Los cuadros que la guerra no había dejado pintar a los exguerrilleros

Los cuadros que la guerra no había dejado pintar a los exguerrilleros

En el centro de Bogotá hay una exposición que recoge pinturas y fotografías de excombatientes.

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‘Mencha’, un cuadro pintado por un exguerrillero de las Farc que muestra el camino incierto que transitan los excombatientes. No se sabe si va o si viene.

Foto:

Abel Cárdenas.  EL TIEMPO

Por: Sebastián Ramírez
18 de enero 2020 , 11:28 p.m.

En un café de La Candelaria, en el centro de Bogotá, hay una guerrillera escondida. Tiene un par de botas negras, un pantalón verde militar que le queda ancho, un chal blanco que le deja descubierta la cintura y un fusil colgado a la espalda. Se llama Mencha y es un cuadro pintado por un excombatiente de las Farc.

Hace parte de una exposición a la que se han ido uniendo pintores, fotógrafos y escultores que no habían tenido tiempo de mostrar su arte porque estaban ocupados con la guerra. “Un día nos tomábamos un tinto con otros dos excombatientes y hablábamos de las fotografías de archivo que ellos tenían de cuando estaban en las Farc, sobre todo en el último período”, cuenta Arturo Zamora, curador del proyecto.

En un comienzo, la galería se había puesto en una casa de Teusaquillo, pero Arturo quería buscarle otro espacio. Entonces César Jerez, un líder de reservas campesinas, le propuso que llevara las obras a su negocio, el Café Pushkin, que está ubicado en la carrera 1.ª n.º 12-61. Desde la semana pasada, las obras se están exponiendo ahí. Después, irán a otros cafés, porque la exposición está pensada para ser itinerante.

“En tanto ha avanzado el proyecto, nos hemos unido con más gente. Se ha empezado a engrosar. Yo he llamado artistas que fueron combatientes para que aporten sus obras”, explica Arturo Zamora.

Entre los pintores que han ido llegando está Campo Elías Moreno, un hombre alto, magro y de ojos fríos que lleva el arte a todo lado.

Estudió Ciencias Sociales, luego empezó Química, pasó por Contabilidad, pero terminó graduándose en Enfermería. Y, cuando estaba ejerciendo, se dedicó a ser pintor. Trabajaba en la Fundación Santa Fe. En las noches en las que no había pacientes quejumbrosos por los pasillos del hospital, sacaba pedazos de papel y pasteles. Los llevaba a todas partes, incluso cuando era guerrillero y dictaba cursos en el monte se metía a una carpa y pintaba.

Uno de los cuadros que tiene en la exposición se llama El Cucho y es un retrato de ‘Manuel Marulanda’, con una paloma blanca detrás de la cabeza y una rosa roja, como la del logo del partido Farc, debajo del cuello.

Los excombatientes exaltan con su arte unos valores que no son compartidos por un sector de la sociedad. Los que para ellos son figuras fundamentales de su historia, para otros son solo victimarios.

Farc

Las obras que están disponibles en la exposición también incluyen esculturas.

Foto:

Abel Cárdenas / EL TIEMPO

“La reincorporación para nosotros no implica renunciar a la ideología ni al compromiso revolucionario con las transformaciones sociales. Es cambiar de escenario. Dejar las armas para seguir la lucha desde lo civil”, dice Ruben Darío, el pintor de Mencha, el cuadro de la guerrillera.

“Luego del proceso de paz, muchos de los excombatientes hicieron asociaciones culturales para tratar de recoger recursos de la comunidad internacional. Por supuesto, su tendencia política está marcada en las obras que llevan a cabo”, explica Óscar Parra, director del proyecto periodístico Rutas del Conflicto y profesor de la Universidad del Rosario.

En el camino de vuelta a la vida civil, los excombatientes han podido dedicarse a otros tipos de arte, otras formas de expresión que antes tenían vedadas por el conflicto. “Los espacios artísticos que había en las Farc tenían que ver mucho más con danzas, con poesía y con música. Eran cosas fáciles de hacer en la guerra. En cambio, no era tan sencillo hacer cursos de pintura o escultura”, recuerda Arturo Zamora.

Esas expresiones artísticas de las Farc cuando aún estaban armadas eran usadas para la difusión y la propaganda política. “La producción artística estaba muy amarrada al hecho de que ese grupo armado en muchas zonas fungía como Estado”, señala Óscar Parra.

Obras narradas

Arturo Zamora cuenta que, al contrario de lo que se hace comúnmente en las exposiciones de arte, con las obras de los excombatientes se debe dar contexto de lo que está plasmado. “Generalmente, los círculos de arte dejan que la obra hable por sí misma. En este caso hay que hacerlo a la inversa. Hay que narrar lo que dice la obra y ojalá en la voz del propio artista”, dice Arturo Zamora. Para estas exposiciones hay que entrar pensando en que el artista no solo hace la obra, sino que es ella.

Pasa eso en el caso de Mencha. Ella está dando un paso al frente, caminando hacia al monte en cuyo borde se esconde el sol y se acomoda el atardecer. A los lados de su camino hay cultivos con los colores de la bandera. Uno no tiene idea de qué hace ni de para dónde va. “Ese cuadro tiene una doble lectura. Puede significar que la mujer va a incorporarse a las filas o que va retornando hacia su terruño”, explica Ruben Darío Patiño.

Son dos momentos que vivieron todos los excombatientes que decidieron acogerse a la paz. Esta mujer va al mismo tiempo que viene. De la misma forma, lleva su fusil a la espalda para dejarlo descansar y para estrenarlo.

Una vez, Patiño puso el cuadro Mencha junto a una mula y una abuelita. Una señora de edad se paró frente a las tres obras.

–¿Qué ve usted ahí? –le preguntó Patiño.
–Veo a una abuelita muy triste, mirando a la guerrillera que le mató al hijo y lo único que le quedó de él es la mula.

Rubén Darío le contó su lectura. Para él se trataba de la abuelita que está esperando a la nieta guerrillera con la mula que había dejado antes de irse.
En este país, seguramente, ambas versiones son ciertas.

SEBASTIÁN RAMÍREZ
Escuela de periodismo de EL TIEMPO
Twitter: @Denocheunpajaro

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