Qué lleva a un conductor a convertirse en un asesino en potencia

Qué lleva a un conductor a convertirse en un asesino en potencia

La psicología del tránsito ya es materia de investigación. Vea por qué.  

La ira, un problema que afecta a los conductoresLa ira, un problema que afecta a los conductores
Conductores

César Melgarejo / EL TIEMPO

Por: Carol Malaver
27 de mayo 2018 , 04:27 p.m.

¿Qué puede llevar a una persona que sale tranquila de su casa y luego se monta en su vehículo a convertirse en un asesino en potencia? No exageramos. Algunos conductores en Bogotá se equipan con palos, cuchillos, machetes, crucetas y llaves, y los que no, convierten hasta las monedas que cargan en armas potenciales cuando estallan en ira en plena vía. La ciudad está llena de historias que así lo corroboran.

Con mucho afán, Alexánder, publicista, se dirigía hacia las oficinas de un operador de telefonía celular, pero cuando cruzó la calle, un conductor le alcanzó a rozar la rodilla. “El tipo se bajó del carro, yo pensé que a disculparse, pero, en cambio, me gritó que si le iba a romper el carro. Pues eso me hizo entrar en cólera y le di una patada a la puerta. Quedó la lata doblada y le dije: ahí sí le jodí su chatarra”.

Entonces el conductor lo tomó por el cuello y Alexánder le dio un puño que lo tumbó al suelo. Los testigos llamaron a la policía y los dos terminaron en el CAI más cercano. “Nos tocó conciliar”. Para fortuna del peatón llegó la familia del hombre al volante. “La esposa le dijo con furia: ‘¡Yo sabía que un día de estos ibas a terminar en un lío peor!’. Eso me benefició pues los policías le dijeron que si no controlaba su ira, un día no iba a contar el cuento”.

Una escena parecida captó el fotógrafo de EL TIEMPO César Melgarejo. El 14 de marzo de este año, en la avenida Boyacá con calle 26, a mediodía, un conductor y un peatón se enfrentaron porque el segundo cruzó la calle sin mirar. Las groserías encendieron el ambiente y los dos buscaron palos para enfrentarse a golpes. Hay más. Qué decir del que es capaz de sacar una llave para rayar el carro del que lo cierra, el que se baja para romperle a piedra el panorámico del sitp conducido por una mujer (según TransMilenio, ya van cinco operadores agredidos este año).

Y, claro, faltan los que se ensañan contra los aprendices. “Estaba practicando con mi instructor en el carro blanco y por no saber orillarme una señora me cerró, abrió la ventana y me dijo: ‘Rata’. Yo quedé pasmada”, contó una mujer.

Lo que pocos contemplan es que una rabieta, que puede llevar a una persona a cometer un delito o, incluso, un asesinato, también desencadena una serie de problemas de salud no solo físicos, sino psicológicos.

Pero ¿qué le pasa a una persona cuando se enfrenta al tráfico? Según Luis Jorge Hernández, miembro del grupo de Salud Pública de la Universidad de los Andes, aparece la tensión y el estrés psicosocial. “Aumentan hormonas como la adrenalina y el cortisol, que desencadenan la agresividad”. También se acelera la tensión arterial y la irritabilidad. “En el trancón, los ciudadanos están más expuestos a la contaminación del aire, lo cual puede influir en una menor oxigenación”, añadió el médico salubrista.

Este tipo de situaciones está haciendo que más profesionales, instituciones y gobiernos en el mundo centren su atención en un área relativamente nueva: la psicología del tránsito. ¿Por qué? Según el argentino Mario Trógolo, docente asociado del Politécnico Grancolombiano de Colombia, porque los accidentes de tránsito constituyen la quinta causa de muerte a nivel global y la primera en jóvenes de 18 a 29 años. “Pasa en los países de nuestra región y no solo deja secuelas en la vida de las personas, sino costos para el Estado. Los que están falleciendo están en edad activa”.

En países de medianos y bajos ingresos, el dinero que destina el Estado a solventar los gastos por asistencias a las víctimas en accidentes de tránsito o por discapacidad representa entre el 3 y el 5 por ciento del producto interno bruto, que es mucho, explicó el experto. “Esto también afecta el desarrollo de países con economías emergentes. Los ciudadanos tienen un optimismo no realista que hace que piensen: a mí no me va a pasar”.

