Así cayó en 48 horas el asesino del funcionario del Banrepública

Así cayó en 48 horas el asesino del funcionario del Banrepública

Álvaro Torres llegó a una calle sin salida siguiendo a otro carro que huía de un trancón.

Funcionario Banrepública

Así capturaron al homicida de Álvaro Torres.

Foto:

EL TIEMPO

Por: Óscar Murillo Mojica
30 de noviembre 2018 , 10:11 a.m.

La boca del revólver, hambrienta, golpeaba con furia la ventana del carro. Cada golpe era más fuerte que el anterior. El joven, un experto en lo que estaba haciendo, le gritaba insultos y amenazas; quería que bajara el vidrio y le diera el celular, el dinero, lo que llevara. Junto a él, rodeando el vehículo, un enjambre de cómplices ondeaba palos y piedras mientas remedaban a su líder las intimidaciones.

Álvaro Torres jamás bajó la ventana de su Mazda, las manos siempre estuvieron amarradas al volante y su mirada al frente. La actuación del grupo de delincuentes tenía libreto, repetían con dramática regularidad estos asaltos en el barrio La Paz, en el oriente de Bogotá. Aguardaban a que algún conductor desprevenido resultara perdido en sus calles para abordarlo y amedrentarlo hasta que resolviera entregar sus pertenencias.

Pero hasta el más avezado ladrón comete errores, y el de Emilito ese día fue trágico. A las 5:30 de la tarde del 9 de agosto del 2018, en un callejón sin salida, uno de los golpes intimidatorios de su arma vomitó una bala certera: atravesó el cristal del carro y encontró el costado izquierdo del cuello del funcionario del Banco de la República.

El impacto dispersó a la turba de delincuentes y al propio homicida, quien huyó de inmediato. La víctima, un hombre de 52 años, bondadoso y alegre, puso con desespero su mano en la herida. Bajó del carro y corrió pidiendo una ayuda que no encontró. Las fuerzas lo acompañaron un par de cuadras, hasta que se desplomó. Una patrulla de la Policía llegó al sitio y lo trasladó a un hospital, pero era tarde.

A las 6:30 p.m., el capitán y líder del equipo especial de homicidios de la Sijín de la Policía de Bogotá, en compañía de algunos de sus hombres, llegó al lugar. En la escena (carrera 1ª con calle 23B) había dos carros, un Renault Scenic y detrás un Mazda 6, que era el automóvil del economista.

En el Renault había un hombre y una mujer, quienes bajaron del vehículo solo cuando vieron a los detectives. El capitán tenía la orden de capturar lo antes posible al responsable de un crimen que todavía le duele a la ciudad.

Callejón

Fue en esta calle sin salida en la que Álvaro Torres fue abordado por los delincuentes.

Foto:

Edwin Romero / EL TIEMPO

En ese momento lo más prudente fue dejar así, no tocar a nadie, no hablar con nadie

Lo primero que hicieron fue inspeccionar el carro: buscaron huellas, golpes, alguna pista, pero no encontraron nada. No había indicios de forcejeo o pelea, solo el impacto de bala. Quisieron escuchar el testimonio de algún vecino, pero parecía un barrio desierto. Los investigadores sabrían después que era una zona presa del miedo.

“En el barrio sabían quién era, pero no había testigos, solo el señor del otro carro que iba con su madre. Allá la gente no habla por miedo, lo que uno establece es que todos saben quiénes son los ladrones: que ese es el hijo de tales, que la abuela es equis, pero ninguno habla por temor. En ese momento lo más prudente fue dejar así, no tocar a nadie, no hablar con nadie porque es ahí donde pasan los problemas, ven a un vecino hablando con desconocidos y se meten en líos”, explicó el capitán.

Los detectives abandonaron el lugar, no sin antes identificar dónde había cámaras de seguridad que pudieran dar indicios y asignar a algunos hombres para que se infiltraran en el sector y trataran de obtener voces de las residentes. También condujeron hasta la sede de la Policía de Bogotá al conductor del Scenic, para escuchar su testimonio.

Un testigo determinante

Este hombre relató que iba por la avenida Circunvalar hacia el norte y que, por los trancones que generaban las protestas de estudiantes de la universidad Distrital esa tarde, decidió usar la aplicación móvil Waze, que lo desvió a la altura de la calle 23 hasta un callejón sin salida. Cuando empezó el ascenso por las empinadas lomas del barrio, se percató de un grupo de jóvenes que estaba en un parque, pero no les prestó mucha atención.

