Hay 5.182 cilindros de gas en vía pública, ¡toda una bomba!

Hay 5.182 cilindros de gas en vía pública, ¡toda una bomba!

El 10 % de los informales de la ciudad utilizan pipetas de gas en sus puestos de ventas informales.

Pipetas de gas en la calle

Esta fotografía fue tomada en la calle 74 con carrera 13 en Bogotá. Foto: Andrés Zapata - EL TIEMPO ZONA.

Foto:

Andrés Zapata - EL TIEMPO ZONA.

Por: Ana María Montoya Zorro
29 de septiembre 2018 , 10:15 p.m.

Las ventas de alimentos preparados en Bogotá se han convertido en un peligro inminente para los habitantes de la ciudad. El uso de gas licuado de petróleo (GLP) en casetas o puestos de venta improvisados sobre andenes y plazas públicas ha encendido las alarmas de la comunidad ante posibles explosiones y accidentes.

El pasado 22 de septiembre, un cilindro de gas explotó en Suba a la altura de la calle 158 con 92. La pipeta estaba dentro de un contenedor que servía como puesto de venta de comidas rápidas.

El incidente se produjo por una fuga de gas y dejó 92 viviendas afectadas. La explosión fue a las 6 de la mañana, motivo por el cual no hubo lesionados ni víctimas mortales. Sin embargo, fue la alerta para analizar el peligro que puede estar corriendo la ciudadanía al estar expuesta a este tipo de artefactos en plena vía pública y ante la indiferencia de todos.

La situación

De acuerdo con el Instituto para la Economía Social (Ipes), actualmente hay 51.825 vendedores informales en toda la ciudad y de ellos, 5.182 se dedica a la venta de alimentos preparados. Esto implica el uso de cilindros de gas en los lugares en que se ubican.

Las localidades con mayor presencia de vendedores ambulantes son Santa Fe, con 10.133; Kennedy, con 4.408; San Cristóbal, con 3.558; Los Mártires, con 3.450, y Engativá, con 2.620.

Según El Centro de Información de Sustancias Químicas, Emergencias y Medio Ambiente, los cilindros de gas deben estar alejados de cualquier fuente de ignición como cigarrillos encendidos, llamas abiertas o calor intenso; además, deben estar protegidos del sol, del agua, de la humedad y de los ambientes corrosivos, ya que son considerados como un elemento altamente inflamable.

Los puestos ambulantes no solo incumplen con estos parámetros sino que, además, ubican las pipetas en zonas muy transitadas. Todo lo anterior hace que cualquiera de los 5.182 cilindros de gas que están en este momento en las calles de Bogotá se conviertan en bombas de tiempo.

Según el sargento Édgar Briceño, coordinador del grupo de operaciones especiales del Cuerpo Oficial de Bomberos de Bogotá, uno de los principales riesgos es la manipulación no adecuada de los cilindros, sumada a las condiciones en que son transportados de un lugar a otro. El movimiento que esto genera hace que el gas propano contenido en estos cilindros se desestabilice y el riesgo de explosión aumente.

¿Qué pasaría?

La explosión de un cilindro de gas puede afectar edificaciones contiguas al lugar del incidente y colapsar estructuras completas. Incluso, según Briceño, “una explosión podría dejar personas gravemente lesionadas y hasta cobrar la vida de quienes estén alrededor del mismo”.

En una emergencia de este tipo la onda expansiva de la explosión se propagaría varios cientos de metros, y aunque los daños más relevantes serían en el área cercana al incidente, las personas que se encuentren fuera del perímetro de los cien metros sufrirían daños auditivos.

Según explica Briceño, cuando el gas hace contacto con el aire aumenta su capacidad volumétrica, esto incrementa las posibilidades de una fricción con fuentes de ignición como transformadores en los postes de luz que hay en las calles; esto causaría una doble explosión en el mismo lugar.

Si, por ejemplo, uno de los cilindros de gas que está ubicado en un puesto ambulante de alimentos preparados sobre la carrera 7.ª con calle 26 de Bogotá explota un sábado a las 3 de la tarde, los daños serían irreparables. En este escenario hipotético, las víctimas mortales serían más de 10 y el número de lesionados superaría las 50 personas.

Además, el daño a las edificaciones contiguas a la explosión sería inminente.
¿Qué dice la norma? Se considera infracción urbanística cualquier localización de elementos comerciales que ocupen el espacio público. Según la ley 810 de 2003, el incumplimiento de lo anterior determina una multa de entre los 12 y 25 salarios mínimos.

Además, el espacio público es considerado un derecho constitucional, está bajo el amparo del artículo 82 de nuestra Carta Magna; en él, prima el uso común sobre el particular.

En caso de que un cilindro de un puesto de ventas ambulantes explote, la Ley 388 determina que los elementos del espacio público que sean ‘destruidos o alterados’ deben reponerse en un plazo de dos meses.

En caso de no cumplir el pago, se seguirán imponiendo multas sucesivas por cada mes de retardo. Además, según el Acuerdo 79 de 2003 del Concejo, la ocupación indebida del espacio público ‘entorpece la movilidad vehicular y peatonal’ poniendo en riesgo “la vida, la integridad y el bienestar de las personas”.

Esto significa que no solo los puestos de venta ambulante son ilegales, sino que, según la ley, se convierten en un elemento de alta peligrosidad; a esto se suma el factor de tener pipetas de gas, lo cual incrementa el riesgo de accidentes graves en espacio público. Los cilindros de gas propano deben estar debidamente señalizados con un rombo que advierta que es un gas inflamable.

¿Qué se debe hacer?

Varias entidades –como el Departamento Administrativo de la Defensoría del Espacio Público (Dadep) y el Instituto Distrital de Gestión de Riesgos y Cambio Climático– le aseguraron a EL TIEMPO que es el Cuerpo de Bomberos el responsable de hacer el control de esta situación.

Sin embargo, esta entidad no tiene competencia para recoger los cilindros de gas. Según Briceño, se deben hacer planes articulados con la Policía Nacional para garantizar que “se adelanten operativos que lleven a la erradicación definitiva del uso de este tipo de cilindros en la vía pública”.

El control del espacio público es responsabilidad de las alcaldías locales y de los comités de gestión del riesgo, quienes están encargados de regular el uso de estos cilindros de gas en la vía pública.

ANA MARÍA MONTOYA ZORRO 
ESCUELA DE PERIODISMO MULTIMEDIA EL TIEMPO
En Twitter: @Lacrespaana

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