Covid-19 en Bogotá: 'el virus se llevó a mi tía, mi segunda mamá'

Covid-19 en Bogotá: 'el virus se llevó a mi tía, mi segunda mamá'

Su familia la recuerda como una mujer feliz y luchadora. Ruegan a la sociedad cuidar sus vidas.

‘La covid-19 se llevó a mi tía, mi segunda mamá’

Nancy Castañeda Alvarado, una mujer de 62 años aguerrida y fuerte que se convirtió en una víctima más de la covid-19 en Bogotá.

Foto:

Archivo particular

Por: Carol Malaver
28 de abril 2020 , 08:27 a.m.

“Quiero referirme a ella como mi segunda mamá”, esa fue la expresión que usó Adriana Avilés Alvarado, oriunda de Ibagué, para referirse a su tía, Nancy Castañeda Alvarado, una mujer de 62 años aguerrida y fuerte que se convirtió en una víctima más de la covid-19 en Bogotá.

Su sobrina dice que tuvo la fortuna de tener a una mamá biológica y a otra de crianza. “Recuerdo su fortaleza, cómo defendía sus ideas, cómo quería incidir en el entorno, cómo estaba segura de sus convicciones, pero también cómo fue víctima de discriminación física y psicológica, y que aún así salió adelante”.

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A pesar de haber tenido seis hijos, no pudo consolidar una vida con una pareja pero siempre pensó en salir adelante por sus propios medios y seguir viviendo con felicidad sin importar las épocas difíciles que le tocó vivir.

Era artesana, tenía muchas destrezas con las manos, y cada vez que la familia tenía alguna dificultad económica era la primera en decir que había que reinventarse para superar las adversidades.

Luego aprendió el arte de la cocina, y eso le permitió sortear la vida con mayores posibilidades. “Ella decidió irse a vivir a Bogotá hace mucho años, unos veinte, para buscar mejores posibilidades. Allá su familia la ayudó y, a pesar de que sus hijos ya tenían sus hogares, ella quiso salir delante de forma independiente sin dejar de ser una columna vertebral. Su entereza era admirable”, contó Adriana.

Trabajó en varios restaurantes y en la última etapa de su vida había decidido irse a vivir con uno de sus hijos. Tenía algunos problemas de hipertensión, pero iba a sus controles y tenía una vida normal. Vivía en la localidad de Bosa.

Pero en febrero del año 2020 comenzó a tener unos problemas de neumonía. Fue a hacerse chequeos médicos, pero la lentitud de los trámites médicos no le ayudó. “Tuvo muchos síntomas gripales, luego escalofrío y fiebre hasta que su situación de salud ya tenía alarmados a sus familiares cercanos”.

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El 30 de marzo se comunicaron con las línea 123. Ya las noticias de la covid-19 habían invadido los medios nacionales. “Es medio de la gripa y la neumonía, la familia no obtuvo ningún tipo de respuesta. Nunca nos devolvieron la llamada, nunca hubo una asistencia”, contó su sobrina.

El sábado 4 de abril de este año su salud empeoró. Una crisis respiratoria la afectó y evolucionó tan rápido que tuvieron que llevarla al hospital de Bosa, en donde la internaron de forma inmediata. Ese fue el mismo día en el que prácticamente perdieron contacto con ella. “Para el 5 de abril ella presenta un paro cardiorrespiratorio y por eso la tienen que trasladar al hospital de Kennedy”, contó Adriana.

Cinco días después, la familia recibió los resultados de las pruebas para la covid-19. El diagnóstico fue positivo. A partir de ese momento todo empeoró. Nancy duró hospitalizada 22 días, con un respirador artificial, con coma inducido. Los médicos le decían a la familia que ella estaba librando la batalla pero que la neumonía era un enemigo muy fuerte. “Muchas veces tuvieron que resucitarla, le dio un paro cardiorrespiratorio, durante un lapso de 10 minutos no le entró oxígeno al su cerebro. No poder estar allá, acompañarla, fue lo más duro para nuestra familia”. Dolió no poder susurrarle una palabra al oído, cogerle la mano, decirle que la amaban.

Mientras todo eso pasaba, a su familia le realizaron pruebas que afortunadamente han salido negativas. También le hacen un seguimiento al edifico donde vivía y los posibles contactos que pudo tener. “La sociedad tiene que entender que este no es un tema para avergonzarse, nadie pide estar contagiado, todos estamos expuestos, y uno tiene la responsabilidad de avisarle a los demás sin ser juzgado”.

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Muchas veces tuvieron que resucitarla, le dio un paro cardiorrespiratorio. No poder estar allá, acompañarla, fue lo más duro para nuestra familia

El origen del contagio es un misterio. Su familia está segura de que ocurrió en la calle o en el restaurante en donde trabajaba. “Creemos que todo pasó en sus desplazamientos habituales. Mire cómo es la vida, uno siente que las cosas le pasan es al vecino y esta vez nos pasó a nosotros”, dijo Adriana.

La noticia de su muerte el 26 de abril a las 4 de la tarde conmocionó a toda su familia. Todavía no entienden cuándo la tía amada dejó de sonreír con esos ojos pícaros para hacer parte de unas frías estadísticas.

Por eso quisieron contar su historia, la de una vida normal, la de una mujer que le puso el pecho a la vida a pesar de sus problemas. “Fue muy duro cuando nos preguntaron si la desconectaban. Nosotros preferimos que Dios hiciera su voluntad”. Y así fue, ella salió como un alma libre despojada de máquinas y respiradores y descansó.

Creemos que todo pasó en sus desplazamientos habituales. Mire cómo es la vida, uno siente que las cosas le pasan es al vecino y esta vez nos pasó a nosotros

La familia de Nancy no quiere que más gente pase por este dolor. “El virus ya no es exclusivo de extranjeros, el virus está en la calle, en el bus, en el trabajo. Y la responsabilidad de cuidarse es personal. Lo único que nos puede cambiar es quedarse en la casa”, dijo Adriana quien tiene en su mente las palabras de su tía la última vez que la escuchó: “La quiero mucho”.

Después de vivir esta situación Adriana es de las que cree que sí hay un antes y un después de la covid-19. “Hay que valorar la vida, la familia, el medio ambiente, ser mejores personas. A veces para qué tantos lujos si la vida se puede ir en un soplo”.

CAROL MALAVER
SUBEDITORA BOGOTÁ
Si usted quiere que escribamos la historia de su ser querido, víctima de esta enfermedad, escribanos a carmal@eltiempo.com

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