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Una noche de turismo en el silencioso y gélido Cementerio Central
AUTOPLAY
Cementerio CentralEl recorrido nocturno en el Cementerio Central
Hermanas Bodmer

Kevin Stiven Ramírez Quintero

Una noche de turismo en el silencioso y gélido Cementerio Central

Regresan los recorridos que buscan exaltar valor patrimonial, cultural y arquitectónico del lugar.

La tarde rosa de la capital muere detrás del arco de la entrada del Cementerio Central. La fachada de color crema está adornada por tres cruces en cada una de sus puntas y quien nos recibe es la escultura blanca del dios Cronos, que apoya su brazo derecho sobre un reloj de arena mientras agarra una hoz negra con su mano izquierda.

Nos recuerda que no hay dinero ni prestigio que valgan cuando el tiempo decida cortarnos la vida de un solo tajo.

Esperamos la resurrección de los muertos”, se lee en latín a los pies del titán de la mitología griega, como una premonición que dejó el arquitecto Julián Lombana en 1904, el mismo que se encargó del diseño gótico de la iglesia de Lourdes, en Chapinero, pero quien murió sin ver su obra terminada.

El dios griego Cronos es el juez de la entrada del Cementerio Central.

Foto:

Kevin Stiven Ramírez Quintero

Sabemos que ninguno de los presentes nos vamos a salvar, pero aún así las pupilas se dilatan al abrir el portón de metal negro que separa el afán de la modernidad de la calle 26 con la silenciosa necrópolis construida en 1836, por petición del alcalde Buenaventura Ahumada, quien fue el primer cuerpo enterrado en este lugar en 1838.

El reloj sentencia las 6:20 de la tarde y nuestra única guía es un par de linternas mientras caminamos sobre la Elipse, que simboliza la ascensión de las almas al paraíso y es la principal de las tres zonas del campo santo donde se encuentran los restos de personalidades de la élite nacional como Francisco de Paula Santander, Gonzalo Jiménez de Quesada, Gustavo Rojas Pinilla, Alfonso López Pumarejo, Enrique Olaya Herrera, Virgilio Barco, Laureano Gómez y las victimas de algunos de los magnicidios más impactantes de nuestra historia como Jaime Pardo Leal, Carlos Pizarro y Luis Carlos Galán.

(Además: Indígenas emberá viven sin luz y hacinados en albergue de La Rioja).

La tumba del expresidente Gustavo Rojas Pinilla.

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Kevin Stiven Ramírez Quintero

En cada uno de sus descansos eternos, un guía del Instituto Distrital de Turismo va contando la historia del personaje, lo que convierte a esta necrópolis en un museo a cielo abierto. Este es el territorio más histórico del lugar que fue declarado Monumento Nacional de Colombia en 1984.

A este sendero, de cerca de 30 expresidentes colombianos y políticos, lo inaugura una versión de la escultura La Piedad, tallada por Miguel Ángel en 1499 y que se encuentra en el Vaticano, que la familia de José Ignacio Lago, un joven que murió ahogado en Hamburgo en 1924, mandó a hacer en Roma para honrar su memoria en la capital colombiana.

La Piedad en el tumba de José Ignacio Lago

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Kevin Stiven Ramírez Quintero

Al final de este mismo sendero se encuentra la capilla central construida en 1839. A esta la acoge la oscuridad, algunas espermas de velas en el piso y las ramas de los árboles que la abrazan en medio de la soledad del olvido.

De lado a lado solo se alcanzan a ver los filos de las sombras de las tumbas, los mausoleos y los epitafios de las familias que tuvieron mayores riquezas. La oscuridad se abriga con el lugar, de fondo musical se tiene a los grillos y solo los destellos de los flashes de las cámaras son los que alumbran el lugar.

(Le recomendamos: El polaco que vende comida típica de su país en un barrio de Kennedy).

Las únicas luces son la iluminación de la torre Atrio.

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Kevin Stiven Ramírez Quintero

Espero me visiten pronto, pero vivos

El temor no deja ver más allá de cada tumba que se tiene al frente para no llevarse sorpresas de luces, sombras o brillos entre los callejones de la alameda central, como cuentan los celadores del lugar que tienen que patrullar sus interiores en las noches.

