Tras casi cinco siglos, así han cambiado los cerros orientales

Tras casi cinco siglos, así han cambiado los cerros orientales

Bordean la ciudad de sur a norte, a lo largo de 52 kilómetros. 

Cumpleaños de Bogotá

Tras casi cinco siglos de historia, así han cambiado los cerros orientales:

Foto:

Archivo fotográfico Museo de Bogotá. Fondo Saúl Orduz.

Por: Catalina Arango - Escuela de Periodismo Multimedia EL TIEMPO
05 de agosto 2019 , 10:11 p.m.

Los cerros orientales, esa imponente cadena montañosa que se posa como un telón de fondo frente a los habitantes de la capital, han estado presentes mucho antes de 1538, año en que se fundó Bogotá. Hace alrededor de 70 millones de años, la cordillera Oriental empezó a elevarse para darle forma a un importante hábitat que en el futuro recibiría diversos personajes; muiscas, campesinos, españoles, visitantes locales, nacionales y extranjeros.Todos estos actores, durante los últimos 481 años, han recorrido parte de las serranías que bordean la ciudad de sur a norte, a lo largo de 52 kilómetros, con propósitos diferentes.

Algunos lo hacían para rendir homenaje a la naturaleza, otros para extraer materiales de construcción que les permitió expandir la ciudad. Allí también se cimentaron las primeras ermitas y las plantas de tratamiento de agua.

Estas son las transformaciones y hechos más importantes de los cerros orientales.

Nuevas deidades religiosas

Figuras de tez morena, que vestían prendas de algodón con alfileres de oro y cobre, caminaban cerca de las fuentes fluviales que conectan los cerros con el río Bogotá. Los muiscas llegaban hasta aquel hábitat para hacer cultos al Sol y la Luna, además de realizar ofrendas a las quebradas y corrientes de agua, las cuales representaban distintas etapas de la vida; el nacimiento, la pubertad, la alimentación y la muerte.

Sin embargo, los ritos de caciques y jóvenes entre las altas montañas para peregrinar la tierra no solo se debilitaron con la llegada de los españoles, sino que fueron sustituidos por lugares de culto católico. “Las lagunas y ríos representaban el origen de la vida, eran sitios sagrados para este pueblo indígena que fueron reemplazados por nuevos lugares de adoración cristiana con la construcción de templos como Monserrate”, afirma Fabio Zambrano Pantoja, historiador de la Universidad Nacional de Colombia.

En 1640, se levantó la primera construcción en honor a Santa María de la Cruz de Monserrate. 16 años más tarde, Pedro de Lugo y Albarracín realizó el tallado del Cristo caído. Fue hasta 1920 que se terminó de construir el templo actual, Monserrate, uno de los sitios turísticos más visitados de la capital.

Cumpleaños de Bogotá

Monserrate.

Foto:

Archivo fotográfico Museo de Bogotá. Fondo Saúl Orduz.

El segundo cerro icónico fue el de Nuestra Señora de Guadalupe. En 1656 se cimentó la capilla que fue reconstruida en tres ocasiones debido a los terremotos de 1785, 1827 y 1917. Asimismo, en 1946, el escultor Gustavo Arcila Uribe erigió una estatua de 15 metros de altura representando a la Virgen María Inmaculada.

La tercera iglesia que se convirtió en otro de los símbolos religiosos más antiguos y venerados de la ciudad, ubicada en el sur, fue el Santuario de la Peña. En 1686 se construyó la primera ermita. El templo fue terminado en 1722, en el cerro de Los Laches.

Urbanización

En la época colonial del siglo XVI, los habitantes de Bogotá podían percibir la inmensidad de los cerros orientales desde cualquier punto de la ciudad, con pocas edificaciones y casas que apenas se posaban entre esa majestuosa vista. Sin embargo, a esa ciudad pequeña al lado de la cadena montañosa se expandiría por los siguientes cinco siglos.

Para Mauricio Uribe González, director del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (Idpc), “la ciudad ha ido invadiendo los cerros con construcciones legales e ilegales, y con un límite que se ha ido ampliando. En el norte, algunos barrios se han desplazado hasta ellos porque es el lugar más privilegiado, con la mejor vista”.

En 1782, la población del barrio Chapinero empezó a extenderse sobre las calles 50 y 67 con la construcción de viviendas. Lo mismo ocurrió en la calle 72, en el barrio Rosales, para 1940.

Cumpleaños de Bogotá

Bogotá, hoy.

Foto:

Carlos Lema / IDPC

Tres años más tarde, la fábrica de la familia española Ferre Amigo, que sustraía materiales de las montañas, dejó de funcionar por daños medioambientales. Así se creó el barrio El Paraíso, donde los dueños cerraron las instalaciones, cedieron parte de las tierras a los trabajadores y vendieron el lote.

Entre 1950 y 1960, se utilizaron áreas planas para desarrollar viviendas en San Martín de Porres, Pardo Rubio, Mariscal Sucre y Calderón Tejada. Para los años 70 y 80 aparecieron los conceptos de legalización y normalización de predios, que establecían la normativa habitacional y ambiental dentro de los cerros.