También notó que detrás de él venían dos carros, el de Álvaro Torres y otro que los detectives no pudieron ubicar. Los investigadores supieron que el funcionario del Banco de la República no llegó al barrio La Paz por las indicaciones de una aplicación de su celular, sino que siguió al carro que iba delante de él.

Al llegar al callejón, contó el testigo, de todas partes empezaron a salir las personas que vio en el parque. Cuando quisieron atacarlo, aceleró, tanto que se estrelló contra una pared. Los delincuentes decidieron ir por los otros carros, pero el último y no identificado escapó, Torres quedó vulnerable.

En su versión, el testigo no identificó plenamente al agresor. Solo pudo describir a alguien de baja estatura, de unos 25 años y de tez trigueña. ¿Cómo pudo entonces el equipo especial de homicidios encontrar al asesino?, las labores del infiltrado y la identificación de una familia que vendía churros en el sector, fueron determinantes. 

Las primeras pistas

Este era un caso prioritario que había generado un profundo rechazo de la ciudadanía, que exigía justicia. El capitán decidió activar a sus 10 hombres. Unos, infiltrados, haciéndose pasar por vendedores puerta a puerta, merodeaban las casas y tiendas del barrio, otros se dedicaron a analizar cámaras de seguridad y otros buscaron a la Policía del cuadrante para entrevistarlos.

Los hombres del CAI Monserrate, quienes llevaron a Torres al hospital, mencionaron un apellido: Medina, la familia de los Churreros, llamados así porque se dedicaban a la venta churros en la zona.

Esto coincidió con los comentarios de los residentes que, de manera anónima, dijeron a los detectives que algunos miembros de los Medina, en especial uno conocido como Emilito, tenían azotado el barrio, “contaban que nadie que no fuera del barrio podía entrar allí porque lo robaban”, detalló el capitán.

Los investigadores revisaron minuciosamente las listas y actas de detenciones del CAI Monserrate, y un nombre, John Ánderson Medina Camacho, de 23 años, se perfiló como el más compatible a las descripciones del testigo.

“Con esto ya se procede a identificarlo plenamente: nombre, cédula y verificar sus antecedentes; sospechamos que era él porque había participado en nueve hurtos y que estaba indiciado por otro homicidio, pero que el proceso estaba en indagación”, relató el líder del equipo investigativo. Aunque estaban seguros de que lo habían encontrado, necesitaban tener la certeza para poder solicitar la orden de captura.

Emilito

Él es Jhon Ánderson Medina Camacho, de 23 años, detenido por el homicidio de Álvaro Torres.

Foto:

César Melgarejo / EL TIEMPO

Con este panorama, pidieron a la unidad de criminalística que hiciera un álbum con fotografías de 12 personas con características físicas similares a las del sospechoso. Uno de esos 12 rostros era el de Jhon Ánderson Medina, y el único testigo, aquel hombre que iba en el Renault Scenic, debía identificarlo y señalarlo para confirmar que este era el culpable.

Así fue, contactaron a este hombre, lo llevaron de nuevo a la sede de la Policía y allí, sin dudarlo, puso su índice derecho sobre la foto de Emilito, diciendo que esa persona había estado el día del asesinato. Hasta ese momento habían pasado 24 horas desde la muerte del economista. Se solicitó la orden de captura.

El sábado, todas las unidades de la Policía de Bogotá estaban tras la pista de este joven, quien se había ido del barrio. “Esa persona sabía que todo el mundo lo estaba buscando. ¿Qué sucede? como era un caso tan mediático, él mismo lo tenía claro, ‘me calenté’, es lo que suelen decir en estos momentos los delincuentes. Pero sabíamos que no tenía recursos para irse de la ciudad, era un ladrón de barrio, claramente estaba en Bogotá”.

A las 5:30 de la tarde del sábado 11 de agosto, exactamente 48 horas después de dispararle a Álvaro Torres, uniformados del CAI Gorgonzola de la localidad de Puente Aranda, en la calle 12 con carrera 31, requirieron a un hombre, que de inmediato se dio a la fuga.

Los policías lo alcanzaron y lo capturaron y lo llevaron a la sede de la Sijín, donde los hombres del equipo especial de homicidios lo identificaron y capturaron. A John Ánderson Medina Camacho, de 23 años, le fueron imputados cargos por homicidio agravado en concurso heterogéneo por porte, tráfico y fabricación de armas de fuego y hurto calificado. Fue cobijado con medida de aseguramiento en centro carcelario y podría ser condenado a más de 30 años de cárcel.

ÓSCAR MURILLO MOJICA
EL TIEMPO
Twitter: @oscarmurillom

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