Así se gozaron los rolos el Domingo de Ramos

Así se gozaron los rolos el Domingo de Ramos

El fuerte sol no fue impedimento para que se congregaran feligreses para celebrar la Semana Santa.

Domingo de Ramos en el 20 de julio

A mediodía, en el 20 de julio se registró una temperatura de 20 grados centígrados.

Foto:

Mauricio León / EL TIEMPO

Por: Rafael Jaller Santamaría / EL TIEMPO ZONA
26 de marzo 2018 , 02:00 p.m.

Nunca había ido a la iglesia del 20 de Julio, pero ver cómo se celebra un domingo de ramos en un lugar al que van unas 6.000 personas en promedio por misa me generó curiosidad y me hizo olvidar los tres articulados de TransMilenio que tomé, los dos trasbordos que hice y los 24 kilómetros que recorrí para llegar hasta este punto.

No sabía cómo ir hasta la parroquia del Niño Jesús desde el portal de TransMilenio del 20 de Julio, pero me dejé guiar por el río de personas que iban con sus plantas y ramos para que fueran bendecidos.

La carrera 5A estaba convertida en un mercado, cualquier producto que pudiera imaginar, ahí estaba. Había cuchillas de afeitar, antenas para televisión, dulces, zapatos, ropa, camisetas de la Selección Colombia y hasta juguetes.

Curiosamente, al avanzar por esta calle, mientras más me acercaba a la iglesia, comenzaban a aparecer elementos religiosos y las plantas para ser bendecidas.

“A mil y a dos mil pesitos las plantas, a mil y a dos mil pesitos las plantas”, repetía incesantemente Raimundo Gómez, uno de los cientos de vendedores, que arribaron a este punto, en la localidad de San Cristóbal, desde las 5 a. m.

En el río de personas me llama la atención una familia, todos tenían puesta la camiseta de Millonarios, se trataba de María Stella Garavito con sus hijos y nietos. “Hace 40 años vivo en San Cristóbal sur, por eso cada Semana Santa vengo al 20”, cuenta esta mujer.

Cuando le pregunto si una de sus plegarias es para el equipo capitalino me contesta tajantemente: “En lo del fútbol no meto a Diosito, lo que sí le voy a pedir es que le dé más salud al técnico de Millonarios (Miguel Ángel Russo), para que se mejore y vuelva a dirigir”.

Al llegar a la plaza veo cuatro carpas que no dan abasto para las más de 6.000 personas que se congregan en este lugar para participar en las misas, que se dieron cada hora, desde las 5 de la mañana hasta las 7 de la noche.

Sin embargo, los 20 grados centígrados que se registraban a mediodía y el fuerte sol no espantó a los que asistieron a este lugar.

Junto con los vendedores de palmas, escapularios y objetos religiosos, quienes ‘hicieron su agosto’ fueron los heladeros, ya fueran con carritos o neveras de icopor, tenían una gran clientela.

“Después de los aguaceros de esta semana pensé que hoy también iba a llover, pero el Divino Niño nos hizo el milagrito con este sol”, cuenta Honorio Castellanos, quien a sus 73 años vende helados de queso, bocadillo, chicle, mango biche y otros exóticos sabores.

En la fachada de la iglesia, la delgada sombra que se forma es el ‘oasis’ para quienes escapan del calor, entre ellos un grupo de cuatro venezolanos, quienes escuchan atentamente la misa.

“Hoy tuvimos descanso en el restaurante en el que trabajamos, por eso aprovechamos para venir aquí y pedirle al Niño Jesús que nos ayude con la situación por la que pasa nuestro país”, me cuenta Raúl Blanco, quien llegó a Bogotá curiosamente desde San Cristóbal, la ciudad venezolana del estado Táchira, hace siete meses.

Conforme se acaban las misas de una hora, las cuatro carpas se desocupan de la misma manera como lo hizo la ruta L10 de TransMilenio que me dejó en el Portal 20 de julio.

En un breve receso llega a una de las carpas blancas Ana Velásquez, una fervorosa mujer que lo primero que hace es sentarse en el suelo con sus tres plantas.

“Antes de tener un problema en la pierna venía a la misa de las 5 a. m. cada ocho días, ahora vengo menos seguido, pero la Semana Santa no me la pierdo”, me cuenta esta mujer de 62 años, quien vino en compañía de sus dos nietos.

Al lado de esta carpa está un inflable de la Policía Ambiental, que invita a las personas a no comprar palmas de cera y vino, pues están en riesgo.

“Estamos capacitando a la ciudadanía y recomendándoles que no utilicen estas palmas en riesgo de extinción. A cambio les damos una planta que pueden tener en su casas y son legales”, relató la teniente Adriana Sánchez, jefe del grupo ambiental y ecológico de la Policía de Bogotá.

Y es que en los últimos días las autoridades han incautado más de 500 kilos de palma de vino en toda la capital.

La logística para este tipo de eventos no se deja al azar, en el Puesto de Mando Unificado (PMU) se controlan a unas 125 personas, entre miembros de las secretarías de Seguridad, Ambiente y Gobierno; el Idiger, Policía Nacional, la Cruz Roja, la alcaldía de San Cristóbal y gente de la Obra Salesiana.

Promesas en Monserrate

Este reportero fue el último de las 14.589 personas que ingresaron al sendero peatonal de Monserrate, que estuvo funcionando desde las 5 a. m. hasta la 1 p. m.

Aquí, los afortunados por el calor fueron los vendedores de salpicón, a quienes se les acabó más temprano de lo usual su refrescante bebida.

Por los 1.605 escalones que tiene este camino pasaron, más que todo, peregrinos cumpliendo la promesa que le hicieron al Señor Caído a cambio de un favor.

“Esta vez subí a pie porque el Señor Caído me cumplió el milagrito que a mi mamá le mejorara su salud. No me importa el cansancio o el sol”, me contó pausadamente por el agotamiento Julio Francisco Fernández.

RAFAEL JALLER SANTAMARÍA
EL TIEMPO ZONA
En Twitter: @rafajaller

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