El polígono que tiene en jaque el aire de Bogotá

El polígono que tiene en jaque el aire de Bogotá

Cualquier solución en la zona en alerta amarilla resulta costosa, demorada o inviable.

Contaminación en Bogotá

En la zona en alerta amarilla la contaminación es por las vías sni pavimentar, el tránsito de vehículos de carga y la presencia de fábricas.

Foto:

Mauricio Moreno. EL TIEMPO

Por: Bogotá
15 de febrero 2020 , 09:22 p.m.

No deja de ser paradójico que el polígono en el que hoy se concentra una parte importante de la industria y la productividad de Bogotá y en el que opera el centro de abastecimiento de alimentos más grande de la ciudad y el país sea al mismo tiempo una amenaza para la sostenibilidad ambiental de la capital.

Y resulta más paradójico aún que, pese a saber todo esto y a que ese mismo polígono ha protagonizado ya tres emergencias ambientales en menos de dos años y la actual alerta amarilla declarada por el Distrito, siga sin responderse la pregunta de por qué no ha sido posible mitigar este problema.

En el cuadrante, que comprende una extensa área que afecta a ocho localidades del sur y occidente de Bogotá, transitan alrededor de 29.000 tractocamiones cada día, la mayoría con más de diez años de servicio. Solo a Corabastos llegan 1.500 vehículos diariamente.

Los corredores viales soportan, además, todo el tráfico de buses que entran y salen de la ciudad hacia Soacha, Mosquera, Funza y Facatativá por vías como la autopista Sur, la calle 13, la avenida Boyacá y la avenida Ciudad de Cali.

Se calcula que unas 60.000 industrias, entre ellas la manufacturera y de construcción, tienen asiento en este polígono, además de otras 982 que se dedican a la actividad minera. Todas ellas, en mayor o menor escala, aportan el 25 por ciento de la contaminación, sin contar el regular estado que presenta la malla vial.

La polución que generan todos estos factores afectan a ciudadanos como Viviana Sarmiento, residente del sector. “Ya no puedo tomar el bus sobre la avenida Cali porque la contaminación es tan fuerte que así me demore cinco minutos, sufro de rinitis y sinusitis”.

Ya no puedo tomar el bus sobre la avenida Cali porque la contaminación es tan fuerte que así me demore cinco minutos, sufro de rinitis y sinusitis

Esta mujer asegura que no obstante las alertas ambientales no hay medidas efectivas.

Es una zona que necesita mayor atención, es necesario que se mueva la zona industrial y que haya menos tráfico de camiones, y necesitamos más zonas verdes, más árboles”.

Sin saberlo, Viviana da en el punto de todo este debate. La única solución posible para que este polígono deje de representar una amenaza para los bogotanos y para la población más vulnerable (niños y ancianos) es trasladando la actividad industrial, modernizando el parque automotor y desviando el transporte de carga hacia otros corredores, algo si no imposible, sí difícil y costoso.

Para José Stalin Rojas, director del Observatorio de Movilidad, Logística y Territorio de la Universidad Nacional, sacar la zona industrial permitiría que los camiones de carga no tengan que entrar a Bogotá, sino que se creen pequeños centros de acopio en la Sabana y sean vehículos más pequeños los que mantengan abastecida a la capital.

Pero ello trae otras complicaciones: el costo económico que implicaría, pues la inversión no solo tendría que salir de las arcas del Distrito, sino del bolsillo de los empresarios. En segundo lugar, la medida afectaría a los municipios aledaños, “y no se trata de trasladar el problema, el aire es de todos y se deben buscar soluciones conjuntas”, añade Rojas. Además, el proceso tardaría décadas en concretarse.

Para el director de Bogotá Cómo Vamos, Ómar Oróstegui, el problema se debe pensar en términos de “gobernanza de calidad del aire”.

En este sentido, agrega, la solución tiene que “concentrarse en medidas regionales y desarrollo urbano”, en donde, por un lado, se obligue a todos los municipios de la Sabana a tomar medidas para contrarrestar la contaminación del aire, y por otro, se creen centros de logística y carga, distribuidos fuera y dentro de la ciudad, para que los tractocamiones circulen exclusivamente en vías perimetrales.

Oróstegui y Rojas concuerdan en que la solución más efectiva a corto plazo es la adición de carga al Regiotram de Occidente para minimizar el tráfico pesado en la ciudad, y otra, que el Distrito contemple un nuevo plan de ordenamiento territorial que incluya mejor planeación para esta zona.

A corto plazo hay salidas, aunque de impacto relativo. Una es mantener la actual restricción a los camiones, y otra, reparar cuanto antes la malla vial, otra fuente de contaminación que, incluso, va más allá del polígono.

REDACCIÓN BOGOTÁ
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