¡Qué vivan los parques! / Voy y vuelvo

¡Qué vivan los parques! / Voy y vuelvo

La ciudad ganó con estos espacios, pues ellos dignifican la vida del barrio y de sus habitantes.

Nuevas canchas sintetica en Suba y Engativá

Las canchas de fútbol con césped sintético fue una revolución en el mejoramiento de parques y zonas verdes que estaban abandonadas.

Foto:

Crédito: IDRD

Por: Ernesto Cortés Fierro
21 de diciembre 2019 , 10:13 p.m.

Dice la revista 'Semana' que Enrique Peñalosa será recordado por haber firmado el metro y por los parques que deja para la ciudad. Ya en su primera administración se llevó loas por el TransMilenio, las bibliotecas y ciclorrutas. Y ahora lo hace por haber intervenido más de 1.600 escenarios en todos los rincones de la ciudad, literalmente hablando.

Pero en realidad Peñalosa no quería ser recordado ni por el metro ni por los parques. Su obra máxima quería que fuera el sendero de Las Mariposas que, oh sorpresa, un juez mantiene en el limbo. Y también mantienen en el limbo troncales, parques, cables y demás.

Como quien dice, la oposición al gobierno que termina no vino solo de sus detractores naturales, desde el Concejo, sino de los despachos judiciales. Jamás he podido entender cómo es que proyectos que duraron 3 años en evaluaciones técnicas de altísimo rigor terminan paralizadas por jueces que se toman, si acaso, unas semanas revisándolos. No digo que no puedan tener razón, lo que cuestiono es la calidad argumentativa en que se sustentan sus fallos.

El alcalde culmina cuatro años de gestión con un equipo que no tuvo pausa. Aun a costa de sacrificios personales, se la jugaron por esta ciudad que no termina de desarmarse en lo anímico. Las Mariposas es un corredor ambiental que pretende bordear los cerros orientales desde el extremo sur hasta el extremo norte.

Un espacio cuyo principal objetivo es permitir que los ciudadanos de todas las condiciones puedan disfrutar de sus montañas, de la vista de la ciudad, del aire limpio y fresco, y que, de paso, contribuyan con su cuidado. También se diseñó para que no suceda lo de hace cuatro años, cuando se incendiaron los cerros por varios días y tocó acudir a helicópteros porque no había cómo conectar el agua a hidrantes que ayudaran a mitigar la emergencia.

Pero como el proyecto quedó en veremos, grato es referirse a los parques. Decía que no hay rincón de esta Bogotá que no tenga uno. Y lo que sorprende es que de los más de 5.000 que se asegura existen, en realidad algo más de 2.000 son remedos de parques o terrenos que la ciudad ha venido adquiriendo para que se construyan algunos. Es decir, aún hay mucho para dónde crecer, si el nuevo director o directora a bien lo tienen.

La ciudad ganó con estos espacios, pues ellos dignifican la vida del barrio y de sus habitantes. Así lo entendieron los funcionarios del IDRD, reconocida por la gente como la mejor entidad del distrito, según la encuesta de Bogotá Cómo Vamos. El parque es el primer asomo de libertad real que tenemos cuando somos niños. Y ese espíritu se mantiene cuando somos adultos y tenemos hijos.

Juegos infantiles, gimnasios al aire libre, pistas para patinaje, para 'skate', para atletismo; canchas, mesas de ping-pong, zonas verdes, alamedas se conjugan para crear un nuevo hábitat: el de la felicidad.

En estos parques ahora las mamás forman equipos de microfútbol, jóvenes sacados del Bronx se rehabilitan, hombres dedicados a la bebida organizan torneos, los más pequeños aprenden a montar bici y miles de niñas y niños ya no están condenados a permanecer en la calle o encerrados en casa.
Lo mismo pasa con las canchas sintéticas.

Ya son 165. No requieren mantenimiento, no son potreros pelados, no consumen agua, no necesitan de cuidados especiales y, en cambio, benefician a millones de jóvenes cada año. Se hicieron tan populares y tan atractivas que hasta los opositores las usaron para hacer campaña: ‘Las canchas producen cáncer’, dijeron.

Ya sea en Caracolí, Ciudad Bolívar, o en Kennedy, o en Suba, o en el centro o en los pilones del TransMiCable, siempre nos toparemos con un parque grande o pequeño, o con una piscina o un centro cultural. Es una verdadera revolución. No lo digo yo, lo dicen los vecinos del nuevo parque Japón –al cual muchos de ellos se opusieron–, que hoy lo disfrutan y gallardamente reconocen que se equivocaron en sus apreciaciones. Pero también lo dicen quienes visitan el parque Tercer Milenio, allí donde antes había un antro de droga y prostitución; lo resaltan los jóvenes amantes del 'skate', quizás los más críticos de Peñalosa, pero que en el mismo Tercer Milenio lo buscaron para agradecerle por haberlos tenido en cuenta.

Esos mismos jóvenes se comprometieron a no ‘grafitear’ los escenarios y en algunos han establecido un pico y placa para que, por turnos, las pistas las puedan disfrutar los 'skater', los de las BMX y los de las patinetas.

Caracolí

Caracolí, Ciudad Bolívar.

Foto:

Cortesía: Caja de Vivienda Popular.

En una vieja nota de García Márquez dedicada a exaltar los atributos del acordeón vallenato, el nobel dejó plasmada esta frase: “No sé qué tiene el acordeón de comunicativo, que cada vez que lo oímos se nos arruga el sentimiento…”. Para el caso que nos ocupa, podríamos parodiar dicho texto diciendo: no sé qué tienen de encantador los parques, que cuando hallamos uno en el camino nos vivifica el espíritu.

Ojalá este impulso no se detenga, para que los parques de Bogotá sigan siendo considerados un baluarte más de la capital y, en todo caso, sinónimo de una ciudad que se resiste a negarse la felicidad.

Aprovecho este espacio para desearles a todos los lectores de esta columna una Navidad llena de alegría, paz y reconciliación. Haz esa llamada, da ese abrazo, di esa frase que otros están esperando.

¿Es mi impresión o… el nombre de Xinia Navarro sigue generando comentarios encontrados tras su designación en el gabinete de la nueva alcaldesa?

ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe EL TIEMPO
En Twitter: @ernestocortes28
erncor@eltiempo.com

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