‘Mi mamá regaló a mis hijos’: el secreto que una mujer guardó 40 años

‘Mi mamá regaló a mis hijos’: el secreto que una mujer guardó 40 años

Esta es la historia de una mujer cuyos hijos fueron entregados ilegalmente a una pareja de Holanda.

Orfa Inés Gómez

Orfa Inés Gómez Múnera, de 60 años, decidió emprender la búsqueda de sus hijos. Ya su secreto fue revelado.

Foto:

Guillermo Ossa

Por: Carol Malaver
10 de mayo 2019 , 08:25 p.m.

Tuvieron que pasar más de 40 años para que esta mujer decidiera contar su verdad y buscar la forma de encontrar a sus tres hijos. No es fácil, sabe que la van a juzgar, aun sin saber la procesión interior con la que ha vivido.

La niñez de Orfa Inés Gómez Múnera no fue nada fácil. Contó que creció con su mamá, Martha Múnera; su padre, Carlos José Gómez, y sus cinco hermanos en Medellín. “Yo recuerdo que mi papá era celador y que mi madre no trabajaba, pero esa relación acabó y mi mamá tuvo luego más hijos con otro señor”.

Su infancia no fue normal, no hubo felicidad en aquellos años. Ella nunca sintió amor, y en cambio fue maltratada. El daño sicológico fue tan grave que incluso hoy le cuesta trabajo hablar del tema. “Yo siempre sentí que mis padres no me querían, por eso terminé saliendo de mi casa muy joven, a los 16 años. Durante un tiempo me fui a vivir con mi papá, pero él siempre me hizo sentir como una arrimada, y luego yo quería estudiar, pero me metieron en la cabeza que yo me tenía era que casar”.

Con la inocencia de una joven de 17 años terminó viviendo con Roberto Núñez, un hombre que la doblaba en edad. Ese fue el comienzo de una nueva pesadilla. “Yo le tenía miedo a mi esposo. Durante seis años me golpeó. Ponerme un vestido bonito era razón suficiente para que me maltratara. Fue tanto el dolor que incluso pensé en hacerle daño, pero al final esas ideas locas salieron de mi cabeza y lo planeé todo para huir”.

Pero eso no fue necesario. Su pareja la abandonó a ella y a sus tres hijos. “Tuve que buscar ayuda de unas tías, muchos familiares me dieron la espalda, me tocó trabajar en un fábrica de cuero en donde me explotaron y al final nunca me pagaron”.

Orfa no tuvo más remedio que dejar a sus hijos al cuidado de su abuela mientras trabajaba como camarera en un hotel. “Yo le daba el dinero que ganaba a ella para que no les faltara nada a los niños. Hasta ese momento todo iba bien, hasta que, siendo todavía muy joven, me enamoré de un señor. Fue mi madre la que insistió en que yo me tenía que dar otra oportunidad”.

Orfa Inés

Ella es Orfa Inés el día de su matrimonio con Roberto Núñez.

Foto:

Archivo particular

Su nueva pareja era un mulero, y aunque fue un buen esposo, al comienzo de la relación le pidió que hicieran su vida en el Tolima y que mantuviera con sus hijos una relación a distancia. “Esa fue una decisión muy dura para mí, lo único que me tenía tranquila es que con mi plata a mis primeros tres hijos no les faltaba nada o, por lo menos, eso creía yo en ese momento”.

Con el tiempo, Orfa se enteró de que su madre había dejado de trabajar, y luego de eso las llamadas para que se hiciera cargo de sus hijos se volvieron más reiterativas. “Un día, estando en Ibagué, ella me llamó para que fuera por mis hijos, pero yo le dije que no podía ir porque estaba en embarazo. Eso fue como en 1982”.

Luego, su madre le dijo una frase que nunca olvidaría: “Yo no sé qué voy a hacer con esos muchachitos”. Días después, cuando Orfa llamó a su abuela a decirle que iría muy pronto, ella le dijo: “Sabe qué, ni se aparezca por acá, su mamá regaló a los niños”.

Orfa recibió la noticia con todo el peso que el sentimiento de culpa proporciona en estos casos. “Apenas salí del embarazo me fui para Medellín, lloré mucho, le pregunté a mi madre por qué había hecho eso, le rogué que me dijera en dónde estaban, pero solo me dijo que había regalado a los tres juntos a una pareja de holandeses y que yo debí haber ido cuando ellas me dijeron”. Esa misma información se la confirmaron luego otros allegados a la familia.

Orfa los buscó por todos lados, pero sus conocidos le decían que ellos iban a estar mejor allá, era como si todos se hubieron confabulado para desaparecer a sus hijos de su vida. “Yo sé que era muy joven e inmadura en ese momento, pero yo los amo, yo soy su mamá. Cuando intenté buscar centros de adopción me decían que el lugar donde los habían entregado ya no existía”.

Esa fue una decisión muy dura para mí, lo único que me tenía tranquila es que con mi plata a mis primeros tres hijos no les faltaba nada o, por lo menos, eso creía yo en ese momento

Desde ese día, el paradero de los hijos de Orfa ha sido un misterio y un dolor que esta mujer ha llevado dentro de sí por miedo a que la juzguen, incluso sus hijos, los de su segundo matrimonio. “Cuando mi mamá se enfermó de cáncer de estómago, hace poco, yo fui la única hija que la auxilió en su agonía. Le volví a preguntar en dónde estaban, pero solo me dijo: ‘Perdóneme, perdóneme’. Así se fue con su secreto a la tumba”.

