19 años después habrá nueva generación de colegios por concesión

19 años después habrá nueva generación de colegios por concesión

Operarán 13 nuevos planteles con ese modelo. Empiezan entre el 2019 y el 2020.

Educación en Bogotá

Hoy, en Bogotá, existen 2.209 colegios, de los cuales 1.757 son privados, 390 distritales, 27 en administración del servicio y 11 oficiales de regímenes especiales.

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Secretaría de Educación

Por: Carol Malaver
24 de marzo 2019 , 09:30 p.m.

Kevin Andrés Rodríguez, de 26 años, abogado de la Universidad Nacional, con especialización en Construcción de paz y graduado en el año 2009 del colegio Santiago de las Atalayas en Bosa, es un defensor acérrimo de su institución, administrada por la Alianza Educativa.

Fue un lugar integral, no solo en lo académico sino que me formó, a través de actividades extracurriculares, como una persona de bien”. Recuerda que el colegio siempre integró a su familia y que nunca vivió un ambiente escolar pesado, en donde las drogas o las peleas entre pandillas hicieran parte de la rutina. Este es solo un caso de muchos que dan cuenta de la experiencia de los jóvenes con el modelo de educación por concesión en Bogotá, ahora llamado en administración de servicio.

Hay que decir que, históricamente, este programa ha generado conflictos entre quienes piensan que hay que acabar con ellos y potenciar solo lo público y los que, por el contrario, muestran los logros que en materia académica, deserción escolar, convivencia, entre otros, ha conseguido el mismo.

Hoy, en Bogotá, existen 2.209 colegios, de los cuales 1.757 son privados, 390 distritales, 27 en administración del servicio y 11 oficiales de regímenes especiales. Para entender más este tema hay que remontarse al pasado.

El modelo de colegios en concesión fue una apuesta del alcalde Enrique Peñalosa, que se puso en marcha en el año 2000 y que buscaba llevar lo mejor de la experiencia educativa del sector privado a los colegios públicos. La meta: más calidad para la población vulnerable.

Para ser más claros, son colegios públicos en los que el Distrito contrata, con instituciones educativas sin ánimo de lucro y de reconocida experiencia, la administración del servicio educativo según una canasta de costos previamente definida. “Bogotá fue la primera en poner en marcha esta estrategia pero, luego, se convirtió en referente para otras entidades territoriales como Soacha, Cartagena, Cali, Santa Marta, Pereira, Floridablanca y Turbo”, explicó la SED en un documento.

El proyecto comenzó a funcionar en 25 colegios de Bogotá, todos construidos y dotados por el Distrito y entregados a entidades privadas a través de una licitación pública. “Durante el 2014, la Secretaría de Educación hizo una evaluación y mantuvo la vigencia para 22 colegios”, explica el documento.

Existen 2.209 colegios, de los cuales 1.757 son privados, 390 distritales, 27 en administración del servicio y 11 oficiales de regímenes especiales

Mientras esto pasaba, los padres de familia, asombrados de las visibles diferencias en el ambiente escolar y los resultados académicos y disciplinarios de estos planteles, hacían fila para lograr un cupo en los mismos. El ambiente de respeto hacia los docentes era perceptible y es por esta razón, y a pesar de todos sus detractores, que en el 2018 se adjudicó una nueva generación de colegios en administración, un total de 13, de los cuales empezarán a operar 9 durante el 2019 y 4 más durante el 2020.

¿Cómo operan hoy?

En el 2018, en los 22 colegios, se atendió una matrícula cercana a los 30.000 estudiantes de estratos 1, 2 y 3. Cuando comiencen a funcionar los 13 planteles nuevos se beneficiarán a unos 40.000 estudiantes en jornada única (un 5% del total de la matrícula oficial).

Según la SED, sobre el desempeño de estos colegios existen más de diez estudios que evidencian mejoramiento en la calidad educativa. “Uno de ellos fue la evaluación de impacto de la Universidad Nacional. Además de mejoras en variables como el uso del tiempo escolar, muestra la participación de los padres en la educación de sus hijos y el acceso a la educación superior”, explica la entidad.

Agregan que estudios han concluido que los colegios en administración han tenido resultados sobresalientes en las pruebas de Estado y que sus egresados tienen las más altas tasas de acceso a educación superior y las tasas más bajas de deserción y de embarazo adolescente. “Fueron los primeros colegios en atender poblaciones vulnerables en jornadas únicas, dedicando un mayor número de horas al aprendizaje”, explica la entidad.

