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La nota en un papel que destapó casos de acoso sexual en Cajicá
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Jorge Villalobos, el publicista acusado de presunto acoso sexual a varias mujeresJorge Villalobos, el publicista acusado de presunto acoso sexual a varias mujeres
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EL TIEMPO

La nota en un papel que destapó casos de acoso sexual en Cajicá

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Jorge Alberto Villalobos es señalado por varias mujeres por presuntos casos de acoso y abuso.

“Amiga, necesito un abogado, ¡ayuda!”. Esa fue la nota que recibió un día Alejandra Hernández –directora de Público Cajicá, activista y deportista– de una mujer que trabajaba con el publicista Jorge Alberto Villalobos y que junto con varias mujeres comenzaron a revelar los extraños comportamientos de este hombre.

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Ella lo había conocido como un profesional exitoso, un buen ser humano que se preocupaba por Cajicá y sus problemas, y un hombre entregado a su trabajo, pero a medida que iba recibiendo más denuncias, esa imagen se comenzaba a deformar.
Villalobos no es un personaje desconocido. Lo reconocían en mucho ámbitos como un líder empresarial. En varias entrevistas afirmó haber nacido en Cajicá, Cundinamarca, ser de origen humilde y de una familia numerosa. “Somos muy unidos y nos inculcaron muchos valores. Crecí en Cajicá”.

Hasta hace poco era conocido como un hombre casado, amante de los gatos y de los perros, y contaba que no había tenido hijos, razón por la cual dedicó su vida a trabajar por su entorno.

En cuanto a lo profesional, siempre se presentó como publicista, aunque también decía haber cursado estudios en formación gerencial, administración financiera y gerencia logística, y que eso le había permitido laborar en varias disciplinas.

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Villalobos es muy conocido en el centro de la ciudad. De hecho, contaba que había realizado trabajos sociales en zonas conocidas como Cinco Huecos y el Cartucho, y hablaba con seguridad de la descomposición social que reinaba en esos sectores. Tuvo varios cargos directivos en centros comerciales de San Victorino, y sus logros lo hicieron acreedor de varios premios.

Dice ser fundador de El Madrugón e impulsador de las marcas y la confección en la capital. Sin embargo, esa etapa terminó y había decidido retornar a Cajicá con la intención, decía, de trabajar por el municipio que lo vio nacer.

“Me duele pasar por la calle y que no recojan un papel, quiero trabajar por el medioambiente”, decía a quienes lo entrevistaban. Ponerle freno a la intolerancia en el municipio era uno de sus propósitos, luchar contra el crecimiento desorganizado; la seguridad, la movilidad, los derechos de los animales, y en contra del maltrato. La pregunta ahora es: ¿qué pasó con esa imagen de líder social y hombre ejemplar?

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La denuncia

Cuando Alejandra Hernández recibió la primera denuncia no lo podía creer. Conocía a Jorge desde el 2019 cuando se desarrollaron las campañas para la elección de la alcaldía del municipio, y además, la sede de Público Cajicá queda al lado del restaurante donde él es uno de los socios. “En 2020 me llegó una nota de una mujer que me pedía la ayuda de un abogado. Yo, la verdad, quedé muy asombrada”, asegura.

Luego, cuenta, alguien golpeó a su puerta y cuando abrió vio a dos mujeres llorando. “Ellas me contaron que Jorge las había estado acosando sexualmente. Desde ese momento desconfié de él, pues asocié eso con algunos comentarios que había escuchado de él. De inmediato comencé a indagar”.

Al día siguiente la acompañé a poner la denuncia en la Fiscalía de Chía, pero el proceso ha sido bastante lento, pues, hasta donde sabemos, el abogado de Jorge ha interferido bastante

Los días pasaron, y sus sospechas se incrementaron; una colaboradora de Alejandra le contó que Jorge se había sobrepasado con ella. “Para febrero tuve un evento compartido con el restaurante, y ahí pude conocer de cerca a las chicas que trabajaban en la oficina con Jorge; ellas estaban padeciendo del mismo acoso, y una había renunciado por lo mismo”. Según Alejandra, todas estaban muy asustadas y no sabían a quién acudir o cómo manejar la situación.

