'Frayñero', el ángel de las calles del centro de Bogotá

'Frayñero', el ángel de las calles del centro de Bogotá

El religioso ayuda a unas 2.000 personas, que llama 'los más pobres de los pobres' de la ciudad.

Fray Gabriel Gutiérrez

Fray Gabriel Gutiérrez Ramírez es más conocido como 'Frayñero' entre las personas que convirtieron las calles del Centro de Bogotá en su hogar.

Foto:

Cesar Melgarejo

Por: Guillermo Reinoso Rodríguez
01 de julio 2020 , 12:06 a.m.

Son las 7 de la mañana. Es domingo. Se abre el portón de madera del convento de San Francisco y de inmediato sale presuroso el padre Gabriel. Tras él van cinco de sus colaboradores, que lo esperaban en la calle.

Todos cargan paquetes y una gran cantina de aluminio. Caminan en dirección a la cuadra de los libreros, a unos 150 metros de allí. A lo largo del breve recorrido empiezan a aparecer hombres y mujeres que esperaban ansiosos el momento, y quienes, con sus mascotas, aceleran el paso tratando de alcanzar al sacerdote.

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Antes de llegar a la carrera 8.ª, el religioso de la Orden Franciscana frena y empieza a orar, agradece por el humilde desayuno. Luego aparecen unos vasos plásticos en los que sirven agua de panela y los panes que comienzan a ser entregados, uno a uno, en la mano por el fraile. A su alrededor se ha formado una fila o algo parecido. No es fácil, hay algunos empujones y el cura tiene entonces que pedir orden.

Esos panes y el agua de panela pueden ser el único ‘golpe’ en el día para muchos de quienes se reúnen sagradamente todas las mañanas alrededor del convento. Para otros no pasarán de una ilusión. Muchas veces no alcanzan y esta puede ser una de esas ocasiones.

Gutiérrez puede hacer rendir 300 raciones, pero se presentan 500 o 700 personas. Este domingo, pese a la muerte de su madre, Rosa Elvira Ramírez de Gutiérrez, el día anterior, y hace unas semanas de uno de sus grandes amigos, el ‘general Sandúa’ –como se le conocía a uno de los más reconocido habitante de calle bogotana, muerto por covid-19–, el presbítero salió con la esperanza de que alcanzaran. Y así fue. Algunos lograron repetir y él no tuvo que correr a buscar en panaderías o restaurantes vecinos cómo solucionar tremendo problema.

El cura Gabriel Gutiérrez Ramírez, más conocido como ‘Frayñero’, es un franciscano famoso entre los 'parches', como se hacen llamar los grupos de habitantes de calle. Él se convirtió en el ángel de estos ciudadanos, como los denomina, poco después del operativo de desalojo del Bronx, una de las más grandes ollas de tráfico de drogas que había en la ciudad, unas cuantas cuadras al sur del parque Santander.

Este sitio es conocido entre la población de la calle como el ‘parche de Frayñero’. Por mucho tiempo el fraile ha estado repartiendo allí sus desayunos.

Él es quien los acompaña, escucha sus dramas, resuelve sus necesidades y hasta llora con ellos, como cuando encontró sentado en un andén al ‘Paisa’, un habitante de calle, lamentándose como un niño porque su perro callejero se había perdido. Esa noche el fraile no pegó el ojo de pensar en la mascota y en su amigo.

“No es una cosa menor, el perro es muy importante para él, es lo único que tiene en la vida”, dice. Al día siguiente la mascota fue encontrada por su amo en el puente de la calle 6.ª con 10. Por alguna razón cayó de la elevada estructura, quedó mal herida y con los meses se recuperó.

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Así como atiende este tipo de preocupaciones, fray Gabriel también recibe a diario situaciones que no siempre son fáciles de resolver. En un día son muchas las veces en las cuales suena su celular o el teléfono de la fundación Callejeros de la Misericordia, y al otro lado escucha una voz que clama por comida o algún medicamento o trabajo.

Pero otros tocan el portón del convento pidiendo ser escuchados o que les ayuden con dinero para girarles a la esposa y a los hijos o están reuniendo los 15.000 pesos para el ‘pagadiario’ de esa noche.

