Así quieran, algunos no pueden cumplir con la cuarentena

Así quieran, algunos no pueden cumplir con la cuarentena

Cuatro historias de personas que quisieran quedarse en casa, pero no pueden, al igual que miles.

Los sin cuarentena

Miles de personas en todo el país no pueden aislarse en su casas porque viven de lo que trabajan cada día.

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EL TIEMPO

Por: Mateo Arias Ortiz y María Paula Garzón*
16 de abril 2020 , 10:16 p.m.

Estas son solo cuatro de las miles de historias similares que hay en Bogotá y en todo el país. Hay muchas personas que siguen trabajando bajo las excepciones que la normatividad de la cuarentena permite, pero hay otras tantas que no tienen un trabajo estable y también necesitan comer. 

Los sin cuarentena

Daniela Castro vende capas para la lluvia en el norte con el fin de pagar el arriendo en el centro.

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Mateo Arias Ortiz. EL TIEMPO

‘Si trabajo, no me falta nada’

Para Daniela Castro, incluso antes de la pandemia era difícil conseguir trabajo en Bogotá. “Por el lunar que tengo en la cara, en muchos negocios de atender al público me rechazaban”, explica.

Conseguir trabajo era una sola de las motivaciones que tuvo para dejar Venezuela hace ocho meses.

Lo que más le preocupaba era tener una atención médica suficiente para su problema de salud. Apenas llegó a Colombia, logró afiliarse al Sisbén y tuvo varias citas. Luego llegó el coronavirus, que obligó al sistema de salud a darles prioridad a otros casos.

Por estos días le preocupa más la salud de su mamá, que tiene asma. “Cuando llego de trabajar, me lavo muy bien las manos y limpio mi ropa, porque me da miedo contagiar a mi mamá. Por su problema respiratorio, sería gravísimo que se infecte”, dice Castro.

Los sin cuarentena

Las ventas de Andreína Sánchez han bajado, pero igual sale a trabajar.

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Mateo Arias Ortiz. EL TIEMPO

‘Saldré, así venda menos’

Andreína Sánchez camina desde su casa en Cantalejo hasta un garaje en San Cipriano, en el que guarda la carretilla de aguacates que vende en Victoria Norte. Antes repetía esa rutina todos los días, pero ahora solo sale cuando el ‘pico y género’ se lo permite.

Eso reduce sus ventas a la mitad, y la poca afluencia de personas hace que termine ganando una cuarta parte de lo que ganaba hace tres meses. “Por estos días estoy vendiendo muy poco: normalmente vendía 160.000 o 180.000 pesos. Ahora me toca irme a la casa con 80.000 o 90.000 pesos”, explica Sánchez.

Además, le tiene que pagar el alquiler de la carretilla y los aguacates al dueño del negocio. De todas formas, entre tanta pérdida, sigue valiendo la pena salir a trabajar.

“Me da miedo contagiarme del virus. Intento tener el menor contacto posible con los clientes y nunca me quito el tapabocas. Pero igual tengo que salir a trabajar, así no quiera, porque con lo que gano cada día me mantengo”, explica mientras se refriega gel antibacterial en las manos, pues acaba de tocar algunas monedas.

Los sin cuarentena

Ángel María Fuentes teme contagiarse, pero sale a trabajar.

Foto:

María Paula Garzón. EL TIEMPO

‘Me puedo contagiar en la calle’

Cargado con una maleta de bolsas de basura y protegido por un tapabocas gastado y un par de guantes, Ángel María Fuentes, un vendedor informal de 60 años, sale de su casa todas las mañanas y recorre decenas de cuadras de la ciudad de Villavicencio.

Quedarse en casa no es una opción, pues debe alimentar a su esposa, de 58 años, y a sus dos hijos, de 14 y 17 años. “No tengo quien me ayude ni quien me dé de comer, y este ha sido mi trabajo siempre, así que tengo que salir a buscarme la papita, el sustento y ponerme en manos de Dios”, asegura.

En un día normal vende aproximadamente 10 paquetes de bolsas, que son 20 mil pesos, que divide entre la comida, el ahorro para el arriendo y las bolsas del otro día.

Ahora también está reuniendo dinero para comprar un medicamento que necesita su esposa, a la que tuvo que llevar a la clínica por bronquitis el sábado 11 de abril, y aún no lo ha podido conseguir. “Soy consciente de que puedo contagiarme en la calle, pero por obligación debo hacerlo; si no, nos vamos a morir de hambre”, dice Fuentes.

Los sin cuarentena

Rainer y Estefanía Bosque viven de lo que la gente les regala.

Foto:

Mateo Arias Ortiz. EL TIEMPO

‘Llegamos en el peor momento’

Rainer y Estefanía Bosque almorzaron ayer unas lentejas que les regaló una señora del sector de Mazurén, en el norte de Bogotá. “Comemos así, de lo que la gente nos regala”, comenta Rainer.

Antes, él trabajaba en un lavadero de carros, pero el negocio cerró por la cuarentena nacional y se quedó sin formas de llevarle comida a su hermana, su mamá y sus hijos, que viven en una pensión del barrio Santafé.

Normalmente, cada noche tienen que pagar 30.000 pesos para dormir allí, pero por estos días les están cobrando la mitad. Y para reunir esa cifra, sale con Estefanía todos los días y recogen comida, ropa o dinero.

“Nos montamos en el TransMilenio e intentamos no tocar nada. Cuando llegamos a casa, ambos nos bañamos antes de saludar a los niños y a mi mamá. Hoy les llevamos estos juguetes a los niños”, dice Rainer.

Ayer, cuando solo podían salir las mujeres en la ciudad, él salió de todas formas, para ayudar a su hermana, que habla poco. Solamente, dice a manera de queja: “Llegamos a esta ciudad hace dos meses: en el peor momento posible”.

MATEO ARIAS ORTIZ Y MARÍA PAULA GARZÓN
REDACCIÓN BOGOTÁ
En Twitter: @BogotáET

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