La vida en El Redentor: 'Todo empezó por un cigarrillo que probé'

La vida en El Redentor: 'Todo empezó por un cigarrillo que probé'

Dos exinternos del centro de rehabilitación El Redentor contaron su experiencia en Mejor Hablemos.

Dos jóvenes contaron en Mejor Hablemos los horrores vividos dentro del Centro El Redentor | Mejor Hablemos
Mejor Hablemos

Los jóvenes que pasaron por El Redentor contaron sus experiencias en Mejor Hablemos, el espacio de Claudia Palacios en Citytv y EL TIEMPO TELEVISIÓN

Por: MEJOR HABLEMOS
02 de noviembre 2018 , 04:54 p.m.

Joseph Luna y Junior Moncayo son dos jóvenes bogotanos que aún no han cumplido 20 años y ya tienen una meta definida. Uno hace prácticas laborales en una compañía, como aprendiz del Sena y espera muy pronto dirigir su propia empresa. El otro disfruta las pocas horas que le quedan como civil: se enlistó en la Infantería de Aviación y aspira a seguir en las filas como soldado profesional.

Sin embargo, hasta hace menos de año, los sueños de ambos parecían inalcanzables.

Después de haber pasado por varios centros de rehabilitación para menores infractores, Joseph y Junior cumplieron las sanciones impuestas por un juez por haber incurrido en delitos.

La droga los había atrapado y durante un tiempo debieron soportar las difíciles condiciones de violencia, hacinamiento y marginalidad que viven cerca de 2.000 menores en centro de rehabilitación y resocialización de El Redentor de la capital del país.

Los dos jóvenes decidieron aprovechar la oportunidad que les dio Tierra de Hombres, una organización suiza que atiende en estos momentos a 342 niños, niñas, adolescentes y jóvenes en situación de violencia en el país. Con el apoyo de la ONG, Junior logró terminar su bachillerato y siguió un curso de reparación y mantenimiento de motores diésel. Joseph, en cambio, siguió el camino de la administración.

Ambos aceptaron la invitación para contar sus experiencias en Mejor Hablemos de Citytv con el propósito de encausar a otros jóvenes, que como ellos, se han dejado arrastrar por la drogadicción y la delincuencia, muchas veces influenciados por el ambiente hostil que deben enfrentar a diario en los territorios donde viven o debido a los conflictos familiares que soportan.

El infierno de El redentor

“Mi historia comienza en el colegio. Me dejé llevar mucho de las amistades. Todo empezó por un cigarrillo que probé. De ahí pasé a estar metido en negocios que no me correspondían. La policía me agarró dos veces y terminé en El Redentor”, dijo Joseph a la periodista Claudia Palacios, directora y conductora de Mejor Hablemos.

El caso de Junior es bastante similar. Una lesión en uno de sus brazos truncó su pasión por el BMX, una modalidad deportiva en pedales considerada extrema y que se practica con bicicletas tipo todo terreno, lo condujo al mundo de la droga y el delito.

“Un desgarre en el tendón me obligó a dejar de montar y competir. Eso me llevó a una depresión y a la droga. Empecé a conocer personas y de ahí a la delincuencia", recuerda Junior a quien las recientes imágenes de jóvenes maltratados y los frecuentes amotinamientos en El Redentor —el último ocurrió hace menos de 72 horas— no le son ajenos.

Según Junior, los que mandan en ese centro de rehabilitación son los internos que no han cumplido los 18 años. “Un menor apuñala a un mayor y no pasa nada. Pero si es al contrario, el agresor va para La Modelo", señala el joven.

La situación de Joseph no fue menos difícil. Luego de haber sido atrapado en un caso de hurto, y pesar de haber reconocido ante sus padres su error, confió en los consejos de una abogada que lo apoderó como defensora en el proceso. Ella le dijo que negara los cargos y le prometió sacarlo libre. Pero ante las contundentes pruebas en su contra el juez de menores a cargo de su caso ordenó su envío a El Redentor.

"El trato, los muros y el ambiente no eran agradables. La convivencia al principio fue muy dura, no sabía que decir, que hacer. Si me acercaba a un educador era el sapo, me iban a tener entre ojos y podrían atentar contra mí”, contó, evocando esos meses de horror.

Los errores que cuestan

Ahora, en forma serena admite errores que no solo le han servido de lección de vida.

Espera que su experiencia se convierta en ejemplo para que otros jóvenes no queden atrapados en esa espiral de violencia y vicio. “Caí en lo que caí por tratar de encajar en un grupo que pensaba, era de los buenos. La rebeldía a uno lo lleva a no escuchar y a querer ser mayor".

Pero en su contra no solo jugaron las influencias negativas de amigos y compañeros de estudio. Su entorno familiar también lo cercó. “No culpo a mis padres pero solo hasta ahora estoy superando lo de su separación. Eso fue duro para mí”.

Por eso su consejo es el de preguntarse, antes de actuar, si se quiere durar dos o tres, cinco o 10 años encerrados por orden de un juez. “Aunque uno diga que el que está encerrado es uno, eso no es así. La familia también queda encerrada con uno", agrega el joven.

La alternativa correcta, señala Joseph, es aprovechar las oportunidades que da el estudio, reconocer las dificultades y confiar en los padres "Si hay problemas cuéntenlo. Si uno se guarda las cosas, queda en un vacío y empiezan a salir las malas mañas. No crean en todo lo que otras personas les digan que está bien. El mejor amigo y la mejor amiga son papá y mamá. Los mejores consejeros, papá y mamá”.

Junior cree que el apoyo y la unión de la familia son fundamentales para arrancar a un joven de la delincuencia y la droga. Así que dirige su mensaje a los padres.

“Cuiden a sus hijos, pónganles atención. Un abrazo, un te amo en una familia hace mucha falta". Y le pide a los jóvenes que tengan en cuenta: “Si alguien los invita a consumir droga, ese no es un amigo. Amigo es quien les dice que no lo haga”.

Ambos piden a la sociedad que permitan a los jóvenes que cometieron errores retomar sus vida. Otro de sus peores enemigos, ya en libertad, es el estigma.

EL TIEMPO

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