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‘Jorge Villalobos me cogió del pelo y me tiró al piso’
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Jorge Villalobos, el publicista acusado de presunto acoso sexual a varias mujeresJorge Villalobos, el publicista acusado de presunto acoso sexual a varias mujeres
Jorge Villalobos

EL TIEMPO

‘Jorge Villalobos me cogió del pelo y me tiró al piso’

Una joven cuenta lo que vivió con el  publicista involucrado en denuncia de acoso sexual en Cajicá.

Luego de que se conociera públicamente la denuncia de varias mujeres en Cajicá que habrían sido presuntamente  acosadas sexualmente por el publicista Jorge Alberto Villalobos Herrera comenzaron a aparecer más víctimas de su extraño comportamiento, pero ya no en el restaurante en Cajicá, sino en su paso como empresario en el sector de San Victorino.

Una de ellas es Victoria*. Ella trabajaba en el Centro Comercial Visto, ubicado en el centro de Bogotá. En ese momento, cuenta, él se desempeñaba como gerente comercial. “Eso fue como el 27 de noviembre de 2018. En ese lugar tuve el primer contacto con el señor Villalobos”.

Esta joven ingresó a trabajar allí  y cuenta que desde que lo conoció se mostró con actitudes muy raras, intentaba tener acercamiento con ella. “En ese momento, la administración estaba muy escasa de personal, éramos solo cinco personas”.

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Según cuenta, Villalobos hacía de las suyas en su oficina en la que tenía un baño privado y su sofacama. “Él solía hablarme siempre de su trayectoria, era muy reconocido como publicista. Se ha ganado premios o eso decía. Cuando lo conocí me preguntó muchas cosas de mi vida personal, que con quién vivía, que si tenía novio, hijo. Es como si estuviera buscando algo vulnerable en mí”.

Victoria dice que con ella no logró mucho porque no tiene hijos ni problemas económicos graves, pero que, en cambio, su personalidad la ayudó a que él le tuviera cierta confianza. “Eso me hizo darme cuenta de muchas cosas. Él trabajaba con varias mujeres pero una de ellas era vulnerable, con problemas, y yo supe que él le pedía favores no muy sanos a  cambio de beneficios para ella. Todo eso lo hacía en su oficina”.

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Conoció a la joven en el sector y de allí la llevó a que trabajara en el área administrativa. Esa, dicen, era su forma de manipular. “Esa fue la primera actitud rara que yo conocí de él. Creo que él usaba a las mujeres para sumar puntos en sus negocios con otros empresarios”.

Victoria cuenta que en el lugar pululaban modelos de todas las edades para realizar desfiles y tomas de fotografías de catálogos. “Siempre las tocaba de una forma terrible, era bastante abusivo. Yo tuve que ocultarle muchas cosas mientras la oficina estaba sola, el solía madrugar muchísimo y a esas horas hacía de las suyas. Yo estaba manipulada por él, en eso es experto”.

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Siempre las tocaba de una forma terrible, era bastante abusivo. Yo tuve que ocultarle muchas cosas mientras la oficina estaba sola, el solía madrugar  y a esas horas hacía de las suyas

Aparte del acoso sexual del que eran víctimas las mujeres que trabajaban con él, Victoria cuenta que acosaba a su equipo laboralmente. “Cuando pasó a ser gerente general todo fue una pesadilla. El tipo nos hacía madrugar, a horarios superextensos de trabajo. Los lunes hacía una reunión a las 5:45 de la mañana y si uno llegaba un minuto tarde, las humillaciones eran terribles”.

Cuenta que los hacía llorar, les decía que eran una partida de mediocres, que no iban a salir adelante si pensaban que lo que tenían que hacer era cumplir un horario. Los trabajaba psicológicamente para comprometerlos con el centro comercial, pero sin la remuneración justa. “Era un lavado de cerebro terrible”.

Cuando Victoria comenzó una relación con un compañero de trabajo las cosas empeoraron para ella. “Como yo nunca accedí a sus pretenciones sexuales, eso creó como un capricho en él hacia mí. Cuando pasaba a su lado me cogía la cola, si iba en falda intentaba levantarla, buscaba tocarme mis partes íntimas. Mejor dicho, con él uno no podía tener una conversación normal si no había un tinte sexual”.

Victoria dice que a ella y a su compañera las mostraba ante los empresarios como si fueran mercancía. “Cuando se reunía con ellos nos llamaba y parecía como que nos vendía, algo como: 'mire, esto puede ser suyo'”.

Las empleadas tenían siempre que esperar a que él se fuera para poderse ir a sus casas y a veces les pedía que lo acompañaran hasta la calle 170. Allí también persistían las conversaciones difíciles. “Luego nos dejaba botadas. A mí como me tenía algo de respeto me contó muchas cosas sobre su vida y sus deudas”.

Con el tiempo todo fue empeorando porque en él había surgido un sentimiento de rencor con la incipiente relación de Victoria. “En septiembre de 2019 yo estaba almorzando cuando, de repente, él entra a donde estábamos, me agarró del pelo frente a mis compañeros, me tiró al piso e intentó coger la comida y tirármela encima”. Solo una de sus compañeras le gritó: '¡No! ¿Qué vas a hacer?'. Los demás se quedaron congelados, eran conscientes de su poder, estaban asustados.

Victoria quedó aterrada, se paró y se fue al baño a llorar. “Luego hice como una catarsis y empecé a buscar opciones laborales. Cuando tomé la decisión de irme, obvio, nunca se lo dije y cuando él se fue pasé la carta. Es que yo sabía que cuando las personas renunciaban él las llamaba para amenazarlas”.

Cuando pasaba a su lado me cogía la cola, si iba en falda intentaba levantarla, buscaba tocarme mis partes íntimas

Pero cuando la joven fue a reclamar su liquidación pasó lo que se esperaba. “Ese día fui con mi hermano, pero él no me dejó entrar a su oficina con él. Me gritó que por qué me había ido y yo le grité que por abusivo, por maltratador, por coger mi cuerpo, porque me tiró al piso y ahí sí me entró a su oficina”.

Pero allí, como lo esperaba, le dijo que si contaba algo de lo que había vivido, él tenía chats y fotografías de ella. “A pesar de que yo sabía que no tenía nada mío, sentí terror de su poder y por eso nunca denuncié. Duré una hora encerrada escuchándolo y finalmente me pude ir, acabó la pesadilla”.

Victoria dice que este hombre tiene mucho poder, gente famosa que lo conoce y que por eso nunca había caído, hasta ahora, cuando a raíz de la denuncia de varias mujeres que trabajaron con él en un restaurante de Cajicá comenzaron a hablar. “Hoy que las escucho, creo que me salvé de que me pasara algo peor. Ahora sí quiero dar mi testimonio. Estos abusos no se pueden quedar así. Él tiene que pagar por todo lo que ha hecho con las mujeres. Ese tipo es una porquería, no merece sino que los encarcelen. Él tiene cómplices, muy poderosos y una habilidad increíble para manipular”.

EL TIEMPO intentó buscar a Villalobos, pero no ha sido posible su ubicación. Este periódico seguirá intentando encontrar su versión de los hechos.

REDACCIÓN BOGOTÁ
Escríbanos a carmal@eltiempo.com si usted ha sido una víctima en este caso 

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