Lidiar con la muerte, ¿un paisaje para los colombianos en la pandemia?

Lidiar con la muerte, ¿un paisaje para los colombianos en la pandemia?

Seis voces dan testimonio de cómo el coronavirus está afectando las dinámicas y la salud mental.

CEMENTERIO CENTRAL

Cementerio Central de Bogotá.

Foto:

Hector Fabio Zamora - EL TIEMPO.

Por: María del Mar Quintana Cataño
31 de julio 2020 , 05:11 p.m.

Lidiar con la muerte se está convertido en el día a día de los colombianos, y más de 10 mil fallecidos en cuatro meses lo confirman. Un titular, una alerta, una llamada o un whatsapp son los medios por los cuales cada tarde llegan las cifras de nuevos contagios, de recuperados y, por supuesto, de personas que esta pandemia se está llevando.

En ese contexto de sobrexposición a la información, pero también a la desinformación por diferentes canales, es que las personas deben seguir adelante con sus vidas y resguardar su salud física y emocional, por lo que da la sensación de que se está presentando una apatía respecto a esas muertes y al aumento de contgios que a diario están sucediendo. Pero dicho comportamiento tiene explicación.

“Cuando empezó el tema de la pandemia no lo dimensionaba, no pensé en lo grave que podía ser y creí que sería algo pasajero. El tiempo empezó a pasar y quedé sin nada. Perdí mi negocio de 15 años, dejé de trabajar, tuve que entregar mi casa y ahora no puedo ni salir porque estoy entre la población de riesgo. La vida me dio un giro de 180 grados y lo único que puedo hacer para desahogarme es sentarme a llorar y al otro día volver a la lucha”, explica Jeanette Muñoz Laverde, una mujer de 50 años diagnosticada con una enfermedad huérfana que, por ahora, dice no ver una salida clara para su situación.


Como Jeanette, son muchos los colombianos que están lidiando con las complejas circunstancias en las que la pandemia por la covid-19 los ha puesto, y dentro de ello, con los primeros atisbos de consecuencias en la salud mental que se han empezado a notar en medio de la cuarentena, y que han llevado incluso a que organismos como la Organización Panamericana de la Salud hayan lanzado diferentes recursos relacionados con el cuidado de la salud mental en este contexto, unos enfocados hacia las personas en general, y otros dirigidos al personal de salud.

Sin embargo, todavía es prematuro hablar de cifras, pues el tiempo en que el país ha estado en cuarentena no es suficiente para exponer cómo esta, a ciencia cierta, ha afectado a la salud mental de los colombianos.

“Investigaciones realizadas por expertos de la Universidad del Rosario han identificado tres grandes olas: una inmediata relacionada con manifestaciones como el medio, la angustia, la tristeza y la desesperanza; una segunda que tiene que ver con enfermedades estructurales y establecidas, dentro de las que se encuentran desórdenes de ansiedad; y una tercera que tiene que ver con las personas que ya tenían algún tipo de diagnóstico, como la depresión”, indicó a EL TIEMPO Rodrigo Córdoba, profesor de la Universidad del Rosario, director general del centro de investigaciones del sistema nervioso (grupo CISNE), y expresidente de la Asociación Colombiana de Psiquiatría.

De acuerdo con Córdoba, lo que están viviendo las personas en este momento es lo que se conoce como microduelos, que “es cuando la vida cambia y perdemos muchas de esas cosas de nuestra cotidianidad, como el trabajo, el contacto con otros seres humanos o el dinero. Y aun así debemos seguir adelante”.

En ese escenario es que las personas empiezan a tomar decisiones como salir o no a la calle en medio del aislamiento; si utilizar o no los elementos de bioseguridad necesarios para protegerse de un posible contagio; visitar o no a sus seres queridos para prevenir la propagación del virus y, también, a denotar qué tan preparados están para adaptar a sus rutinas diarias el autocuidado, el distanciamiento social y otras recomendaciones vitales para el manejo de la pandemia.

“Es ahí donde están las falencias, pues las personas ven esta situación como algo ajeno a ellos y no están empoderadas de su protección. La responsabilidad es de todos, no solo de unos sectores, y el autocuidado, el saber detectar señales de alarma y el cambiar patrones de conducta como las salidas solo en casos necesarios, son procesos que no deben depender de los Gobiernos, sino de un trabajo en conjunto”, finaliza Córdoba.

UCI
Foto:

AFP

Habituación y desesperanza

Por su parte María Elena González, Psicóloga Clínica de la Universidad de Los Andes, explica que “todas nuestras respuestas emocionales funcionan por una curva que eventualmente decrece y la pandemia nos activa esas emociones como la ansiedad y el miedo”.

González se refiere a que, “cuando la curva empieza a subir y llega a un punto máximo, empezamos a estar hipervigilantes y leemos muchas noticias; tratamos de interpretar lo que sucede; buscamos mucha información, porque es la manera que tenemos de afrontar la situación. Pero eventualmente es muy costoso para el cuerpo mantenernos en ese pico, porque implica respuestas físicas y emocionales más altas. Ese fenómeno se denomina habituación, que es cuando llega el momento en el que dejamos de buscar la información porque nuestro cuerpo empieza a presentar las consecuencias de ello, así que la hacemos a un lado. Apagamos el televisor, los celulares y todo lo que nos indique en qué va el coronavirus ese día, es como si lidiar con la muerte se nos volviera paisaje, pero no es así”.

