Así es el único castillo 'medieval' ubicado en pleno corazón de Bogotá

Así es el único castillo 'medieval' ubicado en pleno corazón de Bogotá

Fue construido entre 1915 y 1923. Actualmente, funcionan diferentes negocios en él.

Castillo del Mono Osorio

Una de las torres del ‘Castillo del Mono Osorio’ ubicado en el barrio Rosales de Bogotá.

Foto:

Andrés Galindo Fernández

Por: Andrés Galindo Fernández
18 de diciembre 2019 , 09:56 a.m.

A pocas cuadras de la exclusiva Zona G, de Bogotá, en la esquina de la carrera 3 con calle 74, pasa desapercibido un castillo de piedra que tiene más de 100 años de historia.

Hoy en día, una de las partes del inmueble, de 1.280 metros cuadrados, con más actividad es lo que en su momento fueron las caballerizas, donde se encuentra un pequeño restaurante de comida internacional.

El dueño del sitio, que también funciona como mercado gastronómico, es Mauricio Osorio Piqué, uno de los nietos de quien construyó el castillo.

El nacimiento del castillo

Juan Crisóstomo Osorio Morales fue un odontólogo y artista colombo español que en 1908 viajó a Bélgica para ser Agregado Cultural en la Embajada de Colombia en Bruselas.

‘El Mono', como lo conocían sus amigos, encontró un castillo de piedra del siglo XII en las calles de Bélgica y lo pintó en óleo. Al volver de su viaje diplomático, en 1915, decidió replicarlo en un terreno que, en ese entonces, estaba en las afueras de Bogotá y que en la actualidad es la zona de Rosales.

Para hacer realidad su sueño contrató a maestros de obra de Bucaramanga y Medellín, pero no dejó de lado su trabajo como odontólogo. Curiosamente, según contó Mauricio, "le agregaba una piedra más a la edificación por cada muela que sacaba en su consultorio".

En 1923, el proyecto, después de muchas muelas sacadas, finalizó y fue bautizado como 'El Castillo del Mono Osorio'. 

Tenía cosas normales de una casa, como habitaciones, baños, salones, pasillos, patios, comedores y cocinas; y también excentricidades, como ascensores mecánicos, caballerizas y pasadizos y cuartos secretos ¿Qué hacía en ellos? No hay una certeza absoluta. 

En el castillo vivió su creador durante 33 años (1956). Sus últimos momentos los pasó en uno de los dos teatros que construyó.

Una nueva etapa

Ya sin su 'rey', el lugar pasó a albergar restaurantes. ‘Juanillo’ fue uno de los más lujosos y reconocidos. Su oferta de cocina española era una de las más exclusivas de Bogotá.

El auge del restaurante fue en la década de los 60. Mauricio contó que, según le dijeron, el lugar era frecuentado por las personalidades más importantes de la ciudad.

"Funcionarios públicos, empresarios exitosos y familias de la 'élite' frecuentaban el lugar. Decir que alguna vez fueron a comer a un castillo daba cierto estatus social".

En aquellos tiempos, ‘Juanillo’ se 'tomaba' el lugar entero. Y el entonces dueño del restaurante mantuvo una amistad con el creador del castillo. Incluso, se le agradecía mucho por dar a conocer la icónica edificación.

Después de contrastar información con fuentes de 'Juanillo', se confirmó que el restaurante terminó cerrando por un problema de salud que tuvo su principal administrador. Y, en 1977 se tomó la decisión de entregar el lugar.

Después de algunos años, Hernando Osorio Matamoros, un exitoso ginecólogo que heredó el castillo tras la muerte de su padre, se percató del bandono en el que quedó el lugar. Y decidió mudarse a restaurarlo.

Para nivelar los pisos, paredes y techos, y ambientar el restaurante, se tenían que romper o lijar piedras de más de dos toneladas que tienen más de 100 años

Fueron 5 años de trabajos y restauraciones para que el hijo de 'El Mono' lograra su objetivo y, al final de su vida, decidió heredárselo a sus 7 hijos, por partes iguales.

Un castillo en el siglo XXI

Los 120 metros cuadrados de caballerizas, cocinas y sótanos quedaron en manos de Mauricio. En ese espacio, mientras el nieto de ‘El Mono’ trabajaba en su propia agencia de publicidad, se establecieron varios negocios por más de 20 años: estudios de fotografía, salones de eventos y otros restaurantes.

Hasta que llegó la determinación, por parte de Mauricio, de retirarse. “Mi objetivo era disfrutar mi retiro y por eso decidí hacer un proyecto en mi parte del castillo”, narró, mientras estaba sentado en uno de los cuartos de la zona baja de la construcción medieval y tomaba whisky en las rocas de 12 años en un vaso de vidrio.

Fue hace cuatro años que su mercado ‘delikatessen’ abrió por primera vez. Para llegar a ese momento, tuvo que contratar maestros de obra para romper ‘las muelas’ de su abuelo.

Para nivelar los pisos, paredes y techos, y ambientar el restaurante, se tenían que romper o lijar piedras de más de dos toneladas y que llevaban allí más de 100 años.

Los sótanos y cuartos secretos, en los que ‘El Mono’ transitaba ahora albergan cavas en donde se guardan los vinos más finos del lugar

Con la fachada lista, ‘Eat’s’, el proyecto gastronómico del nieto de ‘El Mono’, en donde se venden productos culinarios de muchos países, se tomó las caballerizas del castillo.

Luego, ese pequeño negocio agregó unas mesas y una carta de restaurante.

No es raro ver que personalidades como Fonseca, Valerie Domínguez y distintos funcionarios públicos, como ocurría en ‘Juanillo’ hace más de 40 años, frecuenten el lugar.

“La gente se enamora del encanto del castillo, que es espectacular, pero sencillo”, dijo Mauricio.

‘Eat’s’ se ubica en las caballerizas y las cocinas, y los sótanos se adecuaron como cavas, en donde se guardan vinos y se realizan catas. 

Castillo del Mono Osorio

La cava ubicada en los sótanos del castillo.

Foto:

Andrés Galindo Fernández

“El vino me apasiona, lo tengo en las venas porque mi abuelo hacía vino, y quiero formar a la gente a que se adentre en ese mundo”, señaló Mauricio, quien agregó que la cultura de la enología en Colombia deja mucho que desear. 

Hace más de 100 años, ‘El Mono’ hizo del castillo su sello personal. Al día de hoy, su nieto Mauricio sigue disfrutando su retiro y cuando se le pregunta por una frase que describa el lugar responde lo mismo que, según él, diría su abuelo: “Soy yo”.

ANDRÉS FELIPE GALINDO FERNÁNDEZ
Tendencias EL TIEMPO
Escuela de Periodismo Multimedia@agalo98

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