Un tatuaje y una funcionaria, claves para atrapar al asesino de Dylan

Un tatuaje y una funcionaria, claves para atrapar al asesino de Dylan

Venganza, la razón por la que Cristian García se convirtió en un asesino.

DylanAsesinato de Dylan
Ilustración crímenes

lustración: Juan Sebastián Villegas

Por: Óscar Murillo Mojica / EL TIEMPO
22 de febrero 2019 , 11:45 a.m.

Cristian García se tatuó una lágrima negra en su rostro. Ese fue el símbolo de su perpetuo llanto, del dolor profundo por la muerte de su hermano. El 29 de agosto del 2017, en el barrio Villas del Progreso de Bosa, Fabián Moreno, iracundo y prepotente, le descargó varios tiros a Jorge García –su compinche de la vida–, para saldar una deuda por drogas.

Jorge le trabajaba una línea de distribución de alucinógenos a Fabián y no le pagó la plata de una ‘mercancía’. Cristian no solo rayó su cara para recordar por siempre a su hermano, también juró, con la mirada al cielo, que habría venganza. Pero no la tenía fácil. Fabián era intocable en San Bernardino, el Jardín y otros barrios de Bosa.

Los traficantes de marihuana, coca y bazuco del sector le rendían cuentas a él. En el 2016, desconocidos intentaron asesinar a su hijo menor, pero fallaron. Desde entonces Fabián se hizo más severo y vengativo con sus enemigos.

La vida de Cristian se resumía en seguirle los pasos al hombre que mató a su hermano. Le perdió el miedo y por dos meses observó con detenimiento y paciencia sus movimientos. Interpretó que su momento de más fragilidad era cuando recogía a uno de sus hijos, Dylan, de ocho años, en el colegio Gran Colombiano. Lo hacía siempre en una motocicleta y en compañía de su esposa.

El 24 de octubre del 2017 consiguió un arma, tapó sus ojos y su lágrima negra como una gota de petróleo con unos lentes oscuros y fue a cumplir la promesa que hizo sobre el cadáver de Jorge. Justo antes de que la familia se bajara de la motocicleta e ingresara a su casa, Cristian disparó en tres oportunidades.

Una bala rozó la oreja de Fabián, otra no halló blanco y la tercera encontró su destino en la cabeza del niño, quien fue trasladado de urgencia al hospital de Bosa, donde murió. Cristian huyó satisfecho, vengó a su hermano.

Una cámara de seguridad ubicada justo al lado de la vivienda de Fabián apuntó al atacante. Dejó en evidencia una chaqueta de cuero, unos lentes oscuros y un corte de pelo al ras.

Cristian

Captura de video instantes después del ataque al niño Dylan.

Foto:

Policía de Bogotá

Esta fue la primera pista y la única, por varios días, que tuvieron los hombres del grupo especial de homicidios de la Sijín de Bogotá, que, de inmediato, destinó a una de sus unidades para esclarecer este caso que los medios de comunicación, y en general la ciudad, repudiaron. Murió un niño inocente.

La búsqueda del asesino

Las primeras actividades de los investigadores consistieron en indagar con los vecinos de la zona, quienes, atemorizados, daban pistas incipientes sobre el responsable de asesinar al menor. Lo primero que supieron fue que Fabián, el padre de Dylan, era un reconocido traficante de drogas. Además, en el cruce de los datos que recolectaban los detectives establecieron que ya estaban tras su pista, por el crimen de Jorge García.

Para tratar de obtener más información, la Policía autorizó una recompensa por 20 millones de pesos a quien diera pistas sobre su paradero. Un hombre, una fuente no formal como le dicen los detectives, los buscó para enterarlos de la situación.
Esta persona no solo conocía a Cristian, días antes había hablado con él y personalmente le confesó que iba a matar a Fabián en venganza por la muerte de su hermano.

Además, lo reconoció en las imágenes de las cámaras de seguridad. Sin embargo, Cristian se escondió. Desapareció. No había pistas de su paradero.

La fuente no formal tenía el número celular de él, de su esposa y su madre, así que se interceptaron esas líneas. “Escuchamos que Cristian no quería asesinar al niño, que iba por Fabián. La familia quería sacarlo del país asi fuera a pie, en bus, o como fuera, pero no lo lograron porque no consiguieron el dinero para hacerlo”, contó uno de los investigadores del caso.

Ante este panorama, la familia decidió sacarlo del barrio, llevarlo a otro lugar de la ciudad.

Surgió así la pregunta: ¿a dónde? Cristian sabía que lo estaban buscando por lo que empezó a ser muy discreto en lo que hablaba, incluso cambió el número de celular varias veces. Sin embargo, la fuente no formal advertía de esto a los investigadores y suministraba las líneas nuevas.