En otro frente se encuentra lo que González reconoce como desesperanza aprendida. “Es cuando se presenta una situación que es sistemáticamente incómoda y decidimos buscar información como estrategia de control”.

Detrás de esa curva del covid viene una más grande y sostenida que es la de los problemas de salud  mental

Según la psicóloga, entre más información se tiene, más confiado puede sentirse el individuo de que está seguro. “Pero con el paso del tiempo y la extensión de la cuarentena, las personas pueden darse cuenta de que igual tienen el riesgo de contagiarse y de que tener información no es igual a no tener el virus. En ese escenario, muchos dejan de comportarse como si ya no les importara lo que está pasando, pues es algo que los supera”.

Así, de acuerdo con González, “hay una curva del covid, pero detrás de esa curva viene una más grande y sostenida que es la de los problemas de salud mental que aparecerán como consecuencia de enfrentar la pandemia, y esa curva tampoco discrimina estratos o edades”.

Con González concuerda la psicóloga clínica Angélica Benavides, quien explica que está recibiendo más pacientes buscando ayuda por ciertas sensaciones y comportamientos que están experimentando durante el aislamiento. Muchos pertenecen al sector salud, pues ellos llevan una importante responsabilidad y carga en medio de la pandemia.

“Estoy recibiendo personas que buscan ayuda porque sienten mucho miedo de trabajar en UCIs. Ellos lidian con las dificultades de sus pacientes, pero también con su miedo al contagio. En algunos casos sus condiciones laborales precarias también los preocupan, y a eso debe sumarse la angustia por sus familiares, a quienes deben proteger”, menciona Benavides.

El personal de salud, en primera línea de fuego

El caso de Benavides lo ejemplifica Carol Dayann Ramírez, terapeuta respiratoria del hospital El Tunal. Para ella, la carga laboral se ha incrementado notoriamente, pues los servicios de urgencias se encuentran llenos.

“Nuestras condiciones son complejas. La gente no sabe cuántas medidas de bioseguridad debemos tomar para protegernos, a nuestros pacientes y a nuestras familias. Yo trabajo con dos trajes y una bata encima, y de rosácea, una enfermedad crónica que afecta la piel y que se ha incrementado con el uso de estos elementos. La carga de estrés es alta”, dice la terapeuta.

Además, Ramírez es de las personas que está en la primera línea de fuego, pues es quien debe recibir a los pacientes que llegan a urgencias, hacerles la prueba de covid-19 y acompañar todo su proceso respiratorio, incluso durante sus últimos momentos de vida.

“Veo a mis compañeros contagiarse, algunos incluso han entrado a las UCIs, veo a la gente morir en mi trabajo, y aun así muchos siguen sin creer que esto es real. El miedo me acompaña todo el tiempo”, añade.
La rutina de Carol parece sencilla, ir a trabajar y volver a su casa. Pero luego de turnos largos en el hospital, más demora en el proceso de desinfección antes de entrar a su hogar, que en poder compartir con su esposo.
“Me quito los zapatos, me baño en alcohol y luego tomo una ducha. Luego de poner a lavar los uniformes dedicarme a desinfectar todo lo que traigo: celulares, billeteras, papeles y el bolso”, finaliza.

Cremación por coronavirus
Foto:

EL TIEMPO

Un duelo en casa

Otro factor que influye en la salud mental de los colombianos es las condiciones bajo las que están teniendo que despedir a sus seres queridos.

Jeison Andrés Cárdenas Gómez, especialista en psicología y duelo, y líder de la Unidad de Duelo del Grupo Recordar, explica que el duelo es un proceso natural en el ser humano y que cada cultura tiene unos rituales para vivirlo.

“Los colombianos somos muy dados a que el duelo y el proceso de despedir a nuestros familiares lo realizamos por medio de las velaciones y los funerales a los que asistimos varias personas para despedir a nuestros seres queridos. Estamos acostumbrados a ver a aquellos que amamos por una última vez antes de enterrarlos o cremarlos, y ese proceso se ha visto interrumpido por la pandemia, por lo que muchas familias no están viviendo el duelo como quisieran hacerlo”, dice.

Según Cárdenas, incluso las mismas funerarias han tenido que reinventarse y, con el apoyo de expertos en psicología, ayudar a las familias a realizar el duelo de otras formas.

“Estamos haciendo algo que denominados ‘despedidas emocionales’, en las que invitamos a la familia a decir adiós a sus seres queridos por medio de una carta de despedida y una foto, que posteriormente se les pide que rompan o quemen para así remplazar de alguna manera la aceptación de cuando vemos el cuerpo de una persona, que en estos casos de covid no sucede”, explica Cárdenas.

Sin embargo, el especialista en psicología del duelo indica que, durante el proceso de acompañamiento que se hace a las familias, se está denotando la afectación emocional que están cargando las familias, que no solo deben lidiar con la muerte de sus seres queridos, sino también con el miedo a contraer el virus, el aislamiento y la ruptura en el proceso de duelo que deben buscar cómo manejar.

“Son procesos en los que la gente tiene que reinventarse también. Un duelo, por decir exitoso, es aquel en el que la persona entiende que uno nunca olvida la muerte del ser querido, en cambio recuerda y genera nuevas alternativas para manejar el dolor. Pero en este contexto el proceso se hace mucho más difícil porque los cuerpos de sus familiares pasan derecho del hospital a la funeraria y de ahí al crematorio”, termina.

María del Mar Quintana Cataño
@Miradelmar

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