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Cuando supo que se quedaría ciego, empezó a jugar bolos y hoy es el mejor
Jugador de bolos

Óscar Jaime Puentes tiene bien puesta la vista en los pinos para hacer una moñona.

Foto:

Archivo particular. Sebastián Cetina.

Cuando supo que se quedaría ciego, empezó a jugar bolos y hoy es el mejor

Óscar Jaime Puentes tiene bien puesta la vista en los pinos para hacer una moñona.

Le diagnosticaron retinosis pigmentaria, y ahora es uno de los mejores jugadores de bolos del país.

“Uno no tiene nada escrito en esta vida”, suelta Óscar Jaime Puentes reflexionando sobre su propia experiencia. Desde muy joven era una persona trabajadora, con el sueño de graduarse en Negocios Internacionales y poder ejercer, pero hoy es un talentoso jugador de bolos pese a una discapacidad visual.

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La vida le cambió por completo desde que le diagnosticaron la enfermedad. Antes de ello, uno de sus planes era ser gerente en una multinacional, hoy sus objetivos son distintos

Empezó trabajando como mensajero para una agencia de aduanas cuando tenía 16 años, y al mismo tiempo cursaba un técnico en Comercio Exterior. Después de terminar el bachillerato, prestó servicio en la Policía por un buen tiempo, pero el uniforme verde oliva no era su destino.

En busca de mejores oportunidades laborales, se vinculó a una empresa internacional de importaciones. Lo aceptaron con la condición de estudiar en la universidad. Óscar decidió estudiar en la noche la carrera de sus sueños, Negocios Internacionales, en la Uniagustiniana, y en el día dedicaba su tiempo a trabajar.

En medio de este proceso como estudiante y trabajador, empezó a sentir dificultades en la vista, específicamente en el ojo derecho, un problema al que en aquel momento no le dio mucha importancia.

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Dos años después fue a una brigada de salud en la empresa donde trabajaba, y aprovechó para contarle a la optómetra sobre su problema en la vista. La respuesta de ella fueron cinco palabras que a Óscar nunca se le olvidarán: “Lo suyo es como grave”.

En un momento de preocupación asistió a una cita con el especialista, y le practicaron unos exámenes que arrojaron que debía de ser sometido a una cirugía con láser en el iris del ojo derecho. Óscar no tuvo ningún problema, parecía ser una cirugía sencilla, y finalmente salió exitosa.

Pero el alivio no duró mucho, ya que el problema seguía igual, llegaban las seis de la tarde y su visión en el ojo derecho ya no funcionaba al cien por ciento.

Óscar se entrena todos los días para un torneo intermunicipal que se disputará en su natal Madrid.

Foto:

Archivo personal.

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Una tercera consulta fue la definitiva para determinar qué era lo que estaba pasando. Tuvo que sacar nuevamente una variedad de exámenes para saber a fondo su problema, pero estos iban a ser más profundos y especializados. El doctor le dijo que servirían para descartar lo que él estaba pensando (que podría perder la vista), pero Óscar, confiado de que esto no llegase a ser algo grave, jamás se imaginó lo que el optómetra presentía y tampoco se le pasó por su cabeza preguntar.

Llegó el momento de ir a presentarle los últimos resultados al doctor encargado de determinar lo que sucedía. Ese fue un día inolvidable para Óscar, pues fue acompañado de su madre, con quien se sentía seguro y preparado para lo que fuera que se viniera.

Después de unas largas horas de espera, el especialista los llamó. “Efectivamente era lo que yo estaba pensando, el problema suyo es de ‘fábrica’ ”. El paciente de inmediato preguntó: “¿cómo así?”. Era un problema que cargaba desde el día de su nacimiento.

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El doctor le explicó a la mujer que, con el paso del tiempo, su hijo va a requerir tanto de psicólogos como de psiquiatras. También necesitaría del absoluto apoyo de toda la familia, porque se iba a quedar ciego. Sin duda, un momento fuerte y tenso en la vida de este hombre que pasó por semanas complicadas mientras trataba de asimilar por completo su enfermedad, sabiendo que, poco a poco, irá perdiendo la visión.

Empezó a asistir a citas de optometría y en una ocasión un doctor le dijo que todavía tenía muchísimo camino por recorrer, que tenía un buen residuo, es decir, que momentáneamente solo estaba perdiendo la visión periférica del ojo derecho.

En cada cita estuvo con retinólogos diferentes, cada uno de ellos le dijo algo distinto para que se motivara. Sin embargo, enfocados en el mismo diagnóstico, le recomendaron que tuviera cuidado; el sol se convertiría en su enemigo número uno, se había vuelto fotofónico, por lo cual la luz le molestaba y todo el tiempo debía de usar gafas oscuras.

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La discapacidad de Óscar no tiene solución ni mejora; no existe tratamiento, operación o cirugía alguna que pueda remediar esta condición. Tampoco existe una fecha exacta en la que él sepa que va a perder totalmente la visión, puede que sea en años, o semanas.

Aceptar el cambio

El siguiente paso de Óscar fue ingresar al Crac (Centro de Rehabilitación para Adultos Ciegos), donde fue atendido y orientado por psicólogos. En una de estas sesiones, una vez le llegaron incluso a indagar cómo actuaría si tuviera que usar un bastón.

