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El covid-19 resaltó la necesidad de mejorar el transporte activo
Día Internacional de la Bicicleta

La bicicleta mueve entre el 6 y el 12 por ciento de los viajes en Bogotá. 

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Mauricio Moreno

El covid-19 resaltó la necesidad de mejorar el transporte activo

La bicicleta mueve entre el 6 y el 12 por ciento de los viajes en Bogotá. 

Mientras que la pandemia es visible, la inactividad física es invisibl pero igualmente problemática.

Vivimos en medio de catástrofes, una de las cuales ha sido la pandemia por COVID-19 pero que ha comenzado a interactuar con otros problemas de salud pública que venían desde antes y que también debemos afrontar. La nueva normalidad en la que estamos viviendo implica una responsabilidad cada vez más grande de actuar de manera decidida para resolver todos estos problemas y planear para el futuro.

(Le puede interesar: El retroceso de la salud pública en Bogotá | Opinión)

En términos técnicos, estamos ante una sindemia (pandemias que se potencializan entre sí generando inequidades en salud, más enfermedad y muertes): mientras que la pandemia por COVID-19 es dolorosamente visible con más de 4 millones de muertes en el mundo en menos de dos años, la inactividad física es invisible pero igualmente problemática y con necesidad de soluciones inmediatas (en América Latina causó el 11,4% de la mortalidad total anual antes de la pandemia de covid). La inactividad física hace parte de las “enfermedades crónicas” (diabetes, hipertensión, enfermedades coronarias) que, durante 2019, correspondieron al 74% de las muertes a nivel mundial. La pandemia ha empeorado la prevalencia de todas estas enfermedades.

Mientras que la pandemia por COVID-19 es dolorosamente visible con más de 4 millones de muertes en el mundo en menos de dos años, la inactividad física es invisible pero igualmente problemática


Con la pandemia de COVID-19, los beneficios de la actividad física para las enfermedades infecciosas se han revelado. La evidencia con enfermedades causadas por otros virus ya indicaba un beneficio para reducir el riesgo de infección, una mejora en el sistema inmunológico para prevenir y acelerar la recuperación de las infecciones y una potencialización de los efectos benéficos de la vacunación. Más estudios indicaron que las personas físicamente activas previas a una infección con COVID-19 tienen menor riesgo de enfermarse gravemente y de morir. Estudios en Estados Unidos y Corea encontraron que cumplir la recomendación de actividad física reduce a la mitad el riesgo de hospitalización y de necesidad de recibir cuidado médico en la UCI y reduce a menos de la mitad el riesgo de morir por la infección.

(Para seguir leyendo: Peatones y prioridades | Opinión)

Durante la pandemia de COVID-19, la actividad física en su forma tradicional (“salir a hacer ejercicio”) disminuyó en todo el mundo. La falta de espacios abiertos públicos generalizados, accesibles y seguros para la recreación activa al aire libre (que era lo único permitido en muchos países de América Latina, como la Ciclovía de varias ciudades colombianas) fue evidente.

Por su parte, la actividad física es una “bendición” para el transporte en varios sentidos: quienes caminan y andan en bicicleta (e incluso quienes usan transporte público) tienen mejores condiciones físicas, reducen las emisiones contaminantes así como el riesgo de siniestros viales y, como si fuera poco, reducen la congestión vial. Pero es necesario mejorar las condiciones para estos modos, lo que empieza por un entorno urbano denso y con destinos cercanos. Para caminar, es necesario tener mejores andenes, iluminación, y para andar en bicicleta necesitamos infraestructura segura y bien conectada (ciclorrutas segregadas reemplazando carriles de carros, pero también reducir velocidades en toda la malla vial). Para que la gente quiera usar el transporte público, la red debe ser amplia, el servicio frecuente y las paradas cercanas y con condiciones seguras y cómodas.

Para caminar, es necesario tener mejores andenes, iluminación, y para andar en bicicleta necesitamos infraestructura segura y bien conectada


La actividad física es un aliado estratégico en el manejo de la pandemia. En salud pública se ha identificado como un gana-gana porque tiene múltiples efectos benéficos en salud mental y física, que está al alcance de la mano y es gratis y que se puede implementar sin importar las cuarentenas, el área geográfica, la capacidad de pago, que no requiere más que unos tenis, y que es para cualquier edad y grupo.

La buena noticia es que, aunque las cuarentenas estrictas redujeron la posibilidad de actividad física por la necesidad de evitar contacto con otras personas, las condiciones específicas de COVID-19 hicieron evidente que promover el uso de la bicicleta y la caminata (por ser al aire libre y con distanciamiento “natural”) redujera el riesgo de contagio. Incluso, como lo encontramos en un estudio del 2020, el transporte público con ventanas abiertas y baja aglomeración tenía menos riesgo de contagio que, por ejemplo, entrar a una tienda. En otro estudio encontramos que existen globalmente al menos 1.109 iniciativas que mejoraron las condiciones para caminar y andar en bicicleta con beneficios palpables de seguridad y condiciones de viaje.

Con esto, se hace evidente la oportunidad de continuar mejorando las condiciones para caminar, andar en bicicleta e incluso en transporte público es una oportunidad que no se puede desechar. De hecho, además de activar las ciclovías dominicales y demás espacios de recreación, se debe intensificar el trabajo en ampliar los espacios para caminar, conectar las ciclorrutas y mejorar las condiciones del transporte público. Continuar este trabajo, a pesar de a veces parecer impopular, mejora las condiciones de actividad física de la población y reduce el riesgo de contagio, pero además contribuye a reducir los efectos negativos por un transporte insostenible. En resumen: mejora las condiciones de vida del país. No podemos perder esta oportunidad.

Andrea Ramirez Varela, Facultad de Medicina, Universidad de los Andes
Carlos F. Pardo, Alianza NUMO

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