La perrita yorkie que fue asesinada a patadas en un ataque de ira

La perrita yorkie que fue asesinada a patadas en un ataque de ira

En julio de 2016, el animal fue golpeado por un hombre porque horas antes había mordido a su hijo.

Blair

Blair tenía aproximadamente cuatro años. Murió, pero su caso alcanzó a estar cobijado por la Ley 1774 de enero de 2016, la cual confiere derechos a los animales.

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Por: Yuliana Narváez Ángel
06 de junio 2019 , 11:29 a.m.

La noche del miércoles 13 de julio de 2016, Blair, una perrita raza yorkie de cuatro años fue asesinada a patadas por un hombre que se dejó llevar por la ira.

“Nuestra empleada dice que Carlos Mora iba con su hijo de cinco años. Al ver a Blair se enfureció y la golpeó en varias ocasiones. No contento con esto, comenzó a pegarle a Benji, nuestro otro perro, hasta que la esposa salió y lo convenció de que se entrara. Este hombre le dijo a la señora que nos colaboraba con el aseo que sacara esa perra de ahí”, empieza su relato Silvia Gómez, una de las dueñas de los perros agredidos.

La empleada tomó en sus brazos a la perrita, recogió a Benji y entraron al apartamento. Luego llamó a sus jefes para darles la terrible noticia: la pequeña Blair estaba muerta.

“Nosotras llegamos rápidamente y llamamos a la Policía. Cuando los uniformados llegaron, golpearon en la puerta de ellos, pero nunca abrieron”, explicó Juliana, la hija de Silvia, quien de inmediato se llevó a sus mascotas, a las que consideraba miembros de la familia, a la veterinaria. A Blair le hicieron la necropsia y los doctores le dijeron que tenía rotas las costillas y que estas perforaron sus pulmones, causándole la muerte. Por su parte, Benji, el poodle, aunque se salvó, estuvo varios días bajo cuidados porque sufrió una fractura en la cadera y se lesionó el hígado.

Esa noche, ninguna durmió en el apartamento para no encontrarse con Carlos Mora. Al día siguiente, según ellas, el vigilante del conjunto les contó que el señor había salido muy temprano. Desde ese día no lo volvieron a ver de nuevo.

La razón por la que el hombre asesinó a Blair es porque, en la tarde de ese miércoles, esta mordió a su hijo de cinco años en la pantorrilla.

Juliana dice que llevó a sus perros al parque y cuando estaban saliendo de su casa se encontraron con su vecina y sus dos hijos. Uno de ellos le temía a la perrita porque ladraba mucho. “Yo abrí la puerta, Blair salió corriendo y en ese momento iba entrando mi vecina con su hijo. Él brincó, se asustó y se escondió detrás de la mamá. Por su reacción, mi perrita se sobresaltó y lo mordió. Yo le miré la herida, hablé con la señora y le ofrecí disculpas”, explicó la joven, quien creyó que el conflicto había quedado ahí, pero el día aún no acababa.

Blair

Blair tenía cuatro años cuando murió. Su familia exige que se haga justicia con este caso. 

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Blair

Blair y Benji en el parque, compartiendo tiempo con su dueña y otros niños. 

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En la noche, madre e hija salieron a la calle y dejaron a los perros al cuidado de la empleada. Más tarde, la mujer salió con los animales para que hicieran sus necesidades antes de dormir y en el pasillo del edificio residencial se topó con Carlos Mora, el padre del niño que fue mordido por la perrita horas antes. Fue en ese momento cuando la atacó.

Blair medía unos 22 centímetros de altura. Tenía pelaje miel en casi todo su cuerpo, excepto en el lomo, que era gris. En 2012, esta ‘bigotona’ llegó a la vida de Juliana, cuando ella tenía 17 años.

Desde el primer día, en su nuevo hogar se ganó el apodo de la Reina de la casa, pues era muy consentida. Dormía lo que quería y donde le placía. “Me la había regalado mi mamá, éramos muy unidas porque ella era muy mimada, se la pasaba arrunchada conmigo o con ella; con la que estuviera dormida se quedaba”, narró la joven.

Ellas vivían en el segundo piso de un conjunto de apartamentos ubicado en el barrio Santa Bárbara, en Usaquén. A Blair le encantaba estar allí, al igual que a Benji, su compañero poodle. Era muy latosa y no le agradaba mucho salir. Sin embargo, tenía claro que hacer chichí o popó dentro de la edificación podría traerle problemas. Entonces, se dejaba llevar en brazos hasta el jardín, donde hacía sus necesidades.

Algunas veces, Blair no esperaba a sus dueñas y salía a correr, cosa que no le agradaba mucho a Carlos Mora, su vecino, quien exigía que la llevaran con correa. A pesar de eso, las dos familias llevaban una relación cordial y se saludaban cada que se cruzaban por el pasillo. Nunca imaginaron lo que sucedería con el paso del tiempo.

“Fue muy duro para ambas y, después de tres años, lo sigue siendo. Juli, los primeros días después de la muerte de Blair, no dormía bien, tenía pesadillas y estaba muy triste”, contó Silvia. Después, buscaron ayuda y el 28 de julio del 2016 interpusieron una denuncia penal contra el agresor. Esperan que se haga justicia para que este hecho no quede impune.

Algunas personas, a pesar de los avances que hay con respecto a los derechos de los animales, no consideran a los perros como seres sintientes

Actualmente, el Juzgado 28 penal municipal con funciones de conocimiento de Bogotá está a cargo del caso. “Afortunadamente el código penal cambió ese mismo año. Ahora, la ley 1774 penaliza las agresiones hacia los animales porque ya no los considera bienes sino seres sintientes”, explicó César Barrero, abogado representante de las víctimas. 

Aunque el proceso ha sido lento, dada la cercanía entre fecha de la agresión y el cambio de la ley, el letrado agregó que el 5 de julio de este año se hará el juicio oral, donde el juez anunciará cuál de las partes tiene la razón.

EL TIEMPO trató de obtener la versión del acusado, sin embargo, respondió que no se va a referir al caso. Son las autoridades judiciales quienes tienen la última palabra.

La voz de los expertos

“En este tipo de casos casi siempre impera la incapacidad de resolver los problemas de forma civilizada. Otra razón es que algunas personas, a pesar de los avances que hay con respecto a los derechos de los animales, no consideran a los perros como seres sintientes”, dijo Germán Gómez, sociólogo de la Universidad Nacional.

Según datos del Instituto de Protección Animal, solo en 2018 se denunciaron 4.217 casos de maltrato. En mayo de este año, dicha entidad atendió la muerte violenta de dos perros: a uno le dispararon y al otro le quitaron la vida a golpes. ¿La razón? los agresores no soportaron que intentaran morderlos y tomaron la decisión de matarlos.
Estos, y como en el caso de Blair, son apenas algunos ejemplos de las agresiones que sufren los animales en medio de episodios de intolerancia.

Esta es la tercera nota de una serie de crónicas que se publicarán semanalmente y que reflejan el grado de intolerancia al que estamos llegando en la ciudad y la importancia de reflexionar sobre un problema de convivencia y autocontrol que en muchas ocasiones tiene desenlaces fatales. Lea aquí el segundo episodio.

Si usted ha sido víctima o protagonista de un caso de intolerancia, escríbanos a yulnar@eltiempo.com 


Yuliana Narváez Ángel
REDACCIÓN BOGOTÁ
yulnar@eltiempo.com

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