El mastodonte que paralizó un pueblo en Cundinamarca

El mastodonte que paralizó un pueblo en Cundinamarca

Tras dos años del hallazgo del fósil en un colegio de Anolaima, científicos regresaron.

Domingo Ana Puentes

Así trabajó la delegación durante diez días en su más reciente visita. Esperan formular un nuevo plan de trabajo.

Foto:

Servicio Geológico Colombiano y Colegio Departamental Carlos Giraldo

Por: Ana Puentes
28 de septiembre 2019 , 10:33 p.m.

“¡Mamá, eso es un dinosaurio!”, exclamó Jerónimo Turriago, en julio de 2017, cuando vio en el celular las fotos de unas enormes muelas y una quijada que habían sacado del suelo del colegio Departamental Carlos Giraldo de Anolaima (Cundinamarca). No se parecían al de ningún animal de esta era.

En ese momento, Jerónimo tenía nueve años y su obsesión eran los enormes reptiles que veía en libros y en las películas de Jurassic Park. No podía creer que bajo ese lugar, donde trabajaba su mamá como coordinadora y donde él tantas veces había jugado, hubiera restos de esos gigantes que lo fascinaban.

Fue hasta allí y vio con sus propios ojos las piezas que habían sacado los paleontólogos, que habían venido desde Bogotá para verificar el hallazgo que se dio en medio de la construcción del comedor escolar. Entonces, por voz de ellos, supo que no era ningún dinosaurio, sino un mastodonte que había caminado por la zona hace más de 10.000 o 20.000 años.

Luego vio cómo los científicos se marcharon con los huesos. Y los vio regresar cinco veces más a evaluar el caso. La última comisión, de hecho, se marchó hace un par de semanas con cinco huesos completos, dos incompletos y más de 30 fragmentos, según el reporte del Museo Geológico Nacional José Royo y Gómez, del Servicio Geológico Colombiano.

La sorpresa es que ya no son solo los huesos de un mastodonte.

En ese mismo agujero, ubicado a la entrada del colegio, encontraron los restos de un perezoso gigante y de un venado, que forman parte de la fauna del Pleistoceno, una época geológica que comenzó hace más de 2 millones de años y que acabó en el 10.000 a.C., cuando el planeta estaba bajo la inclemencia del frío y los mastodontes caminaban sobre la tierra.

Domingo Ana Puentes

Imágenes de la más reciente comisión en Anolaima.

Foto:

Servicio Geológico Colombiano

Domingo Ana Puentes

Imágenes de la más reciente comisión en Anolaima

Foto:

Colegio Departamental Carlos Giraldo

Domingo Ana Puentes

Imágenes de la más reciente comisión en Anolaima

Foto:

Colegio Departamental Carlos Giraldo

Hoy, Jerónimo tiene 11 años y sueña con ser paleontólogo. Saber que había un mastodonte en Anolaima lo cambió para siempre. Ahora, estudia más sobre el animal con libros y videos que encuentra en internet y espera el regreso de los expertos.

Y lo mismo aguardan el colegio y el municipio. Llevan dos años sin salir de la sorpresa.

Domingo Ana Puentes

Jerónimo es habitante de Anolaima y un apasionado de los dinosaurios, y ahora de los mastodontes. Quiere ser paleontólogo.

Foto:

Ana Puentes

“En un lugar donde no pasaba mayor cosa, encontrar un mastodonte es un auténtico acontecimiento”, dice riendo Arturo Rico, periodista de la emisora comunitaria Ecos del Rosario. Él fue uno de los testigos del hecho y de cómo la gente no lo olvida. Relata que en abril de este año, durante el Corpus Christi y las fiestas de Anolaima, un campesino hizo un enorme mastodonte de naranjas y otras frutas.

El municipio es considerado la capital frutera de Colombia, pero también quiere pasar a la historia por cuenta del mastodonte que apareció bajo el patio del colegio.

Domingo Ana Puentes

Un campesino de Anolaima hizo este mastodonte de fruta para la tradicional celebración del Día del Campesino.

Foto:

Foto cedida por Ecos del Rosario

Un hallazgo inesperado

EL TIEMPO regresó a Anolaima esta semana y reconstruyó el caso de la mano de directivos y profesores que relataron, al borde del enorme hueco que hay a la entrada del colegio, esta particular historia.

“El vigilante pasaba junto a la obra del comedor y notó que los obreros habían escondido unos enormes huesos. Me avisó y corrí a mirar. En efecto eran unas muelas enormes. Entonces llamamos a las autoridades competentes”, relata Alberto Rodríguez, secretario ejecutivo del colegio.

