La encrucijada de la ciudad con los cambuches venezolanos

La encrucijada de la ciudad con los cambuches venezolanos

A las 160 personas que están junto a la terminal del Salitre, se suman avivatos que reclaman ayudas.

Cambuches de venezolanos

Con plásticos y carpas, inmigrantes venezolanos montaron este refugio. Denuncian presencia de avivatos en la zona.

Foto:

Mauricio León / EL TIEMPO

15 de septiembre 2018 , 10:15 p.m.

La venezolana Ocarely Pérez agita la tapa de una olla a fin de mantener viva la llama para cocinar un arroz que prepara para 160 personas y ocho menores de 5 años. Son los inmigrantes que se han ubicado en cambuches, en inmediaciones de la terminal de transporte del Salitre, en el centro occidente de Bogotá.

Lo que empezó con un puñado de carpas, ahora es un campamento entero.

Son las 12:33 de la tarde del 13 de septiembre. La lluvia hace necesario usar chaqueta y obliga a todos a tensar las cuerdas de los plásticos. Tapetes viejos hacen de paredes en el improvisado refugio.

La mujer aviva el fuego y cuenta que llegó con su marido, Estani Loyo, hace quince días, desde el estado de Portuguesa, una tierra que era conocía como el granero de Venezuela. Ya no es así.

El hambre y la falta de trabajo y dinero los empujó a Colombia. Dejaron seis hijas con los abuelos y una hermana.

Al lado del arroz hay otra preparación con leche y zanahoria: la usan para la hidratación de la piel. “Es el clima de aquí: lluvia, sol, viento y la noche helada”, dicen.

Allí se han distribuido tareas de seguridad, cocina, aseo y recolección de agua; la situación adentro es más compleja de lo que se aprecia.

Los testimonios de autoridades distritales, de policías, de entidades nacionales y de los venezolanos que están por fuera de ese campamento señalan que hay choques de racismo entre ellos y se teme que estalle un enfrentamiento entre paisanos.

También, hay información de que llegan avivatos para aprovecharse de la ropa, la comida y del resto de ayudas. Es tanta la cantidad de vestuario nuevo y usado que los organismos de control y vigilancia como la Personería tienen información de que presuntamente muchos la reciben y la revenden en zonas populares como la plaza España (Los Mártires).

En una visita que hizo EL TIEMPO, se evidenció que hay varias situaciones que el Distrito, las autoridades nacionales y las demás organizaciones de ayuda humanitaria deberán resolver pronto.

La primera es la salida de estas personas del sector. Si bien el alcalde Enrique Peñalosa ordenó la creación de una gerencia para atender a los inmigrantes y la puesta en marcha de un supercentro de atención social en la terminal, la realidad es que tendrán que salir de esta zona, pues la ciudad no permite ningún tipo de asentamiento ni apropiación del espacio público.

Segundo, allí, sobre la carrera 68D con calle 22, se ha identificado que a diario llegan al menos 80 personas venezolanas desde diferentes localidades para rebuscarse a costillas de las ayudas, debido a que no hay personal del Distrito que canalice las ayudas.

Lo que se ha podido establecer de forma preliminar es que no todos son migrantes recién llegados, y las ayudas se quedan en manos de los avivatos, y no de los que realmente necesitan. Este asunto ya comienza a mostrar tintes de poder territorial.

La personera de Bogotá, Carmen Teresa Castañeda, dijo que a la falta de organización para la entrega de ayudas, así como la poca coordinación interinstitucional, se empieza a sumar el riesgo de crímenes. Así, se teme que el sitio sea permeado por trata de personas, explotación sexual, organizaciones delictivas y el fenómeno del narcomenudeo. “El crimen se aprovecha de esta situación de indefensión y de vulnerabilidad, y por eso hay que solucionarlo”, alertó Castañeda.

El próximo martes, a las 3:30 de la tarde, habrá una reunión entre altos funcionarios de las entidades para establecer cuál es el mecanismo de intervención social en la zona, sin vulnerar los derechos humanos. De hecho, en repetidas ocasiones el alcalde Peñalosa le ha pedido al Gobierno Nacional que les dé la nacionalidad o que por lo menos regularice su situación para poder brindarles programas sociales.

Sin embargo, hay detractores de las cifras del Distrito, pues consideran que están por debajo de la realidad. Información extraoficial apunta que no serían 150 migrantes los que llegan a diario a la terminal, sino el doble.

Todos los días veo llegar más y más gente en malas condiciones, con niños, con la esperanza de una ayuda. Pero ya se comienza a ver cómo la sociedad los rechaza

El taxista Andrés Barriga considera que esta situación es lamentable. “Todos los días veo llegar más y más gente en malas condiciones, con niños, con la esperanza de una ayuda. Pero ya se comienza a ver cómo la sociedad los rechaza”, dice el hombre, que ha pensado en adoptar, con su esposa y de forma legal, un niño de Venezuela. Los comerciantes del sector Salitre también dan sus reparos, pues invirtieron en sus negocios y hoy se sienten afectados.

Wilson (pide omitir su apellido), residente de Ciudad Salitre, dice que la situación es compleja porque no se les ha solucionado nada de fondo y el Distrito se dejó coger ventaja. Frente a su negocio hay 20 personas pidiendo limosna: “Se ha dañado la apariencia del barrio, los vecinos se quejan porque siempre piden plata y eso incomoda. Hay ladrones, se han robado bicicletas y celulares”.

Andrea Pinilla, trabajadora de la zona, advierte que la situación la confronta a ella de muchas maneras, pues, por un lado, está la ayuda que necesitan; pero por el otro, la forma como se ha afectado la llegada de clientes.

Sobre estas dificultades, Peñalosa les ha pedido a los bogotanos que no caigan en la trampa de la xenofobia y ha recordado la época en la que los colombianos, en medio de crisis, pasaron la frontera en busca de un mejor futuro.

Por su parte, la secretaria social del Distrito, Cristina Vélez, indicó que la respuesta en atención ha sido efectiva y que trabajan para que el tema no se desborde. Lo próximo es la apertura de un albergue transitorio para 50 personas por máximo tres días. El primer grupo que atenderán será el de los cambuches en la terminal; una vez los atiendan, deberán desalojar ese espacio público.

Octubre, clave para migrantes

Se espera que el 1.° de octubre se posesione la gerente para la atención de los venezolanos, María Angélica Trujillo, quien será la responsable de articular las acciones nacionales, distritales e internacionales. En paralelo, el Distrito deberá poner en marcha un supercade social en la terminal de transporte que les brinde información de primera mano a los migrantes, así como disponer de 50 albergues transitorios para la atención de los casos más urgentes, entre ellos los cambuches de Salitre.

Habrá también cuatro centros de atención al migrante en diferentes localidades.

HUGO PARRA GÓMEZ
EL TIEMPO
En Twitter: @hugoparragomez

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