La conmovedora historia detrás del vuelo que repatrió 366 colombianos

La conmovedora historia detrás del vuelo que repatrió 366 colombianos

Así fue el viaje que atravesó el planeta hasta Bogotá en medio de la pandemia del coronavirus.

Viaje de repatriación.

Nicolás terminaba sus prácticas en julio, pero la pandemia, como a todos, le cambió los planes, aunque no para mal. Desde su apartamento en Yakarta ayudó a coordinar todos los detalles del vuelo.

Foto:

Cortesía Nicolás Espitia Rueda.

Por: Ana María Montoya Z. 
18 de mayo 2020 , 09:01 p.m.

“Damas y caballeros, acabamos de aterrizar en el aeropuerto internacional El Dorado, bienvenidos a casa… Parceros, llegamos a casa”, este fue el mensaje que los 366 colombianos que llegaron al país en un vuelo de repatriación que inició en Bangkok, Tailandia, escucharon este domingo por los altavoces de un avión Boeing 777 luego de más de 70 horas de viaje.

La travesía comenzó hace semanas, cuando el embajador de Colombia en Indonesia, Juan Camilo Valencia, inició  los trámites para lograr que más de 300 colombianos viajaran en una misión de regreso a casa, uno de ellos es Nicolás Espitia Rueda, un joven de 26 años que estudia Administración de Empresas en la Universidad de Los Andes y que hace cuatro meses estaba viviendo en Yakarta, Indonesia.

“Viajé a hacer mis prácticas, trabajaba en la oficina comercial de Procolombia, me encargaba de buscar importadores en ese mercado y exponer productos colombianos para conseguir inversionistas”, cuenta Espitia, quien se convirtió en el canal de comunicaciones de este vuelo de repatriación.

Nicolás terminaba sus prácticas en julio, pero la pandemia, como a todos, le cambió los planes, aunque no para mal. Desde su apartamento en Yakarta ayudó a coordinar y preparar todos los detalles del vuelo y en el aire fue la mano derecha de los viajeros y de la tripulación, a quienes en todo momento les dio ánimo.

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El vuelo de repatriación duró más de 70 horas y tuvo escala en cinco países antes de llegar a Bogotá.

Foto:

Cortesía Nicolás Espitia.

Antes de abordar

El vuelo de repatriación tenía varias condiciones que no solo eran económicas. Nicolás, por ejemplo, que viajó desde Yakarta hasta Bogotá, tuvo que pagar 2.860,30 dólares, y aunque muchos se han escandalizado por el costo de este tipo de vuelos, la reflexión de Espitia es que no fue costoso, pues más allá del viaje “esto significaba volver a tu país, a estar con tu familia, y hacerlo con todas las condiciones de seguridad”, puntualiza.

Pero luego del pago, que se podía hacer hasta con diez tarjetas diferentes, venían los requisitos. Las personas que viajaban desde Indonesia en este vuelo tuvieron que hacerse una prueba de covid-19, pues solo podían viajar si no tenían el virus. El test tenían que hacerlo con máximo siete días de anterioridad, además, todos debían viajar con máscara de protección y un frasco de gel antibacterial, su equipaje de bodega no podía pesar más de 23 kilos y el de mano no más de 10 kilos.

Para volver a Colombia, tuvieron que llenar formatos y permisos, uno de ellos era un compromiso de que al llegar al país iban a mantener cuarentena estricta por catorce días.

“Cuando me hice la prueba fueron los quince minutos más atemorizantes de mi vida, si tenía el virus no iba a poder regresar y aparte estaría enfermo al otro lado del mundo”, narra Nicolás, quien apenas recibió los resultados del test, por el que pagó $ 128.000, emprendió toda la tarea para alistar el viaje.

Hay que decir que esta no fue la única preparación. El embajador Juan Camilo Valencia no solo alistó el vuelo; antes de tener la misión garantizada, creó charlas y espacios de coaching virtual para que los colombianos que estaban atrapados al otro lado del mundo pudieran sobrellevar mejor la situación.

“Tuvimos tres charlas, eran los domingos, ahí nos fuimos conociendo, todos tenemos historias diferentes, y esa fue la fase de integración, nos ayudó a saber que todo iba a salir bien”, narra Espitia.

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En el Boeing 777 regresaron 366 colombianos. Los adultos mayores y las personas con condiciones particulares de salud viajaron el primera clase.

Foto:

Cortesía Nicolás Espitia.

Empieza la misión de regreso a casa

El 16 de mayo al mediodía (hora Yakarta), Nicolás llegó al aeropuerto en compañía del auxiliar consular, faltaban todavía ocho horas para el vuelo, pero el auxiliar era el encargado de coordinar todos los detalles y Nicolás aprovechó para “ahorrarme lo del taxi y ayudarle con los papeles”, cuenta entre risas.

En el aeropuerto de Yakarta, que por la pandemia está funcionando a media marcha, no estaba prendido el aire acondicionado y solo había un restaurante abierto, narra que “creía que me iba a desmayar del calor, pero poco a poco fueron llegando otros colombianos que venían de Bali”.

Fue en ese momento cuando inició la verdadera travesía de Nicolás. “Comencé a repartirles los formatos, a explicarles cómo llenarlos, nos conocíamos por video llamada y ahora todos íbamos a emprender un vuelo de regreso a Colombia”, relata.