Según Trógolo, cuando se analiza la inseguridad vial, en el 90 por ciento de los casos los accidentes de tránsito dependieron de factores derivados del conductor. “Eso explica por qué, a pesar de que los países mejoran en infraestructura y medidas restrictivas, los accidentes no disminuyen”. Por eso adquiere mayor importancia la psicología del tránsito, reconocida en 1990, porque explica cuáles son los factores psicológicos que influyen en los comportamientos y las decisiones que se toman al volante. “Lastimosamente, solo en pocos países como España, Noruega, Finlandia, Estados Unidos y Holanda se ha profundizado en estudios. En América Latina las investigaciones son pocas”, dijo Trógolo.

El aquí llamado trancón hace que los humanos experimenten emociones como la ira sin que necesariamente sean agresivas. “Las personas consideran que desplazarse de un lugar a otro es una pérdida de tiempo. De esa concepción parte el enojo y, por ende, los comportamientos agresivos”, comentó Trógolo.

Otra explicación importante es que la gente carga con frustraciones que no han sabido canalizar y los atascos son el escenario perfecto para desfogarse con desconocidos. “La ira es una mezcla de tristeza y miedo por un acontecimiento negativo que produce frustración, esto implica que la energía de un deseo, por ejemplo, llegar a tiempo, quede obstaculizada. Por lo tanto, se produce una sobrecarga de energía en el organismo que necesita un camino de expresión”, dijo Gloria Alzate, psicóloga de la Universidad Javeriana, pero agregó que cuando se descarga la ira de manera agresiva, el problema no se soluciona, porque esta es mínima y el efecto negativo es máximo, es decir, se termina empeorando la situación.

Más grave todavía es la ira que padecen quienes tienen más exposición al tráfico, es decir, conductores de servicio público, motociclistas, taxistas, mensajeros, entre otros que usan los automotores como herramienta de trabajo. “Ellos son más propensos a sufrir de problemas de salud derivados de este tipo de emociones”.

De acuerdo con Alzate, para poder canalizar la energía de una manera positiva, el psicólogo Daniel Goleman, en su libro Inteligencia emocional, señala la importancia de posponer la respuesta agresiva, es decir, no actuar en caliente, contar hasta diez, hasta veinte, salirse de la situación si es necesario, hasta generar una respuesta que no provenga desde nuestro cerebro primitivo, si no desde la corteza donde se manejan las emociones con conciencia, con autocontrol.

Su salud, la más perjudicada

Problemas cardiovasculares. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), estos son la principal causa de defunción en todo el mundo.

Insomnio. Falta anormal de sueño y dificultad para conciliarlo.

Depresión como reacción emocional negativa secundaria.
Según Trógolo, este trastorno de salud mental se caracteriza por la pérdida de interés en las actividades. Una persona con ira no la pasa bien si no conduce esa emoción.

Lesiones físicas.
Muchas explosiones de ira terminan en golpes y, por ende, en fracturas o contusiones, sobre todo cuando se utilizan objetos para agredir o incluso armas.

¿Qué hacer para controlar la ira?

Para los estudiosos del tema de la ira, no todo está perdido, a pesar de que no haya soluciones a corto plazo para los embotellamientos viales.

Trógolo dice que es importante aprender a planificar la ruta, revisar por cuales lugares nos conviene transitar, pensar por un segundo si realmente se necesita el carro o si sería mejor usar medios alternativos como el transporte público, la bicicleta o el desplazamiento a pie. “Así se evitan situaciones que despiertan ira”.

Hoy ya existen programas de reeducación emocional de conductores. Ahí se les ayuda a tratar la emoción de una manera no agresiva. “La persona aprende a monitorear cómo se está sintiendo”. Otro aspecto importante es trabajar en la percepción del tiempo. “¿Qué pasa si yo pierdo un segundo? ¿Realmente es importante y me afecta? Ahí hay que hacer una reevaluación positiva, que es cuando me encuentro con una situación negativa, pero yo la reinterpreto. Eso ayuda”, dijo el experto.

También es fundamental el ejemplo, pues los padres ejercen una influencia importante sobre el comportamiento de sus hijos. A eso le llaman trasmisión intergeneracional de los comportamientos en el tránsito. El papel del copiloto es muy importante. “Este no debe gritar, llorar o reforzar los comportamientos agresivos del conductor”.

Finalmente, hay que tener cuidado con tareas secundarias durante la conducción, como escuchar música estruendosa, chatear o trabajar, pues estas reducen la activación de zonas del cerebro y de estímulos visuales y auditivos.

“Pequeñas distracciones en el tránsito pueden generar comportamientos que afectan la seguridad vial”, concluyó Trógolo.

CAROL MALAVER
Sub Editora Bogotá
En Twitter: @Carol Malaver
carmal@eltiempo.com

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