Luna, la perrita adoptada por la Biblioteca Nacional

Luna, la perrita adoptada por la Biblioteca Nacional

Se convirtió en la mascota de la institución, tras ganarse el corazón de los funcionarios.

Luna

Rozagante y alegre, Luna cuenta con chaleco y carné de identidad.

Foto:

César Melgarejo / EL TIEMPO

Por: Felipe Motoa Franco
10 de agosto 2018 , 08:07 p.m.

Entrada de la Biblioteca Nacional. Luna escucha que la bibliotecaria exclama “Neymar”, y de inmediato se echa al suelo, muestra la panza y patalea. Es el último truco que le enseñó Natalia Jabonero, funcionaria de la institución. Recibe una galleta en compensación.

Esta perrita de origen criollo apareció en octubre del 2016, tan flaca como un pitillo, y hasta hoy se ha convertido en protagonista de una historia cómica, dramática y llena de ladridos.

Los primeros que la identificaron fueron los vigilantes, quienes de una noche para otra se vieron acompañados en sus rondas por esta ladradora de pelo castaño y corto. Su visita y compañía frecuente hicieron que se convirtiera en receptora de los mejores sobrados de comida, hasta que en oficinas y la propia dirección se enteraron de su existencia y falta de amo. Se le permitió una estancia en el parqueadero, de manera temporal, mientras se le buscaba un casa adoptiva.

De los sobrados se pasó al concentrado que empezaron a comprarle por recolecta para que ganara peso y con su aspecto sedujera algún hogar sin mascota. Pero las semanas pasaron, se cansaron de ofrecerla por voz a voz y redes sociales, y no apareció quién se la llevara. En cambio le adecuaron una casita de madera y comenzó a sentirse parte del lugar: la nombraron Luna del Socorro; el primer nombre, por el astro del cielo, obvio; y el segundo, en homenaje a Manuel del Socorro, el cubano que es considerado padre del periodismo colombiano.

Momo y Nube fueron otros 2 caninos que llegaron y fueron acogidos en el 2017. Desamparados, divagaban por las calles del centro, hasta que se hicieron amigos de Luna y esto les abrió las puertas del parqueadero.

El macho era un cachorro, a quien la jefa de la naciente manada acogió como si fuera su cría. Pronto hallaron quién lo adoptara. Mientras que Nube, preñada y en extrema delgadez, avanzaba en su proceso de recuperación, decidió evadir la reja, correr a la calle y ¡piiiiiiiiiii!, morir bajo las llantas de un vehículo que no alcanzó a frenar.

Cuentan los funcionarios que nunca habían visto llorar tanto a un vigilante como aquel que más se había encariñado con la fallecida. Tanto apreciaba al animal que hasta le hizo un entierro.

Mascota

Pasó más de un año y nadie se llevó a Luna. En cambio, cada vez se apropiaba más de su rol de guardiana. Alerta ante cualquier movimiento sospechoso, ahora corre hasta la zona posterior del aparcamiento y le ladra a quien por allí camine. Su escandalosa actitud pone sobre aviso a los custodios del lugar.

Su última experiencia en las calles la vivió en diciembre del 2017. El ruido de los juegos pirotécnicos, el pasado 7 de diciembre, le exacerbó los nervios y la hizo escapar en busca de silencio. La huida se convirtió en una desaparición que se viralizó en las redes sociales. Al menos 700 veces se compartió la publicación en que los funcionarios pedían ayuda para ubicarla. Y hubo éxito: una señora la encontró en la calle 170.

Hasta allí se desplazó un funcionario para devolverla a casa.

Por si fuera poco, hace unos meses Luna afrontó un proceso disciplinario. Una vecina salió a pasear con su perro, de gran tamaño, y se acercó a la reja que custodia la susodicha. El perro ladró y Luna respondió, se armó un tropel de colmillos y la mujer quiso separar a los enojados, con tan mala suerte que se llevó un mordisco de la que se apellida del Socorro.

La dirección y otros funcionarios se reunieron. Se contempló enviar a la señalada al Instituto de Protección Animal, pero la señora afectada testificó y reconoció su imprudencia. Luna fue absuelta y ahora cuenta con un carné que la identifica como mascota de la Biblioteca Nacional. Valga señalar que en varias ocasiones ha confundido el documento con juguete: ya sabrán ustedes lo que eso significa.

Felipe Motoa Franco
BOGOTÁ

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