Los peligros que corren quienes buscan poner orden a los colados

Los peligros que corren quienes buscan poner orden a los colados

Mediadores, personal de seguridad y Policía en las troncales de TM son víctimas de algunos usuarios.

Colados TM

Los pasajeros ponen en riesgo sus vidas al tratar del colarse. TransMilenio trabaja en pedagogía para evitarlo.

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Archivo EL TIEMPO

Por: Bogotá
15 de julio 2019 , 09:24 a.m.

Si las imágenes de una nevera metida a la fuerza en TransMilenio o los papás arriesgando la vida de su bebé colándose con coche y todo en TransMilenio habían indignado a los bogotanos, lo que sucedió esta semana fue la tapa: dos colados ingresaron al sistema con un perro de raza peligrosa que terminó mordiendo salvajemente a un policía.

El hecho sucedió en la estación Flores. La situación, que se difundió a través de un video, es angustiante: dos uniformados requieren a los jóvenes que se acaban de colar al sistema, discuten y, de repente, el perro, estresado, muerde a uno de los agentes. Los dueños y la Policía forcejean, logran separarse y los infractores huyen. Las autoridades van tras ellos, los alcanzan en la mitad de la calle, con el perro enfurecido y sus dueños.

El asunto termina así: el uniformado queda herido en un brazo y una pierna, la pareja es detenida y acusada de tres infracciones: violencia contra funcionario público, ingreso indebido al sistema y transporte de un perro de raza peligrosa sin bozal. Por si fuera poco, la mascota, en medio de la confusión, terminó extraviada. Entre tanto, las redes explotan solidarizadas con el agente.

Si bien las personas que ocasionaron esto pueden ser acusadas de violencia contra funcionario público y podrían recibir entre cuatro y ocho años de prisión, lo cierto es que, como en otros casos, las cosas pueda que no pasen de un mal recuerdo para los afectados.

Como el agente agredido por el perro, otros funcionarios y empleados del sistema también han llevado las de perder al intentar poner freno a los colados, que suman más de 380.000. Recaudo Bogotá S. A. S., empresa que administra el dinero de los pasajes, reporta que en lo corrido del año se han presentado 90 casos de agresión a sus empleados. Todos por evitar que la gente ingrese sin pagar.

Vivimos en una sociedad intolerante en donde la gente rechaza la norma. No estamos acostumbrados a la frustración, y por eso suelen reaccionar de forma violenta ante aquellos que tienen autoridad

Según una lista de hechos y agresiones, facilitada por TransMilenio, la intolerancia va desde insultos y amenazas hasta violencia física, lo que incluye escupitajos, empujones e, incluso, golpes y ataques con arma blanca.

“Vivimos en una sociedad intolerante, en donde la gente rechaza las normas. Además, nuestra sociedad no está acostumbrada a la frustración y por eso suelen reaccionar de forma violenta ante aquellos que tienen autoridad”, observa Danelia Cardona, psiquiatra.

No es el único caso

Una empleada de seguridad del sistema, que prefirió mantener su nombre en reserva, le contó a EL TIEMPO cómo el 19 de abril, en la estación La Granja, fue escupida por un joven que pretendía ingresar por una de las puertas sin pagar.

“Cuando lo vi subir, lo abordé y le dije que tenía dos opciones: validar el pasaje o bajarse. Él me insultó y, antes de irse, me escupió la cara. Yo me fui, humillada, a lavarme”, relata la afectada que, ahora, trabaja en la estación Terminal. “Otro colado me sacó un pico de botella y me amenazó con herirme. Preferí no decirle nada. A veces siento que se aprovechan de que soy una guardia mujer y no me ven como autoridad”, comenta.

Lo mismo percibe Laura Caballero, quien trabajó en control de seguridad de la estación Banderas. Caballero lleva dos años y medio trabajando en el Plan Antievasión de TM, y también pasó un muy mal rato por cuenta de los colados.