Uribe González señala que las construcciones en la carrera 7. ª pudieron ser mejor reguladas. “La densidad de edificios modernos en ese corredor complica mucho la relación entre Bogotá y los cerros a pesar de que sean legales. La altura de la 7.ª debió ser controlada para que los habitantes pudieran disfrutar más de los cerros”.

Canteras y minería

Desde 1540, los cerros se convirtieron en una fuente de extracción de materiales como piedra, leña y madera. Usaquén fue el principal proveedor a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Durante la época colonial, y hasta después del siglo XX, la energía de las casas e instituciones de Bogotá era el fuego. “Los habitantes cocinaban con leña, por eso los cerros se vienen deforestando desde siempre”, afirma Uribe. Para 1930 y 1940, la mayor parte de los cerros estaba deforestada por completo.

De alguna manera, los cerros han sido la cantera que ha permitido construir la ciudad

Las altas montañas fueron el espacio ideal para que todo tipo de residentes trabajaran mediante la extracción de arena, piedra, arcilla y carbón. Estos dos últimos, daban como resultado ladrillos de excelente calidad. Para ese entonces, la fábrica de la familia Ferre Amigo se dedicaba a elaborar dichos elementos de construcción, ya que la demanda del material era cada vez mayor.

“De alguna manera, los cerros han sido la cantera que ha permitido construir la ciudad”, señala Doris Tarchópulos Sierra, experta en planeación urbana y regional. “De allí se han extraído las arenas que permitieron hacer ladrillos y tejas, elementos que se encontraban en los chircales, sobre las faldas de estas montañas”.

Asimismo, la empresa Cementos Samper y la fábrica de Siberia, desde principios del siglo XX, explotaban piedra caliza en territorios cercanos a Bogotá, en La Calera y el páramo de Chingaza. “Casi no las veíamos porque estaban en el norte, y porque para ese entonces no estaba urbanizado, pero fueron hechos importantes”, señala Zambrano.

Sin embargo, aquella época de las canteras se quedó atrás, en la que los boquetes de la montaña se veían pelados. “Para mí, los cerros están más verdes que nunca”, afirma Tarchópulos

Sistemas de agua

Los habitantes de los cerros orientales han creado acueductos comunitarios de autogestión para suplir las necesidades de comunidades veredales. En 1890, se construyó el primer tanque de almacenamiento de agua. Entre las labores que facilitaban este y otros sistemas estaba la cocina, el aseo personal y de las viviendas, además la agricultura urbana.

Hasta la fecha, en esta frontera natural de la sabana, existen cultivos de papa, frijol, mora, arveja, plantas aromáticas y medicinales. Parte de estos alimentos son para el autoconsumo, pero también son comercializados en la ciudad.

Para Zambrano Pantoja, otra de las intervenciones importantes fue la planta de tratamiento de agua Vitelma.  Este sistema, ubicado en San Cristóbal, fue construido entre 1933 y 1938 y se alimentaba de la cuenca del río Tunjuelo y el San Cristóbal. En aquella época, el agua era escasa y estaba contaminada por animales en descomposición, excrementos y otros residuos.

Esta planta cambió la calidad del agua, y por ende, el estilo de vida de los habitantes, quienes solían recoger el agua de la lluvia para bañarse. Sin embargo, aquel sistema moderno dejó de funcionar en 2003 y se convirtió en museo en 2009. En 1988, la planta Vitelma fue declarada patrimonio cultural de la Nación.

Otro de los sistemas potables que operaron en la falda de los cerros fue la Planta de San Diego, que comenzó a funcionar en 1944. Se alimentaba del río San Francisco.

Relación e imagen

El primer medio de transporte que les permitió a los bogotanos y habitantes estar más cerca de los cerros orientales fue el funicular de Monserrate, que se empezó a construir en 1926 y fue terminado dos años después.

Además de este ferrocarril, Zambrano Pantoja destaca la construcción del teleférico en la década de los 50. “Esto es definitivo porque permitió a los feligreses acercarse a la iglesia del Cristo de Monserrate, y en general, comunicar a la ciudad con los cerros”, asegura.

Una cosa es ver los cerros orientales desde donde habitamos los bogotanos, y otra, es ver a la capital desde ellos; cosa que no hemos hecho

Gracias a estos medios de ascenso, al imponente telón de fondo verde empezaron a llegar no solo visitantes locales y nacionales, sino de diversos países del mundo para poder disfrutar de la vista desde la cima de uno de los cerros.

Sin embargo, para el director del Idpc, “una cosa es ver los cerros orientales desde donde habitamos los bogotanos, y otra, es ver a la capital desde ellos; cosa que no hemos hecho”.

Uribe enfatiza que para aprovechar este hábitat es necesaria la construcción de senderos que fortalezcan la relación entre los habitantes y la naturaleza. “Los cerros son el elemento que le da presencia a la ciudad, hace falta que los entendamos y que sepamos que nos pertenecen. Que pueden ser disfrutados para querer más a Bogotá”.

CATALINA ARANGO
ESCUELA DE PERIODISMO EL TIEMPO

Fuentes consultadas*

Libros ‘Oriéntate. Los cerros son nuestro norte’ y ‘Plan zonal franja de adecuación o transición entre la ciudad y los cerros orientales’.

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