En medio de la soledad, el silencio es rasgado por un grito que se escucha entre los pasillos: “Espero me visiten pronto, pero vivos”. Se trataba de la loca Margarita Villaquirá, o más bien de la actriz que interpreta con un vestido rojo a aquella reconocida mujer que deambulaba por la ciudad entre los años veinte y cuarenta.

A su vez, entre los sarcófagos, se van sumando las voces de algunos actores que personifican a personalidades como el escritor José Asunción Silva, que aparecía en el billete de 5.000 con su poema Nocturno, dedicado a su hermana, y que sus restos tuvieron que esperar por varios años para ser enterrados en el cementerio debido a su suicidio; y el hombre de las leyes Francisco de Paula Santander, con su historia libertadora y quien tiene una de las tumbas más grandes.

El actor que interpreta a José Asunción Silva recitando el poema 'Nocturno' dedicado a su hermana Elvira Silva.

Foto:

Kevin Stiven Ramírez Quintero

También se encuentra ‘La pobre viejecita’, personificada por otra actriz que, vestida de negro y acompañada por una sombrilla y una vela, recuerda a través de sus cuentos a Rafael Pombo. Encima de la tumba hay un fragmento de Rin rin renacuajo, una de sus obras que fueron reveladas solo a los cuatro años de su muerte y que miles de niños colombianos continúan recitando.

La actriz que interpreta a 'la pobre viejecita' recuerda a Rafael Pombo a través de una de sus obras.

Foto:

Kevin Stiven Ramírez Quintero

Los rituales del cementerio

Cerca de las paredes repletas de bóvedas se encuentran algunas de las tumbas que más atrae a turistas y ‘devotos’ por los milagros que les habrían cumplido a más de uno que se acerca a pedir favores. Una de ellas es la tumba del astrónomo Julio Garavito, quien aparecía en el billete de 20.000. Su tumba es completamente azul, tiene una columna trunca en el medio, con una serigrafía del cometa Halley y está llena de rosas y dulces. En los momentos en que se podía entrar a hacer el ritual, las personas traían el billete y lo rozaban sobre la lápida esperando a tener prosperidad y abundancia económica.

La tumba de Julio Garavito con rosas y dulces.

Foto:

Kevin Stiven Ramírez Quintero

Junto a la tumba del astrónomo se encuentra la que tiene una placa que señala a María Copete, pero donde en el pasado estuvieron los restos de María Salomé, quien popularmente fue visitada por algunos delincuentes y prostitutas antes de ser trasladada al Cementerio del Sur.

La leyenda popular señala que su alma le concedió un premio de lotería a un hombre que había perdido gran cantidad de dinero. Desde ese momento, muchas personas le rezan y le dejan bolsas de agua en el cementerio del sur, especialmente los lunes: día de ánimas benditas. 

Más adelante se encuentra la tumba del fundador de Bavaria Leo Kopp, quien tiene una estatua dorada a la que las personas le piden por el oído izquierdo favores relacionados con el hogar y luego le van a agradecer por el derecho.

Por el mismo sendero también se encuentra el lugar donde descansan las hermanas Bodmer, que según la creencia popular son las encargadas de interceder ante Dios por la salud de los niños y las mujeres en embarazo, por eso todos sus visitantes les llevan juguetes, dulces y flores como símbolo de agradecimiento a los favores que las pequeñas conceden.

El actor que interpreta a Leo Kopp nos cuenta la historia del aleman que fundó Bavaria y le puso 'Pola' a su cerveza edición 100.

Foto:

Kevin Stiven Ramírez Quintero

El Cementerio Central está cargado de misticismo e historias que se pueden encontrar en el suelo, en las paredes y en las distintas tumbas que permanecen desde hace 186 años y que han tenido que aguantar los cuerpos que dejaron sucesos como el Bogotazo (1948).

Entre rituales populares, visitas guiadas, misterio e historia, el icónico camposanto se niega a desaparecer porque la verdadera muerte es el olvido.

KEVIN STIVEN RAMÍREZ QUINTERO
Escuela de Periodismo Multimedia EL TIEMPO

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