“En Colombia la gente no avisa de este tipo de cosas, porque saben que pueden parar obras. Pero nosotros dejamos de hacer el restaurante y permitimos armar ese hueco con ese barrial porque le dimos la importancia científica”, afirma Jaime Vega, rector del departamental.

En efecto, el asunto en parte le dolió al bolsillo del municipio y la Gobernación. Por el hallazgo y las obras detenidas, se perdieron cerca de 16 millones de pesos. Afortunadamente, el equipamiento terminó por hacerse en otro punto del colegio.

Pero la plata fue lo de menos por esos días. “Pusimos los fósiles en la mesa de la oficina del rector. Y hubo una fila enorme de gente que vino a verlos”, agrega el secretario. Medio municipio tenía que ver con el colegio: en Anolaima hay solo dos escuelas y esta es la más antigua. En noviembre cumple 70 años y hasta el alcalde, Pompilio Torres, es exalumno de allí. Por eso respaldó el paro de la obra: sabía que eso marcaba la historia del departamental.

La ‘Era de Hielo’ sucedió en Anolaima. Allí están enterrados Manny y Sid

Hoy, los profesores también están entusiasmados. Ángela Cañón, docente de química, relata, con emoción, que en esta última comisión les dieron una charla de ciencia, para que entendieran qué sucedía. “Uno se inspira para entrar en ese mundo. Y trata de conectar el tema con el aula. De hecho, en la fiesta de los 70 años haremos una carroza gigante con forma de mastodonte. Cubriremos un armazón que ya tenemos con el pelo de una mata de plátano, para que se parezca. Será nuestra carroza institucional y la pasearemos por el municipio, junto a los niños, que se disfrazarán de paleontólogos y cavernícolas”, afirma la profesora.

El asunto ha sido hasta motivo de bromas. “La ‘Era de Hielo’ sucedió en Anolaima. Allí están enterrados Manny y Sid”, apunta otro profesor, entre risas. Se refiere a la famosa película animada de 20th Century Fox, que tiene por protagonistas a un mamut y aun perezoso.

Lo que se sabe

“Del mastodonte se han recuperado partes de la cadera, fragmentos de costillas, dos vértebras y otros fragmentos asociados. Del perezoso gigante hay huesos de extremidades superiores. Volveremos, con otra metodología de trabajo”, detalla Marcela Gómez, coordinadora del Museo Geológico Nacional.

Domingo Ana Puentes

Algunas de las piezas halladas

Foto:

Servicio Geológico Colombiano

Domingo Ana Puentes

Algunas de las piezas halladas

Foto:

Servicio Geológico Colombiano

Domingo Ana Puentes

 Este es el fragmento de mandíbula hallado en 2017 y que motivó toda la investigación.

Foto:

Colegio Departamental Carlos Giraldo

Después de la exitosa comisión que exploró más a fondo el caso, se determinó que el lugar era de potencial interés científico. Por eso, usarán en su próxima visita el sistema GPR (Ground Penetration Radar), que les permitirá hacer una especie de escaneo de la zona y tener una idea más exacta de lo que allí se encuentra.

Claro, no es el primer mastodonte hallado en Colombia. Otro de los famosos es el de Pubenza (Tocaima, Cundinamarca), hallado en los años 70.

¿Y ahora?

Al colegio y al municipio le quedan bastantes preguntas. No saben si algún día volverán a ver los huesos. El rector, por su parte, les solicitó que sean expuestos en Anolaima. La coordinadora del Museo le respondió a este diario que se evalúa el tema: “Esperamos llegar a los acuerdos necesarios para que los restos encontrados sean exhibidos, siempre y cuando se le ofrezcan a las piezas las condiciones adecuadas para su exhibición, como lo dispone el Decreto 1353 de 2018”, afirma.

Jerónimo, el pequeño que quiere ser paleontólogo, también espera bastante: "me imagino un museo aquí en el colegio, con algunas piezas. Y que haya carteleras y gente que explique qué fue lo que pasó aquí". 

Por ahora, al colegio le quedó un hueco enorme en la entrada. Las lluvias de los últimos días han enlodado el terreno y han comenzado a formar un pequeño pozo.

Las directivas temen que tengan que volver a echar tierra sobre el hallazgo, si la comisión tarda mucho en regresar. Ya tuvieron que hacerlo una vez. Y, luego, correr con una retroexcavadora prestada por el municipio para escarbar nuevamente entre la tierra, cuando la comisión regresó el 12 de septiembre.

Anolaima guarda ilusiones sobre huesos: el municipio espera ser un destino científico y turístico, los profesores celebran tener material para sus clases y un pequeño de once años sueña con ser uno de los mejores paleontólogos de Colombia para contarle al mundo que en el patio de un colegio de su pueblo hubo un gran mastodonte.

ANA PUENTES
EL TIEMPO

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