‘Buscamos quién mató a mi hermano y lo dejó tirado en una vía'

‘Buscamos quién mató a mi hermano y lo dejó tirado en una vía'

El estudiante John Alexánder Parra Patiño desapareció el 2 de julio, y terminó como un NN.

John Parra

John Alexánder Parra Patiño solo tenía 24 años y era estudiante de Diseño Gráfico de Los Libertadores.

Foto:

Archivo particular

Por: Carol Malaver
19 de julio 2020 , 02:56 a.m.

Encontrar a un ser amado como un NN y enterarse de que murió solo, tirado en una vía, en medio de la noche y sin que nadie lo auxiliara, es algo que no le ha devuelto la paz a una familia de Mosquera, Cundinamarca. John Alexánder Parra Patiño tenía solo 24 años, era estudiante de Diseño de la Universidad Los Libertadores y estaba en vacaciones. Ya había acabado su semestre. Era carismático, alegre e inteligente, y por eso el vacío se siente.

Su familia vivía con él en uno de los conjuntos Sol Creciente, en la calle 10.ª sur n.º 14A-85, que se ubica sobre la variante Madrid, en la ruta hacia Facatativá.

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Era un hábito que el joven saliera a pasear a su perro o a darse una vuelta por la zona. Su familia pensó que eso hacía el 2 de julio, a las 5:30 de la tarde, cuando salió y advirtió que no tardaría. Ese día no salió con sus documentos porque el día anterior se habían mojado durante un aguacero y los dejó secando junto con su billetera.

Pero que llegaran las 10 de la noche y no apareciera comenzó a angustiar a su familia. “Le escribimos por chat, pero no leía los mensajes ni contestaba las llamadas. Así fue hasta medianoche, luego hasta las 3 de la mañana”, contó su hermano, Andrés. Al final pensaron que se había ido a quedar con un amigo y que, simplemente, no quería responder.

En la mañana del viernes 3 de julio, a eso de las 9 de la mañana, volvieron a llamarlo, pero no contestaba y eso no era normal pues él solía darle detalles de sus destinos a su mamá.

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Entonces comenzó la búsqueda angustiosa del desaparecido. Sus padres, su hermano y sus primos comenzaron a buscarlo en el barrio, pero también a rastrear información en sus redes sociales. Llegó la tarde sin ninguna pista y los padres del joven decidieron buscarlo en Bogotá.

Hasta ese momento nosotros pensábamos que lo había cogido la policía sin papeles y pues que estaba en alguna estación y no lo querían soltar

A las 8 de la noche de ese mismo día, el primo de John cayó en cuenta de que le había prestado su computador y que había dejado su correo de Gmail abierto.

“Así pudimos recuperar la contraseña y revisar el GPS. Aparecía que el celular estaba registrado en la Unidad de Reacción Inmediata (URI) de Madrid (Cundinamarca)”, contó Andrés.

Pero cuando la familia arribó al lugar no obtuvo ninguna información, no había nada en la bitácora, no había rastro. Luego, causalmente, llegó una patrulla cuyos policías llamaron a algunas estaciones sin que se hallara algún dato. “Hasta ese momento nosotros pensábamos que lo había cogido la policía sin papeles y pues que estaba en alguna estación y no lo querían soltar”.

El padre del joven tuvo acceso al lugar y pudo conversar con un funcionario del CTI de la Fiscalía quien le permitió poner la denuncia por desaparición y quien manifestó no tener conocimiento de los hechos.

Luego comenzó un triste recorrido por los hospitales de la zona. Así se enteraron de que en la mañana del viernes había llegado el cuerpo sin vida de un NN de sexo masculino.

Pero no les confirmaron su identidad pues tenía que proceder un permiso por parte de los funcionarios de la URI que habían realizado el levantamiento de cadáver. Y así, en medio de esos trámites, se enteraron de que, en efecto, el celular de John estaba en la URI. La explicación: había ocurrido un accidente de tránsito y el dispositivo lo llevaron a ese lugar. “Es que allá funciona el CTI, la Policía de Tránsito y la Sijín”, manifestó Andrés.

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Pero solo hasta el día siguiente, a las 8 de la mañana, podrían hablar con el policía, el intendente Bonilla, quien sabía del caso.

A través de un conocido, a Andrés le tocó contactar al director de Medicina Legal de Mosquera, quien tenía información de la necropsia que le habían hecho al cuerpo. “Cuando le dije que mi hermano tenía un tatuaje en el antebrazo izquierdo, un búho en el hombro derecho y una rueda de barco debajo de su oreja derecha supimos que era él, mi hermano”.

El accidente ocurrió a las 9:14 del jueves 2 de julio. Hubo un reporte de los inspectores de la concesión de la vía y un levantamiento fotográfico. El cuerpo quedó tirado en la vía Bogotá-Facatativá después de Quintas del Marqués y una bomba de Texaco muy cerca del puente donde queda la variante Facatativá-Madrid.

El joven recibió un impacto muy fuerte en la sien. “Nos dijeron que su cuerpo pudo volar unos cinco o seis metros. Quedó al borde del separador de la vía”.

Nosotros, como familia, no podemos creer que alguien pueda matar a otra persona, verla tirada y escaparse sin ayudarla. Queremos saber quién lo mató

No estaban sus zapatos y la posición del cuerpo era extraña. Hasta ahora ninguna de las cámaras ha mostrado información valiosa. Después de la despedida final, la familia ha vuelto al lugar de los hechos a rastrear cualquier pista. “El martes 7 de julio sacamos afiches para repartir y encontrar a alguien que nos pueda dar información, como datos del tipo de vehículo que lo atropelló para conocer su trazabilidad”, dijo Andrés.

También han distribuido su fotografía por todas las redes sociales. Un tío de la víctima habló con un residente cercano a la vía quien les dijo que aquella noche escuchó los gritos de alguien pidiendo ayuda por la muerte de alguien. “Estamos buscando a esa persona porque puede tener información valiosa de lo que pasó”, dijo Andrés.

La familia de John ha hecho todo lo que ha estado al alcance de sus manos. Solo durante el año 2019 se presentaron 167 siniestros viales caracterizados como homicidios, de enero a mayo, y en ese mismo periodo, pero de 2020, ya van 111.

Nosotros, como familia, no podemos creer que alguien pueda matar a otra persona, verla tirada y escaparse sin ayudarlo”, dijo Andrés.

Otras desapariciones que conmueven a la región

Varios casos de personas desaparecidas en Bogotá y Cundinamarca han conmovido a la ciudadanía.

Otro de ellos fue el de Jhonnatan Penagos Roa, de 36 años, quien, según su familia, ya no podía más con las deudas del hogar. Su situación era crítica y, además, se quedó sin trabajo tras la pandemia de covid-19.

Julieth Andrea Tovar Navarrete, su esposa, cuenta que las deudas por tres meses de arriendo lo llevaron a salir de su casa el 16 de junio de 2020 de forma desesperada en la localidad de Usme, exactamente en el barrio La Aurora, en Santa Librada.

Vestía una camisa tipo polo rosada, un jean azul y unos tenis azules Reebok. Pero lo más preocupante es el mensaje que dejó en el Facebook de su esposa: “Hola Julieta. Perdóname por lo que voy a hacer. Perdóname por todo el daño que te hice. No permitas que el niño se convierta como yo. Dile que lo amo por favor. Aunque lo que estoy haciendo es demasiado egoísta”.

La pareja solía vender fruta y yogur con fruta y cereal al comercio, puerta a puerta, pero, como en la cuarentena se cerraron muchos negocios, ya no había a quién venderle los productos. Además, las ventas ambulantes han tenido muchas prohibiciones.

Julieth también cuenta que Jhonnatan le escribió a su madre un mensaje en el que le decía que la quería mucho y lo perdonara por lo que iba a hacer, pero que la crítica situación lo había llevado a eso. “Se sentía muy mal porque ya había tocado muchas puertas para conseguir empleo. Antes de trabajar como independiente laboró en vigilancia como siete años, pero no le salía ninguna oportunidad. Intentó manejar taxi, y no le funcionó. Sentía que nada le salía bien”. Sus familiares aún no saben nada de él. Les ruegan a las autoridades encontrarlo o informar sobre su paradero al celular 305 7684645.

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CAROL MALAVER
carmal@eltiempo.com

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