Orfa dice que nunca se sintió capacitada para buscarlos sola pues no tenía apoyo de nadie ni tampoco conocimientos. “Todos estos años me sentí impotente, pero ahora, que los hijos de mi segundo matrimonio son adultos, y que por cosas del destino se enteraron, ellos son los que me han dado la fuerza para gritar mi verdad y emprender la búsqueda. Si están bien, le agradeceré a Dios, pero, por lo menos, quiero que sepan la verdad”.

Su hija Lilian Jineth Rodríguez Gómez, de 37 años, vive hoy en Bogotá y es quien comenzó a buscar ayuda para encontrar a los hermanos mayores que nunca conoció. “Nosotros somos tres: yo y mis hermanos Yuli Yurany de 36 años y Ángel Humberto. Fue duro para nosotros enterarnos, pero cuando mi mamá habla de eso su cara se transforma de la tristeza. Ahora ya no vale la pena juzgar, más bien ayudarla a encontrar a sus hijos”. Todos vivieron en Medellín, en El Guamo (Tolima) y en Bogotá, pero hasta hace poco supieron el secreto de su madre, justo en el entierro de su abuela.

Luego, cuando confrontaron a su madre fue difícil que ella quisiera abrir su corazón, pero pasados unos días les mostró una foto partida en dos en donde ella salía con un vestido rojo. “Ese día y con ese vestido me casé y también comenzó mi pesadilla”, les dijo.

Lilian también dice que entiende a su mamá porque tuvo una infancia muy difícil al lado de su abuela alcoholizada y una familia que la rechazaba. “Por eso, cuando conoció a mi papá yo siento que ella encontró la estabilidad que nunca había tenido”.

Después de toda esta tristeza acumulada, Orfa, de 60 años, ya no quiere seguir guardando un secreto que solo le ha amargado cada día de su vida. En sus manos solo tiene el nombre de sus primeros tres hijos: Paula Andrea Núñez Gómez, nacida el 23 de agosto de 1977; Roberto Núñez Gómez, nacido el 28 de julio de 1974, y Julieth Núñez Gómez, de quien no guardan registro ni fecha de nacimiento. “Solo quiero saber qué fue de sus vidas, decirles que era una joven inexperta y miedosa, y que no fui yo quien los apartó para siempre de mi lado”.

Paula Andrea Núñez Gómez

Paula Andrea Núñez Gómez, nacida el 23 de agosto de 1977.

Foto:

Archivo particular

Casos extraños ocurrieron en todo el país

Alejandra Echeverry Botero también fue una niña adoptada que un día comenzó la búsqueda de sus orígenes biológicos. Fue feliz con sus padres holandeses en Medellín, donde vivió toda su vida, pero luego, cuando encontró sus respuestas, quiso unirse a la causa de la fundación Plan Ángel, una iniciativa de otra niña colombiana ahora adulta, Marcia Engel, adoptada por holandeses, que luego de encontrar a sus padres decidió armar una red de apoyo y búsqueda.

Echeverry se interesó por la pruebas de ADN autosómico que ayudaba a gestionar la fundación y que facilitaban que tanto padres como hijos que se hubieran realizado el examen aparecieran en una base de datos que les permitiera ir encontrando sus orígenes o nexos familiares. “Ahí fue en donde comencé a escuchar testimonios de muchas madres, y aunque casos hay de todos, hay unos que me llamaron la atención”.

Muchas de estas adopciones se dieron en los años 70 y 80, y varias de las mujeres que hoy buscan a sus hijos fueron de escasos recursos a quienes, por lo general, una mujer prestante les ofrecía ayuda durante su embarazo para subsanar los gastos que se desprendían de este. “Algunas, después de este primer contacto, terminaban en centros religiosos en donde, en efecto, les brindaban cuidado, alimentación y atención médica”.

Lo extraño es que cuando las mujeres ya querían hacerse cargo de sus hijos las engañaban de diversas maneras a fin de quitarles a sus hijos; por ejemplo, les decían que iban a llevar al bebé a algún examen, pero este nunca regresaba. “En ese momento les vulneraban todos sus derechos, les decían que ellas ya habían firmado un documento de adopción”. Estas mujeres, por lo general, eran analfabetas o con escaso nivel de escolaridad. Así, con esa crueldad, comenzaba la búsqueda de toda una vida.

La otra parte de la historia la tienen los adoptados que empiezan a buscar sus orígenes. “Ellos, cuando vienen al país, han encontrado muchas inconsistencias en los papeles de registro. Sin duda, hubo muchas irregularidades. Hace poco acompañé a una colombiana adoptada en Suiza a buscar sus registros de nacimiento. En la notaria se negaban a darle una fotocopia del folio. Le tocó pelear mucho hasta que se lo entregaron. Al final, el notario le dijo una frase salida de los cabellos: bueno, al final ese caso nunca me tocó a mí”.

Este capítulo de la historia en Colombia apenas comienza. Hoy, lo único que pueden hacer las víctimas es acogerse a los avances de la ciencia y sondear en las redes sociales a esos hombres y mujeres del mundo entero que buscan sus orígenes en Colombia.

CAROL MALAVER
Twitter: @CarolMalaver
Bogotá
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