Historias de superación detrás del arte hecho con la boca y con el pie

Historias de superación detrás del arte hecho con la boca y con el pie

La asociación de pintores sigue trabajando a pesar de la desconfianza de algunas personas

Historias de superación detrás del arte hecho con la boca y con el pieHistorias de superación detrás del arte hecho con la boca y con el pie
Pintor con el pie

César Melgarejo

Por: Bogotá
10 de julio 2018 , 05:27 p.m.

John nació sin sus miembros superiores porque cuando su mamá estaba embarazada le dio sarampión, Álvaro recibió una descarga de 14.000 voltios que le produjo amputaciones, Román se puso a jugar al lado de un trapiche que le cercenó los dos brazos y Luis Alberto por poco queda cuadripléjico en un accidente de tránsito. Todos se superaron gracias a la Asociación de Pintores con la Boca y con el Pie.

Por supuesto, no es la primera vez que esta última es noticia por las emotivas historias que se desprenden de cada uno de sus miembros, pero sí la primera vez que su labor podría estar en riesgo hacia el futuro. Solo hay que repasar sus historias para entender la importancia de la causa.

John Jairo Rueda es de Bucaramanga, pero fue criado en Puente Nacional. Haber nacido sin sus miembros superiores le acarreó muchas dificultades. “No sabían en dónde meterme a estudiar, hasta que mi mamá decidió matricularme en un colegio normal en donde terminaba peleando mucho con mis compañeros, lleno de furia, por culpa de sus ofensas”. Tuvo que entrenarse en el arte marcial para liberarse de ese sentimiento y convertirse en un bachiller. Su primer dibujo fue a los 4 años, era un marranito con su hijo. Luego se convirtió en el caricaturista del curso y en el pintor de las calles para la época de Navidad cuando tenía 25 años.

Álvaro Cadena Gutiérrez sí que tiene historias para contar. A los 17 años, cuando se graduó de bachiller, decidió ganar algo de dinero mientras le daban respuesta de la Fuerza Aérea, a donde se postuló. “Me salió trabajo en una bodega. Un día me tocaba cargar una especie de viga metálica a un cuarto piso. Lo malo fue que se me enredó con un cable de la calle y mi cuerpo recibió una descarga eléctrica de 14.000 voltios.
Me tuvieron que amputar varios miembros”.


Eso pasó el 27 de junio de 1987. La vida de su familia cambió por completo y su padre murió de pena moral. Fueron seis meses en el hospital y años encerrado con dos intentos de suicidio a bordo. El día que entendió que salir de ese infierno dependía de él su historia cambió. “Me enamoré. A mi vida llegó una mujer que un día se quedó mirándome y que años después se convirtió en la madre de mis hijos. Me aceptaba tal como estaba”. Ya llevan 25 años de casados a pesar de las resistencia de algunos miembros de las familia.

A Román Luna le llegó la tragedia siendo un niño de solo 7 años en el municipio de Durania, en el Norte de Santander. Hoy, 32 años después, contó su historia. “Me puse a jugar en un trapiche, una especie de molino de caña para hacer panela. Ahí me resbalé y la máquina tomó mi brazo izquierdo. Sin pensarlo intenté sacarlo y así perdí también el derecho. Me llevaron al hospital pero no había nada que hacer”. Dice que su recuperación fue rápida por su juventud, pero admite que su condición es como una montaña rusa de emociones. Este año termina una licenciatura en Artes Plásticas y Visuales.

Cada entrevista llegaba con un caso más impresionante. Luis Alberto Mahecha Pineda, de 49 años, pintaba un cuadro cuando contó cómo el 3 de junio de 1993 un accidente de tránsito cambió su vida. “Yo era publicista e iba manejando una camioneta. Me la habían prestado. Entonces trabajaba en el 7 de Agosto”. En un tramo del trayecto su carro terminó dando trompos. Luego de seis meses en el hospital, un médico le dijo que nunca más volvería a caminar. Duró tres años encerrado hasta que logró superar esa etapa de su vida.

Todas estas historias tienen matices diferentes y un punto en común: todos salieron adelante por convicción y gracias al apoyo de la Asociación de Pintores con la Boca y con el Pie.

Escogemos a las personas en el directorio telefónico y por medio de una carta les explicamos para qué se usan los recursos que ellos aportan a través de la compra de los productos

pintor boca

A Román Luna le llegó la tragedia siendo un niño de solo 7 años en el municipio de Durania, en el Norte de Santander.

Foto:

César Melgarejo

La historia

Los orígenes de este lugar se remontan al año de 1957, en España, cuando el pintor Erich Stegmann y un pequeño grupo de artistas minusválidos de ocho países europeos crearon una asociación de autoayuda.

Víctima de la polio, Erich Stegmann creció sin sus brazos, pero aun así logró labrarse una carrera prometedora como artista en Alemania usando la boca para sujetar el pincel. La lección fue que si él había podido salir adelante, otros también lo podrían hacer, y así llevó su legado a países como Colombia con un objetivo claro: que todos sus miembros vivieran de su esfuerzo y de sus trabajos, a través de la aceptación y el reconocimiento de su obra.

Y así también los recordamos en el país, pues en las épocas más especiales llegaban a los domicilios bogotanos un compilado de tarjetas con obras de arte o también calendarios que por varias décadas han hecho parte de las historias de las navidades. “Escogemos a las personas a través del directorio telefónico o bases de datos y por medio de una carta les explicamos para qué se usan los recursos que ellos aportan a través de la compra de los productos”, dijo Fabiola Navas Marín, directora actual de la asociación.

Todas las obras de arte que ellos utilizan son escogidas por concurso de entre artistas de todo el mundo que pintan con la boca y con el pie. “Cada uno presenta cinco cuadros y durante tres años evalúan los trabajos”. Desde Colombia, por ejemplo, 51 pintores hacen sus propuestas.

Cuando el arte de un miembro es escogido, estos obtienen un bono de 1.000 francos suizos. Pero esa es solo un parte de los beneficios, porque por su labor diaria todos reciben mensualmente lo que se merecen por su trabajo, pero, sobre todo, una forma de vivir de su trabajo como cualquier persona.

A pesar de la trasparencia de su labor, el advenimiento de nuevas tecnologías y la desconfianza de las personas han minado un poco las ventas de sus productos. “A mucha gente que le llega nuestro paquete no lee con detalle la carta o piensa que es una obligación, y nosotros siempre hemos dejado claro que la compra, que es a través de una consignación, es voluntaria”.

La Asociación de Pintores con la Boca y con el Pie seguirá trabajando firme. Todos los días los inspiran sus miembros, personas que hoy les dicen gracias por lo que han significado para sus vidas. “Estar aquí significa volver a trabajar, ser reconocido, independiente y admirado”, dijo Álvaro, hoy un hombre orgulloso de ser padre y artista.

Estar aquí significa volver a trabajar, ser reconocido, independiente y admirado

Así se sostienen 

La Asociación de Pintores con la Boca y con el Pie se dedica a la venta de tarjetas de Navidad y de primavera, calendarios, libros, agendas, papel de regalo, láminas o puzles, entre otros productos. En Bogotá están ubicados en la carrera 23 n.° 49-30. También tienen una página web en donde tienen toda la información.

Carol Malaver
Subeditora sección Bogotá
carmal@eltiempo.com @CarolMalaver

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