Como una bola de nieve, esta activista comenzó a encontrar más y más denuncias, y fue así como, por su cuenta, recopiló testimonios y pruebas.

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Pero solo el 11 de marzo conocieron el caso de Evelin, una mujer que aseguró haber sido víctima de abuso a manos de Jorge. “Al día siguiente la acompañé a poner la denuncia en la Fiscalía de Chía, pero el proceso ha sido bastante lento, pues, hasta donde sabemos, el abogado de Jorge ha interferido bastante. Ahora la investigación la lleva la Fiscalía de Zipaquirá”.

Esta joven venezolana se encargaba del aseo y los servicios generales, y ella fue quien contó a través de un video lo que le había pasado. Relató el drama que vivió, primero dentro de un vehículo y luego en cada esquina del restaurante, y cómo, manipulada y amenazada, ella fue violentada en varias ocasiones; también, que se sentía enferma tras los constantes abusos. “Luego de todo lo que me había hecho me pidió perdón. Yo no lo podía creer. Sabía todo el daño que me había hecho”.

Primero les daba dinero, les decía que no le contaran a nadie, luego las invitaba a comer y así, de a pocos, iba convenciendo a algunas de sus víctimas de que le debían favores, que si tenían trabajo era gracias a él. “Un día me invitó a tomar un café y, en un carro blanco, comenzó a tocarme. Me decía que si yo quería estar bien, que lo complaciera. Ese día abusó por primera vez de mí. Luego me dijo que si contaba algo, me iba a meter en problemas”, dijo en el video. Y también, que muchas personas se dieron cuenta de esta situación, pero que nadie hizo nada.

Al tiempo que esta joven decidió denunciar formalmente, otras dos empleadas de lugar hicieron lo mismo. Todas dicen haber sido víctimas de palabras vulgares y tocamientos impropios. “Siempre nos decía que nos teníamos que arreglar para él, y me decía que recordara que yo tenía un hijo”, dijo otra de las afectadas.

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A otras las humillaba con palabra soeces delante de otros empleados del restaurante, les decía ‘fea’ o ‘bruta’, que todo lo hacían mal y solía recordarles por qué necesitaban el trabajo.

Al percatarse de toda esta pesadilla, hasta la administración del restaurante se pronunció. “Desde el mismo momento en que se tuvo conocimiento de las denuncias en contra del señor Jorge Alberto Villalobos Herrera se adoptaron medidas con el fin de que este socio esté completamente apartado de las decisiones y operaciones de la empresa, hasta que la justicia colombiana emita un fallo que defina su situación personal”.

Las autoridades también investigarán si los socios del lugar tenían o no conocimiento de los hechos. En la carta agregaron que se trata de una hecho ajeno a la voluntad de los otros socios del restaurante y la plaza de mercado, así como de los empleados. “Trankilo condena este tipo de actos y desde el primer momento solicitó celeridad a las autoridades respecto de las denuncias que se presentaron”. También expresaron solidaridad para con las víctimas y sus familias. Por su parte, la Fiscalía General de la Nación le dijo a EL TIEMPO que, por ahora, cursan las investigaciones y que hasta que no haya una decisión formal no se les informará nada a los medios de comunicación.

El periódico EL TIEMPO ha intentado buscar al representante legal de Jorge Alberto Villalobos o su testimonio ante la avalancha de mujeres que escriben para contar los abusos a los que fueron sometidas por su comportamiento, pero hasta el momento no ha sido posible ubicarlo.

