una pelotica de juguete.

Foto:

Cesar Melgarejo / EL TIEMPO

Con el tiempo, la calle se fue tornando más dura: alquilaron una pared por 1’000.000 de pesos en una equina de ciudad. Eso es lo que se paga para sobrevivir en la urbe. Y así, con el paso de los días, todos esos jóvenes veinteañeros que forjaron sus vidas y las de sus familias colonizaron pequeños locales en la calle 18 para mantener su negocio de tirantas, camisas, corbatines y corbatas. Ejecutivos, actores, ingenieros, políticos, de todo ha pasado por estos locales.

Y ahí, en medio de esa historia, llegó Martín. Su vida también es digna de una película, y refleja el paso trágico de una especie antes rechazada que se ha venido ganando espacios en la tradicional Bogotá.

La madre de Martín fue una gata que arrojaron dentro de una cerca al azar. Víctor Blanco la rechazó, pero al rato volvió a arrimar y ya no pudo sacarla de su corazón. “La amé. Ella dormía con la familia, era la consentida hasta que un día la secuestraron, seguro por una vecina incómoda”.

Martin el gato

La madre de Martín fue una gata que arrojaron dentro de una cerca al azar. Víctor Blanco la adoptó. 

Foto:

Cesar Melgarejo / EL TIEMPO

Lo cierto es que cuando soltaron al animal murió de pena moral dejando una camada de gaticos a la intemperie, entre ellos a Martín. “A unos los vendí, a otros los puse en adopción. Uno se lo di a Diego, que me había pedido un gato negro”, dijo Víctor. Y así fue como ambos se encontraron. Martín creció en el almacén, entre corbatas y camisas. Su nombre se lo dio uno de los tantos clientes que ingresa al lugar.

Desde ese día es dueño y señor. “Venga, papachito, venga mi bebé, mi amor”, le dice Diego. Es solo una muestra del cariño con el que lo trata.

Lo del cuello y la corbata fue una idea que le surgió al dueño al ver que su pelaje parecía una especie de frac. Entonces, cuando el gatico tenía solo 4 meses, le diseñó los accesorios a su medida. El felino se acostumbró siempre sin chistar.

Todo era normal hasta que a Martín se le ocurrió posarse en la entrada del almacén. Una foto bastó para volverlo famoso. Una vez se llenó tanto el local que un policía pensó que estaban robando. “Cuando se dio cuenta de que el gato era la causa del tumulto, dijo: aich, yo también quiero una foto”, contó Diego.

Hay profesores de universidad que llevan a sus alumnos solo a retratar a Martín, y clientes que si no sale el michín, no compran, porque para ellos es un sello de calidad.

Al gato bicolor lo tratan como a un rey. “Es mi bebé. Siempre aparece de la nada. No lo quiero por la fama sino porque me ha traído amor o si no esto estaría lleno de gatos. Yo le doy sus pepitas, sus sobres, agüita fresca y él me agradece con sus locuras. También le doy pechuga, pero sin salsa, porque no le gusta y pide agua en vaso y a sorbos”.

No lo quiero por la fama sino porque me ha traído amor o si no esto estaría lleno de gatos

El afamado felino no sale del local, allí tiene cuatro dormitorios entra cajas, esquinas y escondites. Su juguete favorito es un oso panda de peluche que lo supera en tamaño, y lo que más odia es el paso de los caninos. “Apenas siente uno, comienza a gruñir. Las moscas lo vuelven loco”.

Su innata curiosidad le permite detectar ladrones robacorbatas. “Si uno lo ve cabeceando, algo está pasando”. El premio: una punta de arequipe, una pluma o una pelotica de juguete.

Martin el gato

Hay profesores de universidad que llevan a sus alumnos solo a retratar a Martín, y clientes que si no sale el ‘michín’, no compran, porque para ellos es un sello de calidad.

Foto:

Cesar Melgarejo / EL TIEMPO

Lo único malo es que se lo han intentado robar tres veces. “Una vez los de la energía le abrieron el carro y él se metió”, dice su ‘padre’ con las manos en la cabeza. Pensaron en comprarle un rastreador, pero los que había eran de frecuencia corta, no servían.

Aunque no era la idea, Martín se convirtió en sello del almacén, hay bolsas y tarjetas con su simpático atuendo. “Es que la gente comenzó a venir a comprar cuellos y corbatas para sus gatos. Mejor dicho, ¡sacó su línea!”, dijo Diego. De hecho, el peludo tiene su ajuar: corbatas verdes, amarillas, de rayas o pepas, cada día se pone una diferente, y ¡claro!, la azul, porque es de Millonarios.

Todo eso hace de Martín un gato especial. No hay otro en el mundo que ‘baje bandera’ antes que los vendedores.

CAROL MALAVER
SUBEDITORA BOGOTÁ
carmal@eltiempo.com

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