Respondió cada una de las preguntas y se dispuso a poner de su parte en cada sesión.
Una vez aceptó la discapacidad, su nuevo objetivo era prepararse para el día en que se quede sin ver. Entró en una etapa de su vida en la que decidió evitar escenarios que lo pudieran llegar a estresar, quiso estar tranquilo. Por las incapacidades, tenía más tiempo para su estudio; por ende, pasó a estudiar a la jornada diurna, terminó su carrera, y aún tenía su puesto fijo en la empresa. Acto seguido, Óscar recibió la pensión de una vez por el hecho de su discapacidad, igualmente siguió un tiempo más en la empresa.

Una tarde cualquiera, saliendo del trabajo, se subió a la flota de Madrid y, cuando el bus pasaba por Mosquera, se subió una mujer ciega. Iba con un bastón. Óscar le preguntó cuánto le había costado y ella, con asombro, le respondió: “¿Por qué la pregunta?”. Él le comentó sobre la retinosis pigmentaria, la enfermedad que padece. Resultó ser que el esposo de ella también sufría de la misma discapacidad, con la única diferencia que su esposo ya había perdido la visión.

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Óscar lo conoció, conversaron, y este le dijo que se presentara a la Secretaría de Educación de Madrid para que recibiera un beneficio por su discapacidad. Cuando fue a presentarse, luego de que le tomaran todos sus datos, le ofrecieron participar en una actividad deportiva, en la que se iban a practicar dos disciplinas, bolos o tiro con arco.

Aquí, recibiendo un reconocimiento de la Alcaldía de Madrid, Cundinamarca, después de ganar tres medallas de oro.

Foto:

Archivo personal.

El siguiente paso de Óscar fue ingresar al Crac (Centro de Rehabilitación para Adultos Ciegos), donde fue atendido y orientado por psicólogos. En una de estas sesiones, una vez le llegaron incluso a indagar cómo actuaría si tuviera que usar un bastón.

Respondió cada una de las preguntas y se dispuso a poner de su parte en cada sesión.
Una vez aceptó la discapacidad, su nuevo objetivo era prepararse para el día en que se quede sin ver. Entró en una etapa de su vida en la que decidió evitar escenarios que lo pudieran llegar a estresar, quiso estar tranquilo. Por las incapacidades, tenía más tiempo para su estudio; por ende, pasó a estudiar a la jornada diurna, terminó su carrera, y aún tenía su puesto fijo en la empresa. Acto seguido, Óscar recibió la pensión de una vez por el hecho de su discapacidad, igualmente siguió un tiempo más en la empresa.

Una tarde cualquiera, saliendo del trabajo, se subió a la flota de Madrid y, cuando el bus pasaba por Mosquera, se subió una mujer ciega. Iba con un bastón. Óscar le preguntó cuánto le había costado y ella, con asombro, le respondió: “¿Por qué la pregunta?”. Él le comentó sobre la retinosis pigmentaria, la enfermedad que padece. Resultó ser que el esposo de ella también sufría de la misma discapacidad, con la única diferencia que su esposo ya había perdido la visión.

Óscar lo conoció, conversaron, y este le dijo que se presentara a la Secretaría de Educación de Madrid para que recibiera un beneficio por su discapacidad. Cuando fue a presentarse, luego de que le tomaran todos sus datos, le ofrecieron participar en una actividad deportiva, en la que se iban a practicar dos disciplinas, bolos o tiro con arco.

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En 2019, participó en el segundo prejuego clasificatorio para los Juegos Paranacionales, realizado en la ciudad de Medellín.

Salió condecorado con tres medallas de plata, por lo que clasificó directamente para jugar en el Paranacional, en Cartagena. Óscar compitió en este mismo año en su primer torneo paranacional, pero un día antes de su participación le hizo una mala jugada la alimentación, por lo que no pudo dar lo mejor de él en ese torneo, además de que la competencia era de alta exigencia. Aun así, quedó en el puesto 5 de 15 participantes de su categoría. Él lo tomó como una buena experiencia para su carrera. Debido a la pandemia global, los torneos de 2020 se cancelaron.

Su rutina

Él se entrena cuatro días a la semana en las boleras, los sábados asiste al gimnasio y los lunes es de reforzamiento físico. La vida le cambió por completo a Óscar desde que le diagnosticaron la enfermedad. Antes de ello, uno de sus planes era poder llegar a ser gerente en una empresa multinacional; hoy en día, sus objetivos son distintos. “Uno no tiene nada escrito en esta vida”, insiste.

Óscar Javier ya armó su propio equipo. El primer club deportivo de bolos fue fundado por él, afiliado a la Liga de Cundinamarca. Actualmente cuentan con, aproximadamente, 15 integrantes.

Ahora Óscar se prepara y entrena fuerte para el torneo intermunicipal que se disputará en los próximos días. Afirma que no se pone a pensar en cuando llegue el día que se borre por completo su visión, él sigue enfocado y mentalizado en seguir aportando para el deporte.

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Todo este año se ha entrenado con bastante disciplina en su pueblo. La mayor meta es poder llegar a la selección, o al menos a la preselección Colombia de bolos.

SEBASTIÁN CETINA
EN TWITTER: @sebastianmocet
ESPECIAL PARA EL TIEMPO*Alianza con escueladeperiodismo@uninpahu.edu.co

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