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Mujeres en San Victorino dicen haber sido maltratadas mientras trabajaban con el publicista

Desde que se conocieron las denuncias de las jóvenes de Cajicá, no han parado de llegar cartas de mujeres que dicen haber sido víctimas de Jorge Alberto Villalobos en el sector de San Victorino, pero, según Alejandra Hernández, solo hay tres denuncias formales. “La idea es que las mujeres pierdan el miedo y denuncien”.

EL TIEMPO conoció de varios casos que se remontan a esa época. Una de ellas es Victoria*. Ella trabajaba en el centro comercial Visto. En ese momento, cuenta, él se desempeñaba como gerente comercial. “Eso fue el 27 de noviembre de 2018. En ese lugar tuve el primer contacto con el señor Villalobos”. Desde que lo conoció se mostró con actitudes muy raras. Recuerda que en el lugar pululaban modelos de todas las edades para realizar desfiles y tomas de fotografías de catálogos. “Siempre las tocaba de una forma terrible, era bastante abusivo. Yo tuve que ocultarle muchas cosas mientras la oficina estaba sola, el solía madrugar muchísimo y a esas horas hacía de las suyas. Yo estaba manipulada por él, en eso es experto”. Aparte del acoso sexual del que eran víctimas las mujeres que trabajaban con él, Victoria cuenta que acosaba a su equipo laboralmente. Relata que los hacía llorar, les decía que eran una partida de mediocres, que no iban a salir adelante si pensaban que lo que tenían que hacer era cumplir un horario. Los trabajaba psicológicamente para comprometerlos con el centro comercial, pero sin la remuneración justa. “Era un lavado de cerebro terrible”.

Cuando Victoria comenzó una relación con un compañero de trabajo, las cosas empeoraron para ella. “Como yo nunca accedí a sus pretensiones sexuales, eso creó como un capricho en él. Cuando pasaba a su lado me cogía la cola, si iba en falda intentaba levantarla, buscaba tocarme mis partes íntimas. Mejor dicho, con él uno no podía tener una conversación si no había un tinte sexual”. Con el tiempo, todo fue empeorando porque en él había surgido un sentimiento de rencor con la incipiente relación de Victoria. “En septiembre de 2019 yo estaba almorzando cuando, de repente, él entró a donde estábamos, me agarró del pelo frente a mis compañeros, me tiró al piso e intentó coger la comida y tirármela encima”. Solo una de sus compañeras le gritó: “¡No! ¿Qué vas a hacer?”. Los demás se quedaron congelados, eran conscientes de su poder, estaban asustados.

Otra víctima le contó a EL TIEMPO que trabajó con él dos meses en el Gran San en el 2010. “Inicialmente, el trato fue cortés, pero me hicieron firmar un documento en el que yo afirmaba que como empleada no recibía acoso laboral, fue raro”.

Luego le decía que no podía hablar con hombres. No comprendía su comportamiento, pero igual hizo caso, ella solo quería hacer su trabajo. “Luego me mandaba a llamar a la oficina, buscando excusas para preguntarme sobre mi vida personal de manera obscena; eso ya no me pareció normal, yo le explicaba que eso no le interesaba porque era mi vida personal. Me decía que era una mojigata, que cuántas no querrían tener un hijo de él, pero que no iban a poder porque él era estéril”.

Otro día, en una junta a la que esta mujer entró, inventó intimidades de ella y también dijo en reunión que si requerían algún servicio, ella les podía colaborar. “Los que estaban ahí, en vez de apoyarme se comenzaron a reír”. Ella contó que solía humillar a los empleados con palabra soeces. “Renuncié en una ocasión que me mandó llamar a su oficina, me tomó de los brazos con fuerza y me intentó besar”.
Finalmente, esta mujer se fue. Y así hay varios testimonios. Por lo pronto, estas mujeres solo claman una investigación y, por fin, justicia.

CAROL MALAVER
SUBEDITORA BOGOTÁ
Escríbanos a carmal@eltiempo.com 

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