70 horas de vuelo y 366 historias

La misión de repatriación comenzó en Bangkok (Tailandia), desde allí un avión voló hasta Yakarta (Indonesia), en donde los pasajeros cambiaron de avión y siguieron rumbo a Melbourne (Australia); allí había colombianos que habían viajado días enteros para llegar a esta ciudad, luego los colombianos volvieron a Yakarta, en donde los esperaba un Boeing 777 para traerlos a Bogotá, no sin antes pasar por Nueva Delhi (India) y luego por Ámsterdam (Países Bajos).

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Los 366 colombianos llegaron en un Boeing 777 de la empresa ‘Garuda Airlines’ de Indonesia.

Foto:

Cortesía Nicolás Espitia.

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“Estaba viviendo en otro país, compartiendo con otra cultura, pero siempre trabajando por mi país”

Foto:

Cortesía Nicolás Espitia.

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Uno de los colombianos que abordó el vuelo en India fue el maestro de yoga durante el viaje.

Foto:

Cortesía Nicolás Espitia.

Nicolás abordó el Boeing 777 junto a 35 colombianos que se encontraban en Yakarta. “En ese momento les deseaba a todos un feliz vuelo, les preguntaban cómo estaban, pasé la mayoría del tiempo hablando con las personas”, cuenta Nicolás, y justo en ese momento conoció dos historias que dice tenía que aprender.

La primera fue la de un colombiano que viajó 45 horas desde un áshram (monasterio) hasta Nueva Delhi para abordar el vuelo de repatriación. Había llegado a la India a aprender nuevas técnicas de yoga y durante el vuelo, a miles de pies de altura, se convirtió en el maestro de este ejercicio de la tripulación, “me contó sobre la importancia de desapegarse de las cosas materiales, me dijo que él había alistado tres veces la maleta para volver a Colombia, pero que todo sucede cuando tiene que suceder, ese mensaje me quedó sonando y me bajé del avión con esa enseñanza”, relata Nicolás.

Otro fue el caso de una pareja de adultos mayores que viajaron por tierra 18 horas para llegar a Melbourne. En el aire Nicolás se convirtió en su mano derecha y a través de su celular los mantuvo conectados con sus hijos y su yerno, que desde Colombia y Australia, monitorearon todo el recorrido.

Y esto no fue lo único. “En el vuelo de repatriación escuché por primera vez en mi vida a un capitán preguntando si entre los pasajeros había un médico, a una de las personas que viajaba conmigo se le bajó la tensión y se desmayó, eso fue muy angustiante, desde ese momento y hasta el final del viaje la acompañé”, narra Espitia.

Y es que en medio de la alegría de volver a estar en su tierra, Nicolás recuerda que desde niño su meta siempre ha sido llevar en alto el nombre de Colombia, ahora en su casa, cuenta que “estaba viviendo en otro país, compartiendo con otra cultura, pero siempre trabajando por mi país”.

Cabe destacar que este vuelo de repatriación tenía varias particularidades, por ejemplo, la primera clase estaba separada para los adultos mayores y las personas que por su condición de salud necesitaban viajar más cómodos.

El amuleto de la suerte

“Siempre que viajó cargó manillas con la bandera de Colombia, es como mi amuleto, un lazo de amistad que puedo dar a quienes conozco”, cuenta Espitia, quien le regaló estas manillas a las dos tripulaciones que acompañaron el vuelo.

La primera que se despidió de los colombianos en Ámsterdam la recibió como agradecimiento, y la segunda, que acompañó el vuelo hasta Bogotá la lució con orgullo.

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"Fue como si les estuviera dando un pedazo de mi país", dice Nicolás.

Foto:

Cortesía Nicolás Espitia.

“Puede parecer insignificante, pero le estaba dando un pedazo de mi país a cada uno”, afirma.

Y es que todo en este vuelo fue una sincronización perfecta. El avión que aterrizó en Colombia es de la empresa ‘Garuda Airlines’ de Indonesia, y tal como reflexionó una de las compañeras de vuelo de Nicolás: “Garuda era el ave que cabalgaba Visnú y la favorita de Krishna, es algo así como un ave fénix para el hinduismo, no era casualidad que en ella llegaríamos a casa”.

De vuelta en Colombia

El vuelo de repatriación que estuvo en cinco países y atravesó el planeta enteró finalmente aterrizó este domingo en Bogotá. Al llegar a El Dorado el altavoz del avión se encendió, y al ritmo de “Colombia Tierra Querida”, entre lágrimas y aplausos, la tripulación le dijo a los pasajeros “bienvenidos a casa”.

Luego vino el proceso en migración, que tardó más de tres horas, y finalmente el recorrido a los lugares en donde deben pasar la cuarentena. 

Una bienvenida sin abrazos

“Llegué y vi a mis papás luego de cuatro meses, desde lejos solo les pude decir hola, ahora estoy aislado en una parte de mi casa, ellos tienen que permanecer en cuarentena conmigo durante catorce días”, cuenta Espitia.

Los cuidados son estrictos. Nicolás tiene una vajilla para él solo, su ropa se debe lavar por aparte y todo lo que toca o usa debe ser desinfectado; además, no puede tener contacto con nadie.

“Es extraño no poder abrazarse, pero ya estoy en mi casa y no hay nada que se sienta como eso, nada de esto se hubiera logrado sin el trabajo de ese grupo de colombianos que también se encuentran lejos de casa cumpliento una misión consular”, puntualiza el estudiante colombiano que hace cuatro meses estaba haciendo sus prácticas universitarias en Yakarta, Indonesia. 

Ana María Montoya Z. 
Redacción Bogotá 
anamon@eltiempo.com

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