Qué pierde el centro histórico con el cierre de lugares icónicos

Qué pierde el centro histórico con el cierre de lugares icónicos

Emprendedores dicen que sin ayudas la mayoría de hostales, bares y museos podrían desaparecer.

Centro Histórico

La localidad de La Candelaria, de vocación turística y comercial, ha sentido los efectos del confinamiento por covid-19.

Foto:

Milton Díaz. EL TIEMPO

Por: Ana María Montoya 
22 de junio 2020 , 11:38 p.m.

La Candelaria, el corazón de Bogotá, parece haberse detenido. Sus calles coloridas y sus casas de puertas abiertas son hoy callejones silenciosos a la espera de una luz que resuelva el futuro de cientos de emprendedores que han trabajado por años para construir la identidad cultural del centro histórico de la capital.

La pandemia ha dejado en la incertidumbre el futuro del lugar más icónico de la capital. Con el cierre de lugares, como La Puerta Falsa y la sede de La Romana, en la carrera séptima, se abrió la ventana a una realidad que puso de manifiesto el riesgo que corre La Candelaria si no se toman medidas urgentes para salvar los lugares que le dan vida al sector.

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Un SOS para no cerrar

EL TIEMPO habló con siete emprendedores del centro histórico, quienes temen no saber cuándo podrán volver a abrir sus puertas.

El primer problema es el costo de los arriendos, que tal y como menciona Alegría Meza, dueña de Alegría’s Hostel y Botánico Hostel, “no tienen regulación, son altísimos y aun en la pandemia se siguen cobrando igual cuando los establecimientos no tienen ingresos”, asegura.

Cabe resaltar que La Candelaria es una localidad más comercial y turística que residencial, por eso los domicilios o ventas cercanas no funcionan. Ángeles Carmona –dueña de Quinua & Amaranto– asegura que “todos los caminos se han cortado, la red de proveedores no llega y los productores no podemos salir”.

Esta es la razón por la que ni siquiera los domicilios pueden salvar a los restaurantes y cafés de la tragedia. “Estas ventas no significan ni el 5 por ciento de los costos fijos”, enfatiza Hernán Jimémez, dueño del bar Candelario y del restaurante Divina Providencia.

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La localidad de La Candelaria, de vocación turística y comercial, ha sentido los efectos del confinamiento por covid-19.

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Milton Díaz / EL TIEMPO

Esto no es lo único. A los comerciantes también les preocupa la especulación en los precios de elementos de bioseguridad. “Nadie está regulando eso y no tenemos cómo costearlos, no hay quién nos diga si son certificados, se exige que se usen, pero no hay una directriz clara”, señala Gregorio Fandiño, dueño del restaurante bar Aquelarre de la Bruja.

Ante la incertidumbre, sin una fecha clara para empezar a reactivar el turismo, la peor parte se la han llevado los empleados de los establecimientos. Porque aunque algunos gerentes han resistido con lo poco que les queda, otros no tuvieron más remedio que despedir a meseros, personal de aseo y servicios generales, bartenders y hasta artistas, los encargados de los shows y espectáculos en restaurantes y bares.

Pero el golpe no fue solo para los establecimientos de ocio y esparcimiento. En La Candelaria hay cientos de restaurantes y cafeterías que se mantienen gracias al flujo de estudiantes y oficinistas de la zona.

Este es el caso de John Barrero, dueño de Andante Restaurante, un lugar que era visitado por universitarios y trabajadores del sector público y que hoy no tiene capacidad de funcionamiento.

Como si esto no fuera suficiente, otro tanto de negocios han sido construidos por años y son la base económica de familias enteras. “Vamos a dejar atrás doce años de trabajo, nuestros sueños y el patrimonio nuestro y de la ciudad”, señala Jeaneth Hernández, dueña de Casa Galería, un negocio ubicado en una casa de principios del siglo XX en el Chorro de Quevedo y uno de los referentes del lugar.

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La localidad de La Candelaria, de vocación turística y comercial, ha sentido los efectos del confinamiento por covid-19.

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Milton Díaz / EL TIEMPO

Otros,mientras esperan una respuesta, preparan protocolos.

Mario Rosero, por ejemplo, transformó su idea de negocio, que inicialmente fue Prudencia Restaurante, en una plataforma para vender herramientas de cocina y alimentos preservados.

¿Qué está en riesgo?

El centro histórico es mucho más que un lugar turístico. Allí se fundó hace 482 años Bogotá y sus calles y casas han sido testigos de luchas históricas que ha dado el país.
En La Candelaria, reconocida como localidad en 1991, hay 21 museos, 21 iglesias, 217 restaurantes y cafeterías, 23 hoteles y hostales y más de 10 bares, todo esto en menos de 200 hectáreas de extensión, es decir, en el 0,1 por ciento del territorio capitalino.

El cierre inminente de un sinnúmero de estos establecimientos va más allá de una crisis económica, pues la gran pérdida es el patrimonio, la cultura y la historia que esconde este lugar.

Esto sin contar los más de 1,5 millones de turistas que llegan cada año a visitarla, recorrerla y dinamizar su economía. Hay que resaltar que el centro histórico de Bogotá está destacado como destino turístico internacional.

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¿Qué dice el Distrito?

Angela María Quiroga, alcaldesa de La Candelaria, asegura que ya se han adelantado mesas de trabajo con la comunidad para evaluar y crear protocolos que permitan la reactivación rápida del sector sin que esto signifique un riesgo para la salud pública.
“Vamos a poner en marcha el plan ‘Reenamórate del corazón de Bogotá’ porque sabemos que hay mucho en riesgo y necesitamos la ayuda de todos”, señaló.

Así mismo, hizo un llamado para que se activen ayudas económicas reales para los emprendedores. “Lo primero es salvar la productividad, están en juego el patrimonio y el turismo, son los sectores que más se van a demorar en abrir y por eso estamos construyendo una solución”, enfatizó.

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La localidad de La Candelaria, de vocación turística y comercial, ha sentido los efectos del confinamiento por covid-19.

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Milton Díaz / EL TIEMPO

¿Hay soluciones?

Ante el abismo casi inminente, los emprendedores del centro histórico han estado revisando y trabajando en posibles formas de reactivarse.

Una de ellas es la que ya se ha implementado en países como España, en donde utilizaron las calles para instalar mesas y garantizar el distanciamiento social.
Eso sí, hacen una petición para tener “soluciones reales”, pues indican que, a pesar de las mesas de trabajo y las reuniones, aún no hay una ayuda que garantice su sostenibilidad.

Aseguran que en este momento necesitan ayudas o subsidios para pagar nómina, arriendo y servicios públicos; dicen que en este momento sería prácticamente lo único que puede salvar el centro histórico de Bogotá.

ANA MARIA MONTOYA
En Twitter: @Lacrespaana
anamon@eltiempo.com

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