La ciudad está a prueba / Voy y Vuelvo

La ciudad está a prueba / Voy y Vuelvo

Palabras como solidaridad, compasión y responsabilidad tendrán que estar en nuestro vocabulario.

Por vientos se redujo material particulado pero emergencia sigue en Bogotá

La Secretaría de Ambiente mantiene constante seguimiento a los factores externos que inciden en la calidad del aire.

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Mauricio Moreno. EL TIEMPO

Por: Ernesto Cortés Fierro
14 de marzo 2020 , 09:54 p.m.

En menos de cien días de gobierno, la alcaldesa Claudia López ha tenido que hacer frente a marchas y protestas (seis cada día, en promedio), dos emergencias ambientales y una pandemia universal: el coronavirus.

Ella ha estado a la altura de las circunstancias. Su popularidad llega al 65 % y hasta detractores políticos reconocen su tenacidad en estas coyunturas. 

Pero el desafío no ha sido solo para López y su equipo. También para los bogotanos y para la ciudad. Soportar estoicamente que la capital se semiparalice con cada manifestación, aceptar la extensión horaria del pico y placa para contribuir con el medio ambiente y acatar las medidas para hacerle frente al covid-19 (lavarse las manos cada tres horas, hidratarse, reflexionar sobre nuestro estado de salud y proteger a los adultos) merece un autorreconocimiento. Y no es exageración.

Sin embargo, de todas estas vicisitudes, la del virus transnacional, que cobra vidas, cierra ciudades, aísla al planeta y cambia hasta el saludo de las personas, es la que más va a requerir de la comprensión, paciencia e ingenio de los bogotanos y no bogotanos. En adelante, palabras como solidaridad, compasión y responsabilidad tendrán que estar en nuestro vocabulario.

No más arengas, no más soberbia, no más populismo, no más quejadera. Lo que está por sucedernos, esto es, que el virus alcance su pico más alto en poco tiempo o que podamos controlarlo para evitar tragedias mayores, va a depender de toda la sapiencia institucional, pero, sobre todo, de la manera como los ciudadanos nos protejamos y protejamos a los demás, que, en últimas, es la mejor forma de cuidarnos todos.

El virus transnacional, que cobra vidas, cierra ciudades, aísla al planeta y cambia hasta el saludo de las personas, es lo que más va a requerir de la comprensión, paciencia e ingenio

Hablando con los doctores Jorge Marín, del Instituto de Salud Pública de la Universidad Javeriana, y Luis Jorge Hernández, especialista en epidemiología y coordinador del área de Salud Pública de la Universidad de los Andes, el panorama, por contundente que parezca, es claro: hasta ahora estamos viendo la punta del iceberg de la enfermedad.

Hay que estar preparados para una cuarentena, sin remilgos ni aspavientos, apelando a las lecciones que nos dejan los casos críticos de otras ciudades del mundo. Y entender que los afectados se multiplicarán. Esto significa que la ciudad, sus autoridades y sus habitantes, tenemos que hacer causa común para encontrar el virus (los sospechosos de portarlo) y atenderlos debidamente.

Marín y Hernández me hacían caer en cuenta de lo siguiente: el 35 % de la población bogotana es mayor de 69 años, es decir, la más vulnerable al coronavirus. ¿Cómo los vamos a proteger? ¿Cómo los vamos a atender ante una eventual emergencia? ¡Pues con autocuidado!, como pidió la alcaldesa. Nada de distraernos en si son muchos casos o pocos casos, o rasgarnos las vestiduras cuando se presente la primera víctima fatal. Hay que irse preparando para todo eso, tomar las cosas con calma y actuar con serenidad y responsabilidad.

El reto se vuelve mayor si tenemos en cuenta que, de acuerdo con estos expertos, en el ambiente hay alrededor de quince virus, incluyendo el covid-19, y se han alineado tres fenómenos: emergencia ambiental, emergencia por enfermedades respiratorias típicas de esta época y el coronavirus.

López recordaba esta semana que Bogotá y los bogotanos hemos superado otras alertas en el pasado: la de Chingaza, en 1997 (que nos obligó a ahorrar agua), la de la influenza H1N1 (que produjo 72 muertos en 2009) y ahora esta.

De ellas salimos y de la actual saldremos. “Cuando se tienen ojos de ciudad no se ve a la gente invisible”, decía Salman Rushdie. Pues bien: no invisibilicemos el problema tratando de ignorarlo o tratando de eludir los consejos básicos que sabemos que hay que seguir. No ignoremos a quien nos necesita ni pretendamos esquivar los síntomas.

Actuar en consecuencia es la mejor manera de enfrentar el desafío más grande que hemos tenido en centurias.

Las ciudades de hoy no son como las de hace siglos, cuando se combatían las pestes desterrando a los enfermos o ejecutándolos. Bogotá ciertamente está pagando un costo en términos de turismo, espectáculos, entretenimiento, productividad, etc. Pero lo está pagando también el mundo y todos están poniendo a prueba su capacidad de resiliencia.

Acá no seremos la excepción y la historia lo confirma. Siempre habrá tiempo para recuperarnos de todo esto y volver a empezar, pero el tiempo es implacable con aquellos que se dejan coger ventaja.

¿Es mi impresión o… se ha desatado una puja entre políticos a ver quién anuncia primero alguna medida contra el covid-19?

ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe de EL TIEMPO
En Twitter: @ernestocortes28

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