Otro aspecto importante es que en estos colegios se destaca el buen clima escolar y la convivencia pacífica.

En las pruebas Saber 11 2018, estuvieron en las categorías de clasificación más altas según el Icfes, ubicándose el 4,5 % en A+, el 86,4 % en A y el 9,1 % en B. El colegio Buenavista, por ejemplo, se destacó en los resultados de pruebas Saber 11, en las que ya alcanzó la categoría más alta de la clasificación (A+). Colegios como Argelia, Miravalle, Los Naranjos y Santiago de las Atalayas sobresalieron en los índices de aprobación y permanencia escolar en estas pruebas.

En deserción se han mantenido las tasas por debajo de las cifras nacionales. “Esto demuestra que el modelo es eficaz para lograr que los estudiantes permanezcan en el sistema educativo”, resalta el documento.

En aspectos como la educación sexual también ha habido avances. En el caso de la Alianza Educativa, durante el 2017 tuvieron 4 casos de embarazo adolescente, que equivale al 0,13 % de sus estudiantes; una de las tasas más bajas de la ciudad.

Los jóvenes también han tenido logros significativos en el acceso a la educación superior. Por ejemplo, de los estudiantes de los colegios Argelia, Jaime Garzón, La Giralda, Miravalle y Santiago de las Atalayas de grado 11, en promedio 4,4 % obtuvieron becas a través del programa ‘Ser pilo paga’.

No obstante todos estos resultados, el modelo sigue teniendo defensores y contradictores.

¿Qué dicen los expertos?

Según Ángel Pérez, experto asesor en temas de educación, el modelo de colegios en administración en Bogotá funciona bien. “Sus resultados en las pruebas Saber, en permanencia y convivencia son mejores que el promedio de los colegios oficiales, pero no mejores que los privados de más alta calidad y mayor costo”.

Pérez agregó que lo malo en toda esta discusión es que “administraciones como las del alcalde Enrique Peñalosa usan este modelo para demostrar que los oficiales no son buenos, que lo mejor es privatizar la administración de la educación y que, además, sale más barata, que significa menos salarios para los docentes y más horas de trabajo para quienes trabajan en colegios en concesión; en educación menos costos significa ahorro en los pagos de personal”. Para él, este modelo divide opiniones y, en el fondo, evita tener un solo modelo de educación pública en el que todos busquen cómo mejoramos su calidad y sus resultados.

Para Julián de Zubiría, director del instituto Alberto Merani, el modelo de concesiones está bien evaluado en Bogotá. “La calidad educativa es alta, los costos son bajos y los resultados son muy favorables en pruebas Saber y el ISCE, así como en la disminución de la deserción”. Agregó que son un buen modelo de alianza público-privada. “Han trabajado de manera efectiva sobre algunas de las variables claves de la calidad, como son el liderazgo y la autonomía del rector, la consolidación del Proyecto Educativo Institucional y la cohesión de la comunidad educativa. Si se mantienen las mismas condiciones, estoy de acuerdo. Los colegios públicos deberían aprender de esta positiva experiencia”.

Según el estudio ‘Asociaciones público-privadas en la educación colombiana: la equidad y la calidad. Implicaciones de los colegios en concesión’, realizado por Andreu Termes, Xavier Bonal, Antoni Verger y Adrián Zancajo, de la Universidad Autónoma de Barcelona, aunque este modelo resulta ser más autónomo que las escuelas públicas en aspectos pedagógicos y organizativos, también puede llegar a presentar algunos inconvenientes.

El estudio es polémico al mencionar que en los colegios por concesión la gestión de los recursos humanos se ha caracterizado por un empeoramiento de las condiciones de empleo de los docentes, incluyendo jornadas laborales más largas y salarios más bajos que los profesores de escuelas públicas, contratos temporales y no reconocimiento de años de experiencia.

Adicional a esto, también señala que aunque muchas familias disfrutan de un servicio al que están altamente apegados, el mantenimiento de esta situación implica discriminación para aquellas familias que no han tenido la oportunidad de acceder a instituciones educativas con mejores recursos.

CAROL MALAVER
Subeditora Bogotá

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