Édgar Pinzón, el hombre que con carteles apoya marchas en la capital

Édgar Pinzón, el hombre que con carteles apoya marchas en la capital

Este bogotano fue comerciante de ropa y hoy vende tableros en la avenida Caracas con Jiménez.

Édgar Pinzón, el hombre que con carteles apoya las marchas en Bogotá
Movilización docentes

Camilo Peña / EL TIEMPO

Por: Mario Perlaza 
25 de octubre 2018 , 12:54 p.m.

Lo abrazan estudiantes, transexuales y hasta profesores. Si solo le dan la mano o le sonríen, Édgar Pinzón Garzón se siente feliz. A sus 72 años, este vendedor de pizarras que trabaja en la avenida Caracas con avenida Jiménez, en Bogotá, busca la forma de apoyar cualquier movilización social que, para él, le aporte al bien y el futuro de Colombia.

Ha estado en las marcha del orgullo gay, en las de los estudiantes e incluso en la de la semana siguiente a la derrota del acuerdo de paz en el plebiscito. Él ha encontrado en estos espacios una forma de luchar en contra de lo que más le molesta en la vida: la corrupción.

Todos los días a las ocho de la mañana, Édgar abre su módulo de trabajo y como si nada le molestara, se agacha para empezar a desenredar una cadena que se entrelaza en unos anillos en la parte lateral de la carpa y así dar inicio a una nueva jornada. El lugar mide 2,50 por 2,50 metros y acumula varias pizarras, una sobre otra.

Édgar perdió todo lo que tenía hace 20 años. Era comerciante de ropa que importaba desde Ecuador y Panamá. “Yo era un comerciante que se encontraba en buena situación económica, pero debido a una serie de atracos y cosas malas de la vida resulté en la completa miseria”.

El 10 de octubre de 2018, en la marcha en la cual los estudiantes de universidades públicas y privadas le exigían más recursos al Gobierno Nacional, este hombre se paró sobre un pequeño butaco en plena avenida Caracas con un tablero y un mensaje.

Los jóvenes no fueron indiferentes: fotos, videos y hasta abrazos recibió Édgar aquel miércoles.

“Tengo tres hijos y afortunadamente todos están en universidades públicas, si no, nunca hubieran podido estudiar”. A ellos, de quienes no quiso dar nombres, les tocó la época de "la miseria", como él denomina su momento económico actual. “Ha sido duro para ellos incluso hasta para sacar fotocopias, pero son personas muy inteligentes y juiciosas", afirma.

Don Édgar, el señor de los mensajes en las marchas

Édgar en la marcha del 10 de octubre por la educación superior pública en Bogotá.

Foto:

Twitter @DiiNando

Pero la lucha de este hombre no ha sido solo por la educación. Recuerda con carcajadas, en medio de su relato, que por ser el menor de sus hermanos su mamá no lo dejaba salir de la casa a jugar con los niños de la cuadra porque, según ella, "eran gamines", cosa que él no entendía ya que todos pertenecían al mismo estrato.

Pero lo que más curiosidad le causaba era lo que le gritaban aquellos niños cuando no lo dejaban salir: ‘chino marica’. “Yo sufría porque no tenía a quién preguntarle qué era la palabra y no entendía por qué me decían así”.

Un día, en su casa, uno de sus primos corría mientras lloraba desconsoladamente. “Chino marica, si lo vuelvo a ver acá lo agarro a juete”, le había advertido el hermano mayor de Édgar al niño que huía. “Yo solo pensé que si mi hermano se daba cuenta que los niños de la calle me decían así, me mataba”, dijo.

Si los estudiantes se unen, pueden lograr todo lo que se propongan

Pero un día no aguantó más y le preguntó a la mamá de una amiga sobre el significado de la misteriosa palabra y ahí entendió que él no era un ‘chino marica’. “Ahí me di cuenta que yo no era gay, pero sí me di cuenta de lo terrible que es para la comunidad LGBTI esconderse”, afirmó Édgar, mientras comía su ensalada de frutas mañanera.

“Algo que me dolió y me afectó mucho fue la muerte de Sergio Urrego, ¿cómo es posible que un muchacho tan jovencito haya hecho eso por un maltrato psicológico de compañeros e instituciones? Todo eso yo lo llamo corrupción”. Además, Édgar afirma que aquél familiar que corría despavorido por el regaño de su hermano sí era gay.

Edgar en marcha lgbti

Édgar ha asistido a varias marchas de la comunidad LGBTI y afirma que hoy en día ha visto un avance en el respeto a estas personas.

Foto:

Cortesía Édgar Pinzón

Él está en contra de todos los estigmas que se tienen alrededor de las personas de su edad. No le teme al cambio, no le molestan los jóvenes, ni tampoco rechaza a la comunidad gay.

Aunque dice que ha salido a marchar con muchos amigos de su edad, admite que a la mayoría de los de su generación les cuesta cambiar la perspectiva frente a ciertos temas. “Mire, aquí en Colombia uno de los problemas graves que tenemos es que somos ignorantes, el problema es que dentro de esos ignorantes hay mucho bruto”.

Dentro de sus concepciones, ser ‘bruto’ es ir en contra de los movimientos sociales y del apoyo a la igualdad, a los más desfavorecidos y ser partidario de aquellos que han tenido líos de corrupción, es decir, pensar como muchos de sus generacionales. “Los estudiantes y yo somos ignorantes, por eso estudian, pero ni ellos ni yo somos brutos”.

Edgar Pinzón

El hombre afirma que ha salido a marchar con muchos amigos suyos que son cristianos.

Foto:

Cortesía Édgar Pinzón

Al seguir con su negocio de surtidor y comerciante de ropa, este hombre tenía todo el dinero que pudo desear, sin embargo, una serie de atracos lo dejaron con deudas que no podía saldar, hasta que el asesinato de su socio lo llevó a la quiebra y de vuelta a la casa de sus padres a hacer muebles. Su hermano, quien había tenido una vida de lujos, lo sacó del lugar por un supuesto robo, afirma Édgar. “Ahí entendí que la familia solo lo trata bien a uno en la riqueza”.

Su única opción fue empezar a hacer tableros y venderlos en colegios o jardines infantiles para generar dinero. Luego se inscribió al Instituto para la Economía Social, Ipes, el cual le dio, después de mucho tiempo, un puesto donde tiene y comercializa sus tableros.

A pesar de la ayuda, Édgar ha protestado varias veces en contra de la entidad y dice que presuntamente hay procesos y funcionarios corruptos dentro de la institución.

Edgar Pinzón

"He protestado varias veces afuera del Ipes", afirma Édgar que siempre lucha por los derechos del adulto mayor.

Foto:

Cortesía Édgar Pinzón.

Las arrugas en su cara evidencian el paso del tiempo y las experiencias de su vida, pero no su salud. Édgar camina a los 72 años como un adulto cualquiera, pero lo que más asombra es su memoria. Nunca titubea para hablar ni intenta recordar el hilo de la conversación porque jamás lo pierde.

Édgar tiene la mente de un joven en el cuerpo de un viejo, como él mismo se denomina, pero está lejos de que le falte energía para apoyar las causas que lo mueven.

“Así como yo me paro en una esquina, esperaría que en la otra hubiera un papá, una mamá y en la otra un abuelo porque necesitamos que más gente apoye estas marchas, gente vieja como yo”.

MARIO PERLAZA
Twitter: @marioperlaza
ESCUELA DE PERIODISMO MULTIMEDIA EL TIEMPO
ELTIEMPO.COM

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