“El 12 de marzo, en la zona de alimentadores del costado sur, una chica se saltó el torniquete. La detuve y le pedí que validara el pasaje. Ella se negó, me empujó, siguió su camino y cuando fui tras ella a insistirle, me mandó las uñas al cuello y al rostro. Me hirió y salió corriendo. Tuve 12 días de incapacidad”, narra Caballero.

Por fortuna, en el caso intervino la policía y se contó con la presencia de la madre de la joven, lo que derivó en denuncia ante la Fiscalía. Pero, al día de hoy, la agredida no ha sido reparada ni la agresora sancionada. Caballero explica, con preocupación, que a pesar de que existe un protocolo anticolados, no siempre se logra controlar el problema.

Estaba trabajando en la estación de la calle 72 y una oleada de colados se nos vino encima. Ese día, cuando trataba de mantener la puerta cerrada, un joven entró a la fuerza y se llevó mi brazo

José Félix Vega, profesor de la facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional y director del estudio que hizo una radiografía de los colados y su impacto, reconoce que estos y otros casos son hechos claros de intolerancia que se tendrían que resolver desde la educación y en un trabajo conjunto con las autoridades.

Sin embargo, parte de este trabajo de pedagogía con el ciudadano, que se adelanta a través de los mediadores sociales, también se ve afectado por hechos de violencia. Es el caso de Laura Gómez, mediadora que vivió una de las ‘colatones’ en marzo de este año.

“Estaba trabajando en la estación de la calle 72, cuando una oleada de colados se nos vino encima. Eran más de 100 personas. Ese día, cuando trataba de mantener la puerta cerrada, un joven entró a la fuerza y se llevó mi brazo. Me lastimó bastante”, relata Gómez, quien lleva cinco meses trabajando para fomentar las buenas prácticas y el respeto en el sistema.

“Esta es una experiencia tanto grata como desagradable. A veces logramos avanzar un poco en la cultura ciudadana. Pero hay días en que nos empujan, nos insultan, nos escupen. Otras entidades no nos apoyan como esperamos: falta presencia de la Policía, de seguridad privada”, manifiesta Gómez.

Algunos de los entrevistados afirmaron que, en ocasiones, dejan a los colados pasar. Saben que insistir podría costarles una agresión mayor.

Sin ir más lejos, en 2017, Leonardo Licht, empleado de Recaudo Bogotá, fue asesinado por Wilson Monroy, un hombre que, al verse amonestado por colarse, le propinó una puñalada mortal en el pecho.

“Ese tipo dijo que lo había matado porque estaba furioso. No le había gustado que Leonardo le dijera que pagara el pasaje”, le dijo Míriam Hoyos, la madre de Licht, a EL TIEMPO.

Y, al parecer, tampoco hay multa que valga. En los últimos dos años se han impuesto 52.900 comparendos por evasión al pago de transporte público. De estos, 17.166 han sido efectivos a través de cursos pedagógicos, pero solo han asistido el 32,4 % de los requeridos.

Por el momento, la respuesta de TM para enfrentar a los colados es la inversión en varios frentes. Se han destinado cerca de 3.500 millones en las campañas de cultura ciudadana ‘El pato paga’ y ‘Equipo T’ que, según TM, “logró impactar de manera directa a 488.420 usuarios y se evitaron 44.966 ingresos prohibidos”. En infraestructura han gastado $ 8.000 millones en barreras anticolados.

Ahora, frente al trabajo con la población, expertos reconocen que es un trabajo complejo. Roberto Córdoba, médico psiquiatra, dice que hechos como el del pitbull, los colados y el agente revelan un fenómeno de frustración por parte de los agresores:

"Quienes cometen estos actos son personas que no pueden controlar sus impulsos ni la rabia, y que convierten estos sentimientos en actos de violencia. El reto que tiene la sociedad actual es cambiar estos patrones de conducta y de comportamiento, modificarlos desde la estructura”.

BOGOTÁ

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