Fray Gabriel Gutiérrez

Fray Gabriel Gutiérrez se dedicó a los habitantes de calle desde que los encontró en un un canal mal oliente de la calle sexta.

Foto:

Archivo particular

También hay muchos casos en los cuales debe acudir en ayuda de alguno de sus amigos de la calle, ya sea porque enfermaron o fueron apuñalados o sus cosas terminaron incineradas o murieron y sus cuerpos no tienen quien los acompañe hasta el cementerio.

Así pasó con el ‘Ingeniero’, quien en una madrugada falleció en el parque Santander, sobre la carrera 7.ª entre el edificio Avianca y el Banco de la República.

Este habitante del centro se sintió muy mal y el fraile lo socorrió con comida y una chaqueta para el frío, ante la resistencia a ser llevado a un hospital. Esa noche, pese a su estado, el ‘Ingeniero’ consumió chamberlain –una bebida a base de alcohol etílico– junto a otros cinco integrantes del parche, pero su cuerpo no resistió tanto exceso.

A las 4 de la mañana, el cura tuvo que pedir una ambulancia y contactar a una familiar del difunto y ayudarle con los pasajes, el hotel y el ataúd para que su amigo pudiera tener un funeral digno.

“No es fácil no sentirse afectado por tantos dramas inenarrables que tienen estos seres humanos”, dice fray Gabriel, y agrega que solo la confianza en Dios le permite sobreponerse y continuar en su propósito de “callejear la fe” en medio de la pobreza en las localidades de Santa Fe y Los Mártires.

No es fácil no sentirse afectado por tantos dramas inenarrables que tienen estos seres humanos

Ser como Francisco de Asís

La vida de este religioso parece estar signada por la pobreza. Nació en un hogar numeroso –son ocho hermanos– en el que siempre hubo necesidades. Su padre fue un vendedor informal, viajaba a los pueblos ofreciendo cachivaches. Él también tuvo que rebuscarse el pan en su juventud con las ventas callejeras. Y, como muchos jóvenes en esa época, hizo el bachillerato en la nocturna, en un colegio religioso de la capital del Meta.

Gabriel Gutiérrez se ordenó hace 32 años como sacerdote diocesano y luego hizo votos para seguir los pasos de San Francisco de Asís, entregar su vida a los más pobres. Cumpliendo esa misión, estuvo en zonas golpeadas por la pobreza, el conflicto armado y el narcotráfico, como Guapi, en la costa Pacífica colombiana, y Villavicencio y San Martín, en el Meta, luego de vincularse varios años en una misión en Mozambique, sur de África. Finalmente, en el 2015, aterrizó en Bogotá, la ciudad que lo vio nacer el 23 de agosto de 1957.

Según el Censo de Población 2018, en Bogotá hay 9.538 habitantes de calle, pero esa cifra hoy puede ser el doble, de acuerdo con el religioso, quien dice que en los bajos de los puentes, caños, separadores y parques y plazoletas se han conformado cambuches, donde no solo viven habitantes de calle, sino también desplazados, migrantes, indígenas, desempleados… que encuentran en las calles un refugio o la solución a sus problemas.

“No todos llegan por las drogas... Hay más drogadictos afuera. En las calles usted puede encontrar empresarios, profesionales, artistas, músicos, profesores, amas de casa… que no consumen alucinógenos ni son criminales”, dice el sacerdote, quien no obstante reconoce que muchos sí han terminado absorbidos por las estructuras de las calles.

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Fue en el caño de Los Comuneros o canal de la 6.ª, en medio de cambuches, olores insoportables y entre al menos tres centenares de habitantes de calle, donde encontró su verdadera vocación, el significado de su vida religiosa, su fe y también el apodo: ‘Fray Ñero’.

En la mañana del 30 de julio de 2016, siguiendo la recomendación de su médico, quien le diagnosticó problemas de colesterol, el cura salió de la parroquia de San Bernabé, en el barrio La Primavera, a caminar por la calle 6.ª. Iba con sus hábitos color marrón y un morral wayú al hombro, en el que había echado monedas por si algún necesitado lo abordaba. Como de costumbre, recuerda, había mucha presencia de policías y el canal estaba cercado por vallas.

