El virus de la delincuencia y el crimen

El virus de la delincuencia y el crimen

Opinión. El confinamiento ha traído un aumento de la tensión social, la transformación del crimen.

El virus de la delincuencia y el crimen

Esta ha sido uno de las manifestaciones violentas de los últimos días en la localidad de Usme.

Foto:

César Melgarejo.

Por: Opinión
28 de abril 2020 , 01:37 p.m.

La alcaldía ha anunciado una mejoría de la seguridad en el primer trimestre del año representada entre otros por la caída del 2% en homicidios, 15% en hurto a personas y 32% en Transmilenio. Esos datos preliminares fueron una buena noticia, aunque el periodo observado contara con al menos 10 días con características nunca vistas y otros tantos alejados de la dinámica urbana ordinaria.

Dicho optimismo respecto a la evolución de la seguridad enfrenta un alto riesgo de sostenibilidad dada la inexistencia de un cambio estructural en las condiciones de seguridad, además del impacto que la crisis sanitaria tendrá en la economía, el tejido social y la legitimidad institucional.

Ocultas detrás de la avalancha de noticias pandémicas, a lo largo de 5 semanas de cuarentena se han observado nuevas dinámicas criminales y el brote de factores de riesgo que desafían la gestión de la seguridad en la capital. Como un virus, la delincuencia y el crimen mutan y se extienden en un contexto que apenas empezamos a entender.

El confinamiento ha traído consigo el aumento de la tensión social, la transformación del crimen, el debilitamiento de las capacidades de seguridad, excarcelaciones y nuevos espacios funcionales para los delincuentes. Ejemplos de lo anterior son el incremento de protestas en los barrios, los reportes de extorsiones y ataques contra comercios, el incremento del “gota a gota” y el surgimiento de mercados negros que evaden la cuarentena.

En Italia, la capacidad limitada de respuesta estatal en asistencia ha abierto las puertas a la mafia para convertirse en garante del confinamiento, oferente de “financiación” ilegal a personas y negocios, así como proveedor de alimentos y medicamentos – muchas veces falsos-.
En el Reino Unido, se ha identificado un aumento del reclutamiento de menores para redes ilegales. La inactividad y los problemas económicos de las familias son un incentivo clave. En Centroamérica, la suspensión de las extorsiones o su cobro posfechado, se esta convirtiendo en una consolidación del control social y económico de comunidades.

La necesidad de focalizar capacidades de seguridad en el despliegue sanitario y de respuesta, en algunos lugares ha abierto espacios territoriales para una mayor operación criminal. En el marco de la emergencia, la corrupción y el crimen se han tomado de la mano, amenazando la legitimidad institucional en tanto se extienda el aislamiento y la capacidad de respuesta sea débil.

Los equipos de atención social y en salud han sido suplantados para robar oficinas y domicilios, también ha aumentado considerablemente el crimen cibernético, las bandas de distribución de drogas se han sumado a otras actividades delictivas y las apuestas ilegales se han fortalecido. Como puede apreciarse la delincuencia y el crimen llevan la delantera en su capacidad de adaptación.
Estructuras criminales, mercados ilegales, fenómenos delictivos y violencia no solo resultarán fortalecidos por el debilitamiento de las estructuras social, económica e institucional. El desempleo proyectado, el desplazamiento hacia zonas urbanas buscando ayuda y el agotamiento del dispositivo de seguridad serán dinamizadores del florecimiento del crimen y la violencia.

El sector seguridad y defensa en el nivel nacional y local tienen la responsabilidad urgente de estructurar planes de respuesta a este panorama. Atender los cambios de los sistemas delincuenciales y observar con atención la adaptación del crimen en otros escenarios COVID19 les permitirá anticiparse y tomar provisiones para enfrentar nuevos fenómenos.

Es necesario debilitar las estructuras criminales evitando su adaptación y fortalecimiento. Advertir las transformaciones de los contextos locales para dar lugar a respuestas multidimensionales y sostenibles. Asimismo, la Fuerza Pública debe participar activamente del dispositivo de respuesta a la crisis para la protección del capital social, el territorio y la reputación de las instituciones.

Capitulo aparte representa la defensa de los presupuestos de seguridad y defensa respecto a propuestas delirantes de desfinanciación de la seguridad. De no ser así, se deteriorará aún más la capacidad de respuesta a los desafíos del presente y del futuro inmediato, multiplicando el impacto de la crisis sanitaria en las condiciones de vida de los colombianos.

Una respuesta oportuna y robusta de seguridad durante la crisis COVID19 hará mas llevadero el “aplanamiento” de la curva del crimen y la violencia, ofreciendo una nueva oportunidad de celebrar la mejoría de los indicadores de seguridad, esta vez en el marco del pleno uso de los derechos ciudadanos.

César Andrés Restrepo Florez
Director Seguridad Urbana
ProBogotá Región

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