El drama de una madre que terminó en la cárcel por extorsión

El drama de una madre que terminó en la cárcel por extorsión

Una calibradora fue señalada de hacer parte de una banda delincuencial que extorsionaba.

Rutas

Este era uno de los puntos donde Íngrid trabajaba, en la avenida Villavicencio.

Foto:

Archivo particular

Por: Bogotá
28 de agosto 2019 , 12:25 p.m.

Una mujer desempleada encontró en las rutas informales de la localidad de Bosa, en el suroccidente de Bogotá, una alternativa de trabajo.

Sin embargo, tres años después, terminó en prisión con una acusación por extorsión, que tiene a su hermano desaparecido y con una orden de captura y a otra hermana cuidando de sus hijos.

Íngrid Bernal duró más de 16 años trabajando en una empresa, pero renunció hace cinco, cuando el dinero que ganaba dejó de alcanzarle. En ese momento vivía en Juan Pablo II, en Ciudad Bolívar, y montar un puesto de arepas fue la mejor opción que encontró.

A los pocos meses tuvo que cerrar el negocio porque las ventas cayeron. Hace tres años se fue para Bosa, donde vivían algunos familiares.

Llegó pidiendo ayuda, y la encontró. Su hermano era conductor de una ruta de transporte informal que llevaba gente de Bosa, El Recreo, al portal de TransMilenio de Las Américas, y viceversa. Una tarde, hace siete años, iba en su van cuando unas señoras le extendieron la mano para que las llevara.

“Ellas le dijeron que si por favor las recogía al otro día, y así empezó él. Vio la oportunidad y comenzó a trabajar ahí”, explica la hermana de este hombre que puso a Íngrid a desempeñarse como calibradora. De él hoy no sabe el paradero, y tiene una orden de captura vigente por extorsión agravada.

Cuando ella llegó había por lo menos 80 carros haciendo los recorridos todos los días. La labor de ella era básicamente pararse en la calle y gritar: ‘Recreo, Recreo, Recreo’, hacer respetar la fila de los colectivos que llegaban a esperar el turno, llenarlos de pasajeros y esperar lo que quisieran darle, a veces $ 1.000 a veces $ 2.000, por cada carro que llenaba.

Yo solo pido que investiguen a fondo, y se darán cuenta de que ni ella ni mi hermano extorsionaban a nadie

“El transporte por acá es malísimo. Un alimentador para sacarlo a uno del barrio se demora a veces más de una hora, en cambio, en las van, como se meten entre los barrios, es como en 15 minutos”, cuenta un habitante del sector sobre lo que ocurre allí.

Fueron tantos los conductores que llegaron al sitio que mantener el orden resultaba cada vez más difícil, podría haber fácilmente más de 100.

Entre todos reunían dinero para celebrar las fiestas de la Virgen del Carmen, para sacar de los patios al carro que inmovilizaran, para cubrir los gastos de algún accidente y, como dice una persona cercana a este negocio, “para ‘arreglar’ a los policías, y así dejaran trabajar”.

Sin embargo, esa dinámica pronto empezó a generar discusiones, y un día un conductor no estuvo de acuerdo con el turno que le asignó Íngrid. Según cuenta su hermana, ese hombre intentó pasarle el carro por encima.

“Ella corrió y, como es una persona muy noble, se puso fue a llorar. Otros conductores le fueron a contar a mi hermano y él se fue a decirle a ese señor que qué le pasaba, y le pegó una patada al carro. Le dijo que con mi hermana no se metiera”, contó.

Esta discusión habría generado, según este testimonio, una denuncia penal en contra de los dos hermanos que las autoridades judiciales todavía no han resuelto, pero que tiene a Íngrid recluida en la cárcel El Buen Pastor desde el pasado 13 de junio.

La denuncia

En julio del 2018 fueron denunciados Íngrid, su hermano y cuatro personas más por, supuestamente, pertenecer a una banda dedicada a la extorsión de conductores y a la venta de cupos.

En junio pasado, hombres del Gaula de la Policía llegaron hasta al lugar donde trabajaban y capturaron a esta mujer y a cuatro personas más.


Según se lee del expediente, el pasado 13 de junio, el juez de control de garantías a cargo del caso consideró legal la captura, avaló la imputación de cargos y envió a prisión a los sindicados. Ninguno aceptó los cargos y la defensa apeló la decisión. Las personas que estarían detrás de la denuncia serían lideradas por el conductor con el que ella tuvo la discusión, y esta habría sido la excusa perfecta para tomar el control de las rutas. Todo esto debe ser aclarado por las autoridades judiciales.

Rutas

El día de la audiencia de la legalización de captura en contra de Íngrid Bernal, compañeros hicieron un plantón.

Foto:

Archivo particular

“Yo solo pido que investiguen a fondo, y se darán cuenta de que ni ella ni mi hermano extorsionaban a nadie. Si fuera así, tendríamos dinero, pero ninguno tiene casa. Mientras ella está en prisión, yo me hice cargo del niño, de 10 años, y de la niña, de 19, pero se sienten muy solos”, relató.

Andrés Mejía, quien trabaja como calibrador en el mismo lugar en el que lo hacía Íngrid, dijo que ahí no hay ningún líder, que no lo ha habido y que los conductores son los que se organizaron entre ellos para trabajar.

“Ella calibraba conmigo. Los domingos, como es madre cabeza de hogar, era el día que le quedaba para estar con los hijos. Me pedía que le hiciera el turno, ella había sido un ángel para mí”, contó ayer Andrés, mientras coordinaba la salida de algunos colectivos, sobre la avenida Villavicencio.

Según comentarios recogidos entre los conductores y personas cercanas a estas rutas, el hombre que habría denunciado a Íngrid lo hizo para cobrarles a los conductores que quieran trabajar.

“El que tenía diferencias con ella ahora cobra entre 25.000 y 50.000 pesos por día para dejar trabajar, además, es el mismo que despacha”, dicen en inmediaciones al portal de Las Américas de TransMilenio. Será un juez, a la luz de las pruebas que se recolectaron, quien determine si Íngrid y los demás capturados son culpables.

BOGOTÁ

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