“En un audio escuchamos que la mamá de Cristian habló con su esposo y le comentó que su hijo se iba quedar en la casa y que iba tarde para el trabajo. Dijo: ‘de aquí de Usme al trabajo me queda muy lejos’. Supimos que estaba en esa localidad, pero es muy grande. Sin embargo, nos dio algo”, explicó uno de los detectives.
¿Cómo lograron encontrar al sospechoso en una zona de la ciudad en la que viven más de 450.000 personas y que tiene más de 220 barrios?

Captura

Cristian García fue capturado el 7 de diciembre del 2017. Durante dos meses, los investigadores le siguieron la pista.

Foto:

Policía de Bogotá

Cerrando el cerco

Una de las herramientas más efectivas que tienen los hombres de investigación de la Policía de Bogotá son unos dispositivos de ubicación de los teléfonos móviles que se interceptan.

Las llamadas arrojan unas celdas de ubicación que se conectan con las antenas de telefonía. Analistas especializados lograron determinar que los celulares de los García estaban en Usme Centro.

“Ubicamos la antena que emitía la conexión, recorrimos la zona que estaba a 100 metros a la redonda hasta que nos pegó en un sitio donde el analista nos advirtió que las llamadas salían entre un par de cuadras determinadas”, explicó uno de los uniformados.

De inmediato empezaron a recorrer la zona, con paciencia veían salir personas de las viviendas donde sospechaban que estaba Cristian hasta que un día su esposa apareció tras una de las puertas que vigilaban.

Todo indicaba que Cristian estaba ahí, pero necesitaban tener certeza. Aunque había una orden de captura vigente, no podían solicitar un allanamiento hasta estar cien por ciento seguros. En distintos turnos, por varias semanas, aguardaban a que saliera de allí, pero no lo hizo. Empezaron a dudar que se encontrara en esa casa. Después de un tiempo, a uno de los investigadores se le ocurrió una idea.

En esa zona es común que las entidades del Distrito realicen jornadas de oferta de servicios institucionales puerta a puerta a la comunidad.

Coordinaron con la alcaldía local de Usme para que, en medio de una de esas jornadas, pasaran por la vivienda de donde salió la esposa de Cristian. Solo querían ver, de algún modo, que él estaba allí. Y así lo hicieron. El jueves 7 de diciembre algunas funcionarias hicieron su recorrido por esta zona, y una de ellas tocó la puerta de la vivienda sospechosa mientras, de lejos, los investigadores observaban la situación.

De la casa salió un hombre atendiendo el llamado de la mujer. Una lágrima negra alumbró su rostro. –¡Es él!–, supieron de inmediato los detectives, pero no podían capturarlo dentro de la vivienda. La funcionaria le suministró información sobre servicios sociales para niños y se despidió.

Él dio otro nombre, pero quedó interesado en lo que ofrecieron ya que su pareja tiene un hijo pequeño. Minutos después de despedirse de la funcionaria, salió de la casa y la alcanzó pasos más allá para preguntarle sobre las ofertas. Ya en la calle, los investigadores aprovecharon el momento y se abalanzaron sobre él y lo capturaron.

“Lo retuvimos y le leímos sus derechos. Después de unos minutos aceptó que él había cometido el homicidio, pero que lo había hecho en venganza de su hermano.
Y aunque aseguró que iba por Fabián pero que desafortunadamente le disparó al niño, no sé si sea cierto. En el barrio siempre hubo un comentario: uno por uno, él me quitó mi hermano, yo le quito a su hijo”, concluyó uno de los detectives que, en dos meses, siguió casi con desespero el paradero del asesino de Dylan.

Tiempo después de atrapar a este hombre, la Policía hizo lo mismo con Fabián. Está en prisión por el crimen de Jorge García.

ÓSCAR MURILLO MOJICA
REDACCIÓN BOGOTÁ
Twitter: @oscarmurillom
Escríbame a: oscmur@eltiempo.com

EL TIEMPO inicia desde hoy una serie con algunos de los crímenes que más conmovieron a la ciudad en los últimos años y que fueron resueltos por el Grupo Especial de Homicidios de la Sijín de la Policía de Bogotá. Un equipo creado hace 5 años y compuesto por 10 hombres, sargentos y patrulleros, con años de experiencia en investigación criminal, que se unió el gran grupo de homicidios de la Mebog. Gracias a este grupo, la tasa de esclarecimiento de homicidios pasó en la capital del país del 25 al 30 por ciento en los últimos años.

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