También había centenares de marginados. Se trataba de habitantes del antiguo Bronx que habían encontrado refugio en la orilla de ese caño, que en su recorrido recoge las basuras y aguas negras que arrojan los miles de habitantes que hay aguas arriba. Hasta ese momento, como todos los bogotanos, el padre solo sabía que muchos de los habitantes de la ‘olla’ se habían establecido allí, ante la mirada indiferente de los miles de bogotanos que a diario transitan por la zona.

Pero por algún motivo se interesó por esos seres humanos y por saber cómo vivían y funcionaban, y decidió internarse en el canal. Allí encontró cambuches y decenas de hombres y mujeres, algunos de ellos enfermos, viviendo en ese maloliente lugar –aún hoy es igual–. Aunque lo dejaron entrar y le tomó varios meses ganarse la confianza, porque lo veían como un infiltrado. No creían que fuera un sacerdote.

Cuenta que en una de sus primeras visitas llegó un habitante de calle que con tono de reclamo preguntó qué hacía “ese hombre” allí. Y otro salió en su defensa y respondió: ‘No ve que es fray, Ñero’. A lo que el primero replicó: ‘Por eso, ‘Frayñero’. Así se quedó, y así se lo conocen en las calles, en los parches del centro de Bogotá y en las redes sociales, de las cuales este religioso es un asiduo usuario.

“El sentirme ñero, en el sentido de compañero, es muy importante. Hace que yo, como persona, participe de sus dramas humanos, que nadie ve ni les ayuda a solucionar, porque son ciudadanos invisibles”, comenta el padre, quien al principio sintió que su nueva labor no era entendida, incluso, por algunos miembros de la Orden. Pero esa mirada cambió y hoy lo apoyan, lo ayudan.

De hecho, su trabajo con los más desprotegidos ha encontrado eco en el Vaticano. De él se han escrito recientemente páginas en medios de la Iglesia católica, como Vatican News, Agencia Católica Internacional y la revista Vida Nueva, en el canal Cristovisión y en el programa La Ventana, del grupo español Paz y Bien.

Actualmente, este fraile de 63 años, barba blanca y apariencia bonachona, que sale a la calle con careta, tapabocas y guantes para protegerse del covid-19, cuenta con un grupo de unas 180 personas que le colaboran, entre ellos, jóvenes, estudiantes universitarios, profesionales, y hasta sus hermanos y sobrinos; mientras otros ciudadanos se le han acercado a preguntar cómo lo pueden ayudar. Incluso, otras parroquias de esta Arquidiócesis y de otras ciudades colombianas o de países como Guatemala y Ecuador lo invitan para que reproduzca su experiencia con las personas que han hecho de las calles, puentes, canales, parques y plazoletas su hogar.

Y si bien el padre hace esfuerzos por ayudar a los habitantes de la calle, en lo cual ha tenido además apoyo de varias fundaciones, en la actual situación que vive Bogotá por causa de la pandemia, eso no parece ser suficiente. Cada vez están apareciendo en el centro de la ciudad más y más necesitados y llegando al portón del convento para pedir alguna ayuda. Hoy, fray Gabriel y su fundación Callejeros de la Misericordia atienden a cerca de 2.000, a quienes considera “los más pobres de los pobres” y que en este momento de pandemia son tal vez los más necesitados.

Y mientras este sacerdote más visita los parches del parque Santander, de la calle 19, del Tercer Milenio, de La Favorita, del Voto Nacional y de La Carrilera, todos localizados en el polígono entre las calles 6.ª y 26 y carreras 7.ª y 30, más se refuerza su sueño de crear un centro en el que estos ciudadanos puedan sentirse acogidos con sus mascotas, escuchados, ver películas y se tomen una cerveza, si así lo desean, pero a la vez se vayan preparando para su inclusión social.

Donde se puede ayudar a 'Frayñero'

Los interesados en ayudar a la obra del frayle Gabriel Gutiérrez Ramírez, más conocido como ‘Frayñero’, pueden escribirle al correo fcallejerosdelamisericordia
@gmail.com o llamar al número 313 6134468 o ingresar a la página de su fundación www.callejerosde lamisericordia.org

Guillermo Reinoso Rodríguez
Editor de Bogotá
@guirei24

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