Deseos de Año Nuevo / Voy y Vuelvo

Deseos de Año Nuevo / Voy y Vuelvo

He elaborado mi propia carta de deseos, que resumen lo que quisiera ver superado en el próximo año.

Cerros

Cerros orientales de Bogotá.

Foto:

Federico Ríos

Por: Ernesto Cortés Fierro
28 de diciembre 2019 , 07:43 p.m.

Esto de los buenos propósitos en cada nuevo año es de las cosas más difíciles de hacer. Por un lado, resulta dispendioso intentar meter en la misma bolsa de la vida un sinnúmero de deseos que no sabemos a ciencia cierta si vamos a cumplir, y por otro, porque muchos de ellos no dependen de nosotros mismos sino de las acciones de los demás. Más aún: dependen del devenir de nuestro destino.

Pero con que cada uno le imprima ganas y se plantee objetivos y metas realizables, ya es un logro, pues existe un derrotero, una guía, un camino trazado en el imaginario para alcanzar esa orilla que nos hemos propuesto. Lo importante –como dicen los marineros– es no perder nunca la carta de navegación.

Para los lectores de esta columna no puedo desear nada distinto a que sus vidas en el nuevo año estén colmadas de tranquilidad, salud y prosperidad. Es el derrotero que deseo para todos ustedes sin antes agradecerles la grata compañía de cada domingo, sus aportes y sus críticas.

Yo he elaborado mi propia carta de deseos, que son bastante mundanos y simples; bastante desordenados, tal vez, pero que resumen las cosas que quisiera ver superadas en el próximo año, en el 20-20, como ya le empiezan a llamar. Aquí van:

Deseos para el nuevo año:

Que las protestas sigan siendo protestas que inspiren y no que destruyan.

Que los colados entiendan que sus acciones no son de valientes ni de ‘vivos’, sino de cobardes que les roban al sistema y a la ciudad.

Que los venezolanos acepten que somos una ciudad que los acoge, los respeta y los apoya, pero que con la misma vehemencia condena y reprocha a quienes prefieren involucrarse en acciones criminales. Esos no son bienvenidos.

Que ojalá lleguen pronto los buses eléctricos para poner fin a las chimeneas azules.


Que los señores de Recaudo Bogotá entiendan que el problema de los colados también les compete.

Que los señores de Uber, Picup y demás acepten que el emprendimiento y la innovación no significan pasar por encima de las leyes de un país.

Que el Congreso legisle para todos, no para unas minorías, como los taxistas, por ejemplo.

Que la policía de Tránsito se imponga como propósito acabar con los paraderos ilegales de buses intermunicipales. ¿Un caso aberrante? El de la glorieta de la calle 80 con avenida Boyacá.

Que los dueños de carro particular sepan que pagar por no tener pico y placa es pagar para vivir en el trancón. Mejor deje el carro.


Que los ciclistas entiendan que las señales de tránsito también son para ellos y que no tienen privilegios en la vía.

Que algunas empresas de patineta no se hagan los de la vista gorda con el pacto que firmaron sobre límites y zonas de estacionamiento en la ciudad.

Que ojalá todos entendamos que la séptima peatonal significa eso:
un espacio para caminar, no para invadir ni para montar un mercado persa.

Que los concejales citen a debates de control político para llamar la atención, no para sacarse clavos con el funcionario de turno.

Que la Secretaría de Ambiente se invente una fórmula para hacerles llegar a los propietarios de mascotas –vía correo personal– las heces de sus perros que se niegan a recoger.

Que los propietarios de taxis amarillos tomen la sabia decisión de modernizar el servicio o que al menos permitan que los que sí quieren hacerlo lo hagan.

Que la nueva alcaldesa mantenga la tradición de llevar perro a la oficina.

Que las autoridades ambientales nos muestren la primera multa impuesta a quien se orinó en un humedal o en un espacio público.

Que los jueces dejen de jugar a ser alcaldes y tomen decisiones definitivas sobre las obras pendientes en Bogotá, para bien o para mal, ¡pero que decidan!

Que el Ministerio de Transporte destrabe lo de las plataformas inteligentes para taxis, los terminales satelitales para el transporte intermunicipal, la homologación de bicitaxis para ponerles orden y demás.

Que el Concejo y la nueva administración de Bogotá encuentren una alternativa para los recicladores que dejaron las zorras pero aún siguen ejerciendo su oficio en condiciones inhumanas.

Que alguien les ponga tatequieto a las arbitrariedades de los buses intermunicipales.

Que seamos dolientes de nuestra ciudad.


¡Feliz año para todos!

¿Es mi impresión o… por estos días la pólvora se escucha más en el occidente que en cualquier otro punto de la ciudad?

ERNESTO CORTÉS FIERRO
EDITOR JEFE DE EL TIEMPO
En Twitter: @ernestocortes28

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