Relatos sobre José Germán, pionero de la hotelería rola

Relatos sobre José Germán, pionero de la hotelería rola

Administró los hoteles Regina, Granada y Continental, insignes en la Bogotá de los años 40 y 50. 

Relatos sobre José Germán, pionero de la hotelería rola

Juan Manuel y Alejandro, hijos de Germán Morales, administran la organización GMH.

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Foto: Claudia Rubio. EL TIEMPO

Por: María Teresa Santos Franco
24 de agosto 2018 , 12:13 a.m.

Por algo, el presidente Carlos Lleras Restrepo (1966-1970), el tercero del Frente Nacional, le encomendó a José Germán Morales ocuparse del hospedaje de los peregrinos que venían a Bogotá a ver al papa Pablo VI, el primer sumo pontífice que pisaba tierra colombiana.

Este contador público ya había administrado los más importantes hoteles de la Bogotá de antaño: el Regina, el Granada y el Continental. Años después crea su propio negocio, la Organización Germán Morales e Hijos (GMH), que este mes cumplió 50 años de operación. Sus hijos Juan Manuel y Alejandro Morales, hoy a cargo del negocio, hacen –a través de sus relato– un homenaje a su padre, considerado pionero de la hotelería en el país.

¿Cómo fue que su papá terminó organizando el hospedaje de los peregrinos, en 1968?

Era la primera vez que un Papa venía a Suramérica, entonces imagínese lo que era esa noticia para Colombia. En ese entonces, el Papa no salía del Vaticano ni de Castel Gandolfo, y –aun así– Pablo VI decidió venir a Bogotá al Congreso Eucarístico Internacional, de 1968. Para el asunto del alojamiento, a mi papá lo llamó el presidente Carlos Lleras Restrepo y le dijo: “Ayúdeme a resolver el tema del hospedaje”. Realmente no eran turistas, eran peregrinos nacionales e internacionales.

Antes de contarnos de dónde conocía su papá al presidente Carlos Lleras, ¿dónde alojaron a la mayoría de peregrinos?

El Distrito, bajo la alcaldía de Virgilio Barco, había tomado la decisión de hacer lo que es hoy el parque Simón Bolívar y el inicio de lo que sería Pablo VI, un proyecto de vivienda del Banco Central Hipotecario (BCH) para la clase media.

Ahí interviene papá. “Si van a construir esos apartamentos, pues aprovechemos y dotémoslos para el hospedaje. Para cuando llegó el Papa ya había edificios y ahí se alojaron gran parte de los peregrinos. Luego, el BCH los vendió, y bautizaron el conjunto con el nombre del pontífice.

Si era contador, ¿cómo terminó administrando los hoteles rolos insignes?

En el año 1936 entró a trabajar en el departamento de contabilidad del Banco de Colombia. Papá tenía unos 22 años y era un bárbaro para los números, pero también se ve que cayó en gracia de los dueños.

Los accionistas principales del banco venían de Medellín, eran gente reconocida y tenían varias sociedades anónimas.

Uno de ellos le dice que tiene una vacante, y en 1943 empezó a trabajar en la contabilidad de los hoteles Granada y Regina. A los cinco años pasó de la contabilidad a la administración. Primero fue subgerente y, luego, gerente de los dos hoteles que eran de un solo dueño.

¿Eran los hoteles de la crema y nata de Bogotá?

El Granada era el más importante de Bogotá, quedaba en la Jiménez con 7.ª; era exacto a un edificio parisino, tenía unas 140 habitaciones (1935). ¡Era el Hotel! Y el Regina, tipo londinense, tenía unas 21 habitaciones.

El Granada era un hotel con todos los servicios, berraquísimo: comedores, bares, grill, la orquesta de Lucho Bermúdez en vivo. Era el sitio de la sociedad bogotana, que en esa época lo utilizaba como sitio de reunión. Se hospedaban músicos y orquestas internacionales que pasaban por Bogotá. Vimos a los Panchos, los Churumbeles de España y grandes futbolistas; Alfredo Di Stéfano y Pedernera se quedaban a dormir en el hotel.

Sufrió afectaciones el 9 de abril de 1948, y en 1951 decidieron demolerlo. Lo que tenía de espectacular era que ocupaba toda la manzana; en su lugar está el Banco de la República.

A mi viejo lo agarra el 9 de abril en el Regina, se había roto el tendón de Aquiles. Se salvó porque los porteros, que se llamaban Conto y Redondo, dos morenos gigantes (uno chocoano y otro samario) no dejaron entrar a nadie. Ese hotel quedó en ruinas luego del Bogotazo.

¿Qué pasó cuando desaparecen, si eran los más importantes?

En cuanto tumban el Granada y papá se queda sin chanfaina, como decía, lo llaman del hotel Continental, que era de unos inmigrantes italianos que en esa época vivían en Bogotá. Apenas tenía 85 habitaciones y lo habían abierto para la Conferencia Panamericana de 1948, pero estaba quebrado en todo sentido. Luego de 14 años, papá lo paró y entregó con 240 habitaciones.

En los 60 también estaba el Tequendama, el más grande de Latinoamérica, que era de la cadena Intercontinental. Tenía unas 800 habitaciones. La diferencia era que lo operaban gringos, en cambio el Continental era el local, el bogotano. Tanto que iban a almorzar los del Frente Nacional porque las oficinas quedaban en la antigua sede de El Espectador, justo al frente. Además, la cocina de este tenía fama de ser de las mejores de la capital. Y allá iba el presidente Carlos Lleras Restrepo.

Y ahí es como se da la conexión entre su papá y el presidente Lleras...

Ahí conoció a Lleras. Además, había sido revisor fiscal de las cuentas del Frente Nacional. Lleras le propone que se haga cargo de Alitour, una sociedad de economía mixta atípica entre el clero y el Gobierno nacional. Así se retira del Continental en 1967 y se encarga del hospedaje de los peregrinos.

Hasta ese momento era empleado, ¿cómo llega a montar su negocio?

Entre los años 50 y 60 ayudó a fundar el gremio hotelero Acotel, hoy Cotelco, y como presidente de la junta directiva (en esa época no debían pasar de 10 los agremiados) representaba a la empresa colombiana de turismo; por ahí pasaban todos los proyectos hoteleros nuevos. No había colombianos hoteleros, eran extranjeros que llegaban por ‘obra y gracia del Espíritu Santo’.

Cuando empieza a operar el Dann Avenida 19, lo contacta la dueña inversionista para que le recomiende un operador. En lugar de recomendar a otra persona, decidió dar el paso, crear negocio y operarlo como Germán Morales e Hijos. Y con diferencia de ocho días empezó a operar el Sinú, en Montería.

Su padre ideó la carrera para el Sena y para una universidad privada...

Antes no había personal hotelero; eso ahora no es problema. Mi viejo habló con el director del Sena (en el año 1957), Rodolfo Martínez, y terminó por convencerlo de la necesidad de crear la Escuela de Hotelería en el Sena. Y en el año 1973, como que era buen amigo de Fernando Hinestrosa, rector de la época, le extiende la idea de crear la facultad de Hotelería y Turismo en la Universidad Externado; ayudó con el desarrollo del pénsum. Este departamento nació un año después.

El momento más duro para la Cadena Morales

Eso fue mucho después... Por investigar y creer en el país nos llegó la roya. El señor Gaviria, el señor Ruddy, el proceso 8.000, el Caguán… llegó la crisis y nos reventamos.

Nos faltó la ‘a’ para decir quiebra. No teníamos ni con qué comprar los huevos del otro día para los huéspedes. Afrontamos un concordato. En seis años pasamos de tener 1.200 empleados y 42 operaciones (entre hoteles y cafeterías), a una operación donde éramos nosotros dos y cinco empleados.

Hoy somos los ‘no crea’. Las empresas no pueden estar en función de lo que prometen los gobiernos. Es el aprendizaje.

¿Qué queda del legado de Germán Morales?

Papá nos enseñó. Actualmente continuamos con el legado nosotros (Alejandro y Juan Manuel). Desde hace 11 años hemos crecido. El turismo extranjero se ha incrementado. El proceso de paz y la imagen del país sí ayudaron a que los extranjeros vengan con más confianza. El crecimiento es cierto, pero aún tenemos muchos retos.

*Este mes, la organización GMH recibió reconocimiento de Cotelco por sus 50 años. De GMH hacen parte 11 hoteles (EK y los hoteles: El Retiro, Usaquén, Parque 93 y Bicentenario, entre otros). Cuentan con 350 empleados.

María Teresa Santos Franco
Editora EL TIEMPO Zona
tersan@eltiempo.com

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