El segundo conejo de Peñalosa a Bogotá / Opinión

El segundo conejo de Peñalosa a Bogotá / Opinión

Ernesto Samper Pizano, expresidente de Colombia, habla sobre la historia del metro de la capital.

Ernesto Samper Pizano, expresidente de Colombia

El expresidente Ernesto Samper Pizano

Foto:

Diego Santacruz / archivo EL TIEMPO

Por: Ernesto Samper Pizano
20 de julio 2019 , 05:21 p.m.

El 12 de febrero de 1998, en el cerro de Monserrate, a las 12 del día, firmamos un acuerdo con el entonces alcalde, Enrique Peñalosa, por medio del cual el Gobierno Nacional que yo presidía, se comprometía a asumir el 70 % del valor de construcción de un metro subterráneo para Bogotá que, entonces, se estimaba en cerca de US$ 3’200.000 millones.

La alcaldía, por su parte, se comprometía a crear una empresa para el manejo del proyecto y a apropiar los recursos necesarios a nivel distrital para completar su financiamiento. Aunque tuve la esperanza de que el acuerdo marcharía bien en los meses que faltaban para terminar mi período, el 7 de agosto de 1998, Peñalosa se dio sus trazas para convencer al nuevo gobierno de que le permitiera trasladar los recursos comprometidos para la construcción de más troncales de TransMilenio. Existen referencias públicas de Peñalosa, inclusive, se ufanó públicamente de su sagaz estrategia para concretar el conejo.

Si se hubiera comenzado la obra entonces –como estaba previsto para el segundo semestre de 1999–, podríamos estar asistiendo hoy a la terminación de la segunda línea del metro, que entrelazaría el sur con el occidente de Bogotá. Y, adicionalmente, se estarían movilizando por la primera línea, que ya estaría terminada, con direcciones sur-centro-norte, más de 45.000 pasajeros por hora sentido.

No estaríamos discutiendo sobre la construcción de una línea de TransMilenio por la 7.ª que, por fortuna, con la intervención de la Procuraduría General de la Nación y la decisión de varios jueces de la República, está hoy suspendida.

Peñalosa se dio sus trazas para convencer al nuevo gobierno de que le permitiera trasladar los recursos comprometidos para la construcción de más troncales de TransMilenio

Los mismos argumentos de imprevisión técnica, falta de diseños, desfinanciación y daños ambientales y urbanísticos, que han sido tenidos en cuenta para evitar el crimen urbanístico del TransMilenio por la 7.ª, deberían ser ahora tenidos en cuenta para evitar la adjudicación precipitada del ‘transmimetro’ de Peñalosa que, a diferencia del que se acordó en Monserrate, no será parte de un sistema integral de transporte que incluía el metro, las troncales de TransMilenio, los trenes de cercanías a la Sabana y los cables aéreos para las zonas escarpadas populares, sino un tubo incrustado en la mitad de la ciudad para la circulación de otro tipo de transmilenios: será un ‘transmimetro’.

Para sorpresa de muchos, el costo de las dos alternativas ya dejó de ser un argumento. Y, aunque la comparación debería hacerse teniendo en cuenta la economía que representa para Bogotá no paralizar su movilidad durante los años que dura la construcción de la primera ruta, talar millares de árboles, implicarse en compras interminables de predios y asumir los costos de seguridad (evidentes en proyectos similares en otras partes del mundo) al crear nichos delincuenciales en las estaciones elevadas, las cifras que combinan extensión-tiempo y pasajeros movilizados, indican que mientras los costos del ‘transmimetro’ son de $ 179 millones por pasajero movilizado y $ 637.000 millones por kilómetro construido en el caso del subterráneo, conejeado sería de $ 172 millones por pasajero y $ 563.000 millones por kilómetro.

Por mucho afán que tenga el alcalde impopular por ineficiente, y las costosas campañas publicitarias que lo respaldan en dejar adjudicado un metro cuyos diseños constructivos quedarían en manos del sector privado, pienso que el nuevo alcalde de Bogotá tiene el derecho a exigir, estando los estudios de factibilidad de las dos alternativas, como están, terminados, que sea él o ella quien tome la decisión entre el metro elevado o subterráneo.

Decisión que, en el fondo, lo que plantea es la escogencia entre dos proyectos de ciudad que determinarán el trabajo del nuevo burgomaestre, y la calidad de vida de nosotros, los bogotanos, durante los próximos cuatro años. No dejemos que el alcalde Peñalosa le ponga un segundo conejo a Bogotá. Como dice un amigo y asesor en estos temas: el metro para Bogotá no es de izquierda o de derecha, es subterráneo.

ERNESTO SAMPER PIZANO
